Culpable o no: se conocieron en el Mundial, él volvió a México y viajó de nuevo a Rusia para pedirle casamiento
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Culpable o no: se conocieron en el Mundial, él volvió a México y viajó de nuevo a Rusia para pedirle casamiento

Ahora que la abstinencia de Luis Miguel hace mella en los corazones de los fanáticos de la serie, un paliativo para combatir la ansiedad es conocer la historia de Miguel Minoru Fukuhara, un joven mexicano de origen japonés que en el último mes le dio un giro completo a su vida. Viajó al Mundial de Rusia para alentar a su selección, pero su primera noche en Moscú le trastocó los planes de una manera impensada y para siempre.

Juego de amigos. En México son las seis de la tarde, pero Miguel recién se levanta porque todavía tiene los horarios cambiados por el jet lag. “Me decidí a viajar un mes y medio antes del Mundial. Fui con cinco amigos y llegamos 15 días antes de que empiece la Copa porque los pasajes estaban mucho más baratos que sobre la fecha, pero lo malo es que sólo teníamos entradas para Portugal-Irán. Los tickets de regreso los compramos para después del que sería cuarto partido”, le cuenta el muchacho de 27 años a A24.com desde el Distrito Federal. Ese último cálculo les salió bien porque como sucedió en los últimos siete Mundiales, México llegó a ese cuarto encuentro (octavos de final) y quedó eliminado. Pero lo mágico de viajar es que no todo se puede prever.

Fría como el viento. “Lo que todavía no conté es el ‘detrás de’ de lo que pasó apenas arribamos. Los rusos no son tan pasionales como los mexicanos o los argentinos y quizá la espera se hubiera hecho larga. Y como llegamos mucho tiempo antes del inicio del Mundial, contratamos un tour por Europa de unos diez días para recorrer un poco. Pero antes de eso, la primera noche en Moscú, cuando me desperté después de dormir un poco, vi un mensaje de mis amigos avisando que habían salido a un bar y me pedían que fuera. Estaba a unas 15 cuadras, así que decidí ir caminando”, recuerda el joven que es ingeniero en telecomunicaciones y trabaja en una agencia de eventos.

Luz verde. Eran las diez de la noche, Miguel no tenía internet en el teléfono y Google Maps resultó ser más difícil de lo que parecía porque estaba en ruso. Caminó unos 15 minutos con destino incierto y entonces decidió preguntar. Vio a dos chicas de unos 25 años esperando para cruzar una avenida, justo al lado del semáforo, y se acercó a ellas. “Les hablé en inglés, se quedaron calladas y una de ellas sacó su celular, hizo una llamada y me respondió que me acompañaban hasta el lugar. Esa chica era Kristina”, relata.

Directo al corazón. Hay ojos que hablan y el hombre que estaba perdido bajo el cielo rojo supo que en ese momento se estaba encontrando a él mismo: “Fue especial. Todo. Hubo un click desde el primer momento. En el camino platicamos, nos reímos, yo la veía y me gustaba cómo me miraba. Me atrapó, dije ‘esta es la buena’. Cuando llegamos al bar, las invité a comer, pero me dijeron que no podían. Le pedí su Facebook y me dijo que no tenía, pensé que no quería dármelo. Entonces me preguntó si tenía WhatsApp”.

Inolvidable. “En el bar, me la pasé chateando con ella. Así hasta las 3 de la mañana. Al día siguiente nos vimos después de su trabajo y fue mágico, como de hadas. Yo no perdía de vista la realidad, que podría ser un amor de verano, pero me la pasé súper. A todo esto, tuve que irme al tour, por más que ya no tuviera tantas ganas (risas). No perdimos contacto, hablamos todo el tiempo, teníamos necesidad de vernos. Y cuando volví a Moscú fue especial, como si no nos hubiéramos visto en mucho tiempo”, repasa Miguel.

Contigo aprendí. Desde entonces, no se despegaron un solo momento durante la estadía mexicana en Rusia. Miguel hizo todo lo posible por perderse -y lo logró- Portugal-Rusia por quedarse con Kristina, que tiene 23 años y trabaja en Publicidad. La buena fue que junto a sus amigos consiguió entradas para los partidos de su selección ante Corea del Sur y Suecia. Y a este último fueron incluso con Kristina: “El juego era en Ekaterimburgo y su familia es de allá, así que una vez que conseguimos las entradas me acompañó al estadio y paseamos por su ciudad. Hasta eso pudimos compartir”.

Tengo todo excepto a ti. La mirada en una pantalla que mostraba el ticket de embarque y una fecha que por más fuerza que hiciera no se cambiaba era un indicador de la realidad. “La historia termina (¿termina?) cuando me vengo a México. Me puse triste, les contaba a mis amigos que tenía una novia rusa y los momentos que vivimos. Pero pasaban los días y la extrañaba, se me desgarraba el corazón”.

Mamá, mamá. El sentimiento desbordaba a Miguel y entonces lo comentó con las personas más importantes de su vida. “Ya le había contado la historia a mi mamá. Y sabes cómo son las madres. ‘Te van a sacar los órganos’, me decía. Estuve dos días muy triste y entonces me decidí. ‘Me quiero casar con ella. Voy a viajar a proponerle casamiento’, le dije. En total, desde que volví a México hasta que me fui de nuevo a Rusia pasó una semana. Llegué allá justo el día de la final del Mundial”, convida el hombre que imaginó cosas chingonas y fue por ellas.

Te propongo esta noche. “Decidí hacerle la propuesta en el lugar donde nos conocimos. Así que antes de entregarle el anillo, venía grabando solo porque ya no tenía a mis amigos. Entonces vi un grupo de mexicanos, empecé a caminar más lento para coincidir con ellos y les pedí por favor que grabaran el momento de la propuesta”.

La incondicional. “Me dijo que sí. Ella es muy especial. Me dijo ‘Me enamoré y no me importa. Si es contigo, no me importa’. Hasta aprendió algo de español para charlar conmigo”, comparte Miguel. ¿Y su familia? Por fortuna no hubo ningún Luis Rey de aquel lado: “La verdad es que lo tomaron muy bien. Ekaterimburgo no es una ciudad grande y su gente es amable, sencilla, humilde”, comenta sobre su familia política.

Historia de un amor. ¿Cómo fue que el romance se hizo conocido? El flechazo se viralizó a partir de los videos que Miguel publicó en Facebook. Él afirma que estaban destinados a su familia y a Kristina, pero que sus amigos comenzaron a compartirlo y poco después estalló en las redes.

Amarte es un placer. “Hubo comentarios de todo tipo. Buenos, malos, graciosos. Muchos me dicen ‘¿cómo te puedes enamorar en un mes?’, pero es algo que puede pasar en dos días. Quiero contar algo: no es que ya tenemos fecha de casamiento y eso, sino que mi viaje fue, antes que nada, una demostración de que quiero algo en serio. Fui a decirle ‘quiero estar contigo’. El plan es que conozca México, que me conozca a mí y luego vemos. Ahora Kristina está tramitando la visa y el pasaporte para poder venir”.