La historia de la carta de Margaret Atwood a Gabriela Michetti: una periodista, un mail y una respuesta inesperada
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La historia de la carta de Margaret Atwood a Gabriela Michetti: una periodista, un mail y una respuesta inesperada

Bárbara Favant razonó y actuó como periodista: después de la media sanción del proyecto de legalización del aborto en Diputados, sintió que faltaba escuchar la voz de una persona que había sido mencionada muchas veces a lo largo del debate.

El problema es que esa voz era la de la escritora canadiense Margaret Atwood, autora de “El cuento de la criada”, una novela en donde las mujeres fértiles son obligadas a seguir con sus embarazos y parir.

Bárbara actuó entonces como periodista, con sentido común e insistencia. Trató de llegar a Atwood de todas las maneras posibles: escribió mails a su sitio de Internet, intentó contactarse a través de las redes sociales, escribió a los protagonistas y autores de la serie que se hizo a partir del libro y a todo aquel que pudiera llegar a ayudarla.

“Me parecía importante que dijera algo sobre el tema, así que le escribí una carta, con mi inglés un poco oxidado, tratando de generar empatía”, dice Bárbara. 

La respuesta llegó de la manera menos pensada: uno de esos mails enviado a una asistente de la escritora fue respondido a la semana siguiente. Era la propia Atwood y el inicio de un intercambio epistolar que tendría consecuencias globales: la carta que la escritora le envió a la vicepresidenta Michetti fue publicada esta semana en los principales sitios de noticias del mundo.

“En la primera carta le conté todo lo que había pasado en estos meses del debate. Ella estuvo en Argentina el año pasado y estaba al tanto del movimiento de mujeres. Está muy comprometida con la causa”, dice Bárbara desde la redacción de Uno Santa Fe, en donde trabaja. Ese primer intercambio derivó en este tuit de Atwood dirigido a Michetti. 

Fue el primer impacto y tuvo una repercusión muy superior al resto de los tuits de la escritora. Lo siguiente fue la respuesta de Michetti en una nota que dio al diario La Nación. Allí, la vicepresidenta ratificó su postura en contra de la legalización del aborto, incluso para los casos más extremos que ya contempla la ley ("No lo permitiría ni en casos de violación. Lo podés dar en adopción, ver qué te pasa en el embarazo, trabajar con un psicólogo”). Y en una segunda parte de la entrevista, le preguntaron por el tuit de Atwood. Dijo que no lo había visto, así como tampoco había leído el libro o visto la serie.

Bárbara volvió a contactarse con Atwood, esta vez para traducirle la entrevista. Le preguntó si de paso le podía mandar unas preguntas y Atwood le respondió que le iba a contestar con un pequeño ensayo, que fue publicado esta semana, como primicia mundial, en Uno Santa Fe. 

“Todo fue muy rápido. Los primeros contactos fueron a mediados de junio. Una semana después tuve la primera respuesta de ella y el 25 escribió el tuit que vimos todos. Y esta última respuesta la recibí en la primera semana de julio”, cuenta Bárbara, que tiene 29 años y trabaja hace tres en Uno Santa Fe.

“Decicí publicarlo todo entero, pensé que iba a tener mucha repercusión pero la verdad es que ese lunes justo fue el rescate de los chicos en Tailandia, quedó en un segundo plano. Recién ahora está teniendo repercusión en todos lados”.

La respuesta de Atwood a Michetti es una contundente crítica a su posición respecto del debate de la legalización del aborto. Se titula “Un estado esclavista”. 

“A nadie le gusta el aborto, incluso cuando es seguro y legal. No es lo que ninguna mujer elegiría para festejar un sábado por la noche. Pero a nadie le gusta tampoco mujeres sangrando hasta la muerte en un baño por un aborto ilegal. ¿Qué hacer?

A lo mejor una manera diferente de acercarse a la respuesta sería preguntar, ¿En qué clase de país querés vivir? ¿En uno en el que cada individuo es libre de tomar decisiones concernientes a la salud y el cuerpo de ella o él, o en uno en el que la mitad de la población es libre y la otra mitad es esclavizada?

Las mujeres que no pueden tomar la decisión sobre si tener o no bebés son esclavas, porque el Estado reclama como propiedad a sus cuerpos y al derecho a dictar el uso al que deben someterse sus cuerpos. La única circunstancia similar para los hombres es el reclutamiento en el ejército.

En ambos casos existe riesgo para la vida del individuo, pero un conscripto del ejército por lo menos está provisto de comida, ropa y alojamiento. ¡Incluso los criminales en las prisiones tienen derecho a esas cosas! Si el Estado exige el parto forzado, ¿por qué no debería pagar la atención prenatal, el parto mismo, la atención postnatal y, –para los bebés que no se venden a las familias más ricas–, el costo de criar al niño?

Y si el Estado está tan interesado en los bebés, ¿por qué no honrar a las mujeres que tienen más bebés respetándolas y sacándolas de la pobreza? Si las mujeres prestan un servicio necesario al Estado –aunque en contra de su voluntad– seguramente se les debería pagar por su trabajo.

Si el objetivo es más bebés, estoy segura de que muchas mujeres se resignarían a la tarea si se las recompensara adecuadamente. De lo contrario, se inclinan por seguir la ley natural: los mamíferos placentarios abortarán ante la escasez de recursos.

Pero dudo que el Estado esté dispuesto a brindar los recursos necesarios. En cambio, solo quiere reforzar el truco barato habitual: obligar a las mujeres a tener bebés y luego hacer que paguen. Y que paguen. Y que paguen. Como dije, esclavitud.

Si se elige tener un bebé, eso es, por supuesto, un asunto diferente. El bebé es un regalo, dado por la vida misma. Pero para ser un regalo, debe ser dado libremente y libremente recibido. Un regalo también puede ser rechazado. Un regalo que no puede ser rechazado no es un regalo, sino un síntoma de tiranía.

Decimos que las mujeres «dan a luz». Y las madres que han elegido ser madres sí dan a luz y lo sienten como un regalo. Pero si no han elegido, el nacimiento no es un regalo que ellas dan; es una extorsión contra sus voluntades.
Nadie está forzando a las mujeres a tener abortos. Nadie tampoco debería obligarlas a someterse a un parto. Fuerce partos si usted quiere, Argentina, pero por lo menos llame a lo forzado por lo que es. Es esclavitud: es reivindicar poseer y controlar el cuerpo de otra persona, y sacar provecho de eso​".