Editoriales
Viernes, 13 de enero de 2012 11:51"Los Living": la costumbre de Caparrós por sorprender
Acaba de publicarse otra novela del escritor argentino. Es una historia que invita a la reflexión y a la sonrisa y que llega avalada por haber obtenido el Premio Herralde de Novela.
Lo habitual de Martín Caparrós es que siempre sorprende. Su nueva novela, "Los Living" (Anagrama), no es la excepción. Esta historia llega con el impulso de haber obtenido el Premio Herralde de Novela. Pero el verdadero premio está en adentrarse en el relato de 430 páginas durante el cual el lector encontrará hechos e ideas, dos virtudes que Caparrós bien sabe explotar.
Nito es el protagonista: nace el mismo día en que muere Juan Domingo Perón, en 1974. Pero además de esa muerte, hay otras dos que marcan la vida (o las obsesiones) de Nito: las de su padre y de su abuelo. Después vendrán otras.
Lo curioso es que esta obsesión la lleva a extremos impensables, que provocarán distintos sentimientos en distintas personas. No se deshace de sus muertos queridos, sino que los embalsama y los coloca en posiciones habituales en aquellos lugares que frecuentaban en la casa. De ahí, "Los Living".
La generación de los 70 se verá reflejada, sobre todo porque el relato se ve atravesado por momentos históricos. Pero ese reflejo también alcanzará a cualquiera que haya vivido las décadas del 70, 80 y 90. Los más jóvenes, en cambio, encontrarán en Los Living la posibilidad de asomar a una Argentina que, en esos años, atravesó todos los estados de ánimo posibles.
“Mi padre era un hombre decente. O, por lo menos, eso que llamaríamos un hombre decente: alguien que, en las pequeñas circunstancias de la vida, prefiere no complicarse con las molestias de la indecencia”, escribe Caparrós al inicio. Pero antes, a manera de presentación, se lee: “Cuando nací llovía, y a nadie le importó. Aquel día, en verdad, a nadie le importaba nada, o eso decían: era un día en que convenía mostrar a quien quisiera verlo que a uno no le importaba nada más que la gran muerte del año, de la década, del siglo: esa mañana, mientras yo nacía, se murió Juan Perón (…)”.
Pero no sólo la figura paterna es la que tiene influencia. La materna, también: “Decía mamá y se lanzaba a la retahíla de reproches noveleros –por qué me tratás así, te aprovechás de mí, yo te di todo y no lo merecés, un día vas a ver, vos no me querés como yo te quiero- que, según costumbres, conducía al entrevero de jadeos”, escribe en una suerte de frases hechas que casi todos los argentinos alguna vez hemos escuchado.
No hay que minimizar, tampoco, al personaje del pastor y su incidencia en Nito y, por propósito del relato, en muchos otros más.
Lo interesante de Los Living está en dos aspectos: la genial historia que propone Caparrós, que hace que sea atractiva de principio a fin; y las frases que escribe y que invitan a pensar. Caparrós tiene eso: sus relatos parecen construidos como pequeños mecanismos de reloj. Nada sobra. Y como el tema central es la muerte, promediando la historia se puede destacar otra frase que también lleva a la reflexión: “(…) Hay muchas personas –usted es una de ellas- que creen que no hay nada más terrible que morirse. Dicen bueno, qué puede ser peor, nada más espantoso que la nada. Y muchos, de hecho –los más afortunados-, se mueren sin saber cuánto se equivocaron”.
Lo demás, todo lo demás, es cuestión de adentrarse en el relato y dejarse llevar por él. Con Caparrós, siempre se llega a buen puerto.

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