Escenario

Jueves, 23 de febrero de 2012 08:03

Diego Torres y Luis Miguel enamoraron a Viña del Mar

El argentino y el mexicano tuvieron la responsabilidad de abrir el telón de uno de los festivales más importantes del Latinoamérica con un público difícil de superar. Torres no solo fue ovacionado sino que además emocionó con un sentido homenaje a Spinetta.

El miércoles por la noche se inauguró la 53 edición de Viña del Mar en Chile, el festival de música con el público más exigente de Latinoamérica, y la responsabilidad la tuvo nada menos que el argentino Diego Torres quien relució su faceta más enérgica y contagió de esperanza a la audiencia de la Quinta Vergara. Lo siguió el mexicano Luis Miguel, quien además de hacer delirar al público femenino terminó recibiendo la Gaviota de platino, un premio inédito de reconocimiento en el festival.

Torres superó con nota la difícil papeleta de abrir el telón en la primera jornada del certamen y encandiló al siempre exigente público de la Quinta Vergara con un repertorio que mezcló sus éxitos más populares de su dilatada carrera con los temas de su más reciente álbum, "Distinto".
 

 
Pese a ser el aperitivo al concierto del divo mexicano Luis Miguel, Diego se sacó de encima la presión y cocinó un espectáculo de más de dos horas en el que tuvo tiempo de homenajear a los fallecidos Mercedes Sosa y Luis Alberto Spinetta y de rapear junto a la artista andaluza La Mala Rodríguez. La velada se inició con un repaso a algunas de sus edulcoradas baladas como "Guapa", que interpretó al piano acompañado por la voz imponente de Magaly Machor, y con la que el argentino recordó a las víctimas del terremoto y posterior tsunami que azotó Chile el 27 de febrero de 2010.
 
Uno de los momentos más emotivos de la noche fue cuando Torres se acordó de sus compatriotas Mercedes Sosa y Luis Alberto Spinetta, cuyas voces se apagaron recientemente. De hecho, los ojos del artista se humedecieron al interpretar acompañado por dos guitarras acústicas "Almendra muchacha ojos de papel" de Spinetta, a quien el cantante calificó como "un hombre de grandes valores".
 
Tras estos dos obligados homenajes, Torres se sacó la chaqueta y decidió lanzarse a la piscina para sacar a pasear su cara más atrevida y representar por primera vez junto a la rapera La Mala Rodríguez "Mirar atrás", una canción que combina el pop marca de la casa del argentino con el ritmo "flow" de la española. "Mi corazón se fue" y "Sueños" fueron el tentempié a uno de los clímax anunciados de la actuación: el momento "Color esperanza, un tema con el que Torres saltó al estrellato en 2003 y dio la vuelta al mundo siendo líder de las listas de éxitos en medio mundo.
 
Luis Miguel cautivó con su torrente de voz y con sus aires de divo a un público fiel que olvida sus excentricidades en cuanto el artista demuestra su valía. El "Sol de México", que arribó el martes al balneario chileno de Viña del Mar procedente de las playas de Punta del Este, en Uruguay, tomó el testigo del argentino Diego Torres y calmó las ansias de las 15.000 almas reunidas en el anfiteatro de la Quinta Vergara en la primera noche del festival.

 
Con una receta en la que mezcló sus baladas más románticas con algunos de sus temas pop más bailables, el artista volvió al escenario que pisó por primera vez a sus catorce años y al que no regresaba desde 1998. Vestido con traje de chaqueta y corbata, de inmaculado negro, y con el pelo peinado hacia arriba, el mexicano estrenó la velada al ritmo de "Te propongo esta noche" y el exitoso "Suave". "Muy buenas noches, Viña del Mar. Es un gran honor, es un gran privilegio estar de nuevo con ustedes", declamó el intérprete, poco dado a confraternizar con las masas.
 
El artista se paseó primero con cautela por el escenario, en el que se instalaron dos pantallas planas de televisión que le permitían observarse a sí mismo y torpedear el ángulo de visión de la prensa, pese a que camarógrafos y fotógrafos solo tuvieron una canción para tomarle imágenes. Preocupado también por los aspectos técnicos del sonido, Luis Miguel intentó hacer correcciones en medio del espectáculo mientras ocultaba su molestia tras su inmaculada sonrisa.
 
Con un repertorio consolidado y una puesta en escena impecable, Luis Miguel conquistó en exactos noventa minutos al auditorio, que pidió para él la gaviota de plata, y también a la organización, que le dio la de oro, un premio que no se otorgaba desde hacía varias ediciones.
 
Pero la admiración que suscita va más allá de todo lo establecido y, por primera vez en la historia del festival, se le concedió además una gaviota de platino, que recibió de manos de la alcaldesa de Viña del Mar, Virginia Reginato, admiradora confesa del artista, quien también le entregó las llaves de la ciudad. Henchido de premios y de aplausos, Luis Miguel agradeció las alabanzas y accedió a recompensar los elogios con solo una canción más, "Labios de miel", con la que cerró el concierto.
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