Editoriales
Martes, 21 de febrero de 2012 07:55Claire Keegan, una escritora a la que vale la pena conocer
Con un pasado personal duro y un presente lleno de premios y críticas elogiosas, la escritora irlandesa se destaca por muchísimos atributos que se exponen en sus formidables relatos.
Si alguna vez Osvaldo Soriano escribió que nadie sale indemne después de leer a Graham Green, este concepto podría aplicarse a Claire Keegan. Sobre todo por la sorpresa que provoca en aquellos que se adentran en sus relatos por primera vez. Un ejemplo es su libro de cuentos “Antártida”, publicado por Eterna Cadencia (http://blog.eternacadencia.com.ar/) en una edición prolija que sirve para darle más placer al contexto de la lectura. Si algo tiene esta editorial es eso: la mezcla de prolijidad en la confección de los libros con la difusión de escritores poco masivos para el público argentino pero con una gran calidad literaria. Tal el caso de Keegan.
Nacida en 1968, no se encuentra entre las escritoras más conocidas en nuestro país. Es por eso que adentrarse en sus relatos hace que la sorpresa sea más grata aún para quienes la desconocen (o desconocíamos). “Antártida” es un ejemplo. Elegido Libro del Año por Los Ángeles Times, las historias que allí se cuentan no pasarán desapercibidas. Jamás.
Sobran los calificativos para cada una de ellas, como así también para su conjunto: contundente, durísima, genial, dolorosa… ¿qué más? La pregunta deberá responderla cada lector a medida que avance en su recorrido.
Vale aclarar que los quince cuentos de “Antártida” fueron publicados en 1999; este fue el primer libro de alguien que no tiene pruritos al momento de entregar relatos sin anestesia.
“Cada vez que la mujer felizmente casada salía, se preguntaba cómo sería dormir con otro hombre”, cuenta en el relato que abre la serie y da nombre al título. Pero uno de los mejores momentos se produce al leer “Amor en el pasto alto”, donde un médico termina la relación con su amante, a quien le hace –sin embargo- una propuesta tan indecente como loca que deberá cumplirse diez años más tarde. “Sopa de pasaporte” es otro relato brillante: nadie puede imaginar –hasta que se lo lee a Keegan- que una mujer sea capaz de preparar una comida a su marido con las fotos de la hija desaparecida: el objetivo es recordar la culpa al hombre.
Hace un tiempo, en una entrevista con la revista Ñ (http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Claire-Keegan-Antartida-Recorre-campos-azules-Tres-luces_0_637736388.html), al ser consultada acerca de aquel pasado en el que ni soñaba con ser escritora, contó cómo era su vida de desempleada: “(…) No estaba en mis planes, no tenía ningún tipo de ambiciones en ese sentido y probablemente eso resulte mejor para la escritura. Con esa máquina de escribir que le conté llené 300 solicitudes de empleo que fueron respondidas con 300 cartas de rechazo. Ahora creo que fue una suerte, pero fue un tiempo muy duro y la biblioteca fue lo que me mantuvo sana”.
Para (tal vez) egoísta suerte de quienes la leen, de aquello surgieron sus historias. Historias que bien vale adentrarse en ellas.

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