El crudo relato de una venezolana que visitó su país y volvió desolada: “En casa hay agua 2 de los 7 días de la semana. Y eso es una ‘fortuna’ porque hay gente peor”
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El crudo relato de una venezolana que visitó su país y volvió desolada: “En casa hay agua 2 de los 7 días de la semana. Y eso es una ‘fortuna’ porque hay gente peor”

Qué pasó. Vanessa Nucete volvió a su país después de 4 años y se encontró con un panorama desolador. La joven de 30 años, que vive en Buenos Aires, regresó por unas vacaciones de 21 días a visitar a su familia a Caracas y relató en Twitter (en su cuenta @VaneNucete) como fue este reencuentro que la dejó triste y preocupada.

"Ví a la gente sedada, yendo por inercia dentro del caos. No hay tiempo, hay problemas todos los días durante todo el día. Papá me dice que es resignación. Lo tomo".

Inflación. Vanessa se deslumbró con los aumentos constantes: “cuando me fui, las cosas costaban 3 veces más que cuando había llegado”, escribió alarmada. “Hay un mercado paralelo al mercado paralelo del dólar. Todas las tasas cambian y aumentan por hora. El sueldo mínimo es 1 dólar. Con el sueldo mínimo no te compras ni medio kilo de pollo”, afirmó y relató que el taxi que la llevó de su casa al aeropuerto hace 4 años le costó 1000 bolívares (unos 90 dólares) y en este viaje unos 850.000, que equivalen a un centavo de dólar.

La joven reveló que no hay un control de precios ni se respeta el precio sugerido, todo puede aumentar de una cuadra a la otra. “En un supermercado mi mamá pago 500.000 bolívares. MEDIO MILLÓN DE BOLÍVARES una bolsa con chocolates. A unas cuadras la misma bolsa costaba un millón y medio”, contó.

Alimentos y devastación. Vanessa relató con mucha tristeza la falta de comida y que, a causa de esto, veía a la gente muy delgada. Las colas para comprar, tal como se dice y se muestra en los noticieros, las vivió en carne propia y relató que en todas a cambio de un “chocolatito” o plata podía lograr adelantarse.

“Antes podía ir (al supermercado) y ver 9 o 10 pasillos (góndolas) con comida de todo tipo, ahora son unos 5 o 6 como mucho. Anchos para ocupar más espacio. Un pasillo repleto de ketchup, otro repleto de cloro, y así... No hay comida”, sostuvo. "Niños, jóvenes y viejos. Buscar comida en la basura se volvió tarea de una cantidad creciente y alarmante de venezolanos”, agregó.

“Una cosa es ver fotos de la escasez -que ya resultan indignantes-, pero otra es verlo personalmente. Después de 4 años sin ir, visitar los supermercados a los que fui desde pequeña con mis papás y, con mis propios ojos, verlos vacíos. Eso dolió bastante”.

Infrastructura. La falta de inversiones hizo que Vanessa viera todo casi en ruinas. “Todo está excesivamente abandonado. Mucho más de lo que yo podía imaginarme”, describió mostrando su tristeza. El subte fue lo que más le llamó la atención, contó que para ella el de Caracas era particularmente “increíble” pero ahora es muy diferente.

Familia y amigos. También hizo foco en los edificios vacíos, ella contó que la gente cierra sus casas y se va a probar suerte a otro destino con el miedo a perder lo que tanto costó conseguir pero a sabiendas que es más desalentador quedarse. “Solo puedo dar gracias a Dios por haber visto a mis papás, algunos tíos y primos, y a las únicas 2 amigas que me quedan en Caracas”, reveló.

“En mi casa solo hay agua 2 de los 7 días de la semana. Entiendo que es una ´fortuna´ porque hay gente peor”.

Inseguridad. Viviendo en Buenos Aires podríamos pensar que no hay nada que temer allá fuera, pero en Venezuela las cosas parecen estar más cruentas. “'Sal sin celular', 'no te pongas ese reloj' y otras advertencias preventivas de mi papá antes de salir de la casa”, dijo y quizás reflejo de esto es que -pese a ser fotógrafa- no hay imágenes que ilustren su relato.

El regreso. Vanessa reveló que tampoco fue fácil pasar por el aeropuerto, sin aire acondicionado, y que en migraciones las cosas no mejoran. El agente de aduana, que le revisó la valija, le “sacó" solo un chocolate porque “era bueno” y  le contó que esperaba ansiosa sus vacaciones para viajar y quedarse allí.