Alrededor del mundo crece un movimiento llamado “NoMo”, una sigla asociada al término "No mothers" ("no madres", en inglés). Tan simple como eso, un movimiento que nuclea a muchas mujeres que deciden no tener hijos.

En Argentina esto también existe. Miles de chicas jóvenes que luchan para bancar sus posturas y escapar de la mirada crítica por eludir el mandato cultural de dejar descendencia.

Natalia Guedea tiene 25 años, vive en Rosario, estudia locución y trabaja como empleada de comercio. “Desde chica supe que no quería ser madre, nunca me gustaron las criaturas. Nunca pude generar un vínculo con los niños”, revela y asegura que a los 18 años comenzó su búsqueda de métodos anticonceptivos.

“Sentí que la ginecóloga no me tomaba en serio cuando planteaba que no quería tener hijos, me decían las típicas respuestas: 'sos chica, ya te vas a arrepentir, no pienses en eso ahora. Cuando seas más grande y tengas a tus hijos te va a gustar’”, comenta Natalia.

Viviana Rolón está a punto de cumplir 29 años y es profesora de educación general básica. Hace siete años que trabaja todos los días con chicos y cree que ese el motivo por el que decidió no tener niños. “Amo lo que hago pero el hecho de estar todo el día con chicos es lo que más me hace pensar en no querer tener hijos", dice.

Sufre de migrañas y gastritis crónicas, además de problemas en su columna, oídos y en la piel. "En mi entorno me dicen: 'si tenés un hijo te olvidas todos tus dolores’ . Lo cierto es que, charlando con el médico, concluimos que no sólo no me voy a olvidar de los dolores sino que además voy a tener una preocupación más”, resume.

¿Decisión de pareja o individual?

Viviana convive hace siete años con su marido. Cuenta que al principio pensaron en la posibilidad de ser padres pero esa idea se les fue rápidamente. “Nos casamos hace un año y medio, al principio de la relación nos planteamos ser padres, pero ese momento nunca llegó  y cada vez se fue haciendo más firme la idea de que así estamos bien: con nuestros perros y pájaros".

Los amigos de la pareja que sí tuvieron hijos fueron un espejo de lo que querían ser: "Observar el cambio total en sus vidas nos hizo reflexionar y darnos cuenta de que estamos bien así, que no tenemos espacio ni tiempo para un hijo”, sostiene Viviana. Y agrega: “Tenemos muchos proyectos juntos y no nos vemos como padres”.

Natalia, en cambio, siempre supo que no quería ser madre y si bien ahora no está en pareja, asegura que es una decisión que sus novios comprendieron.

“Todas las personas con las que estuve tenían un pensamiento parecido al mío. Aunque mi último novio fue un padre soltero con un hijo de 7 años. Nunca puede hacer un vínculo con él. No le echo la culpa al niño pero creo que eso ayudó a que el vínculo se terminara”.

El camino de la esterilización

Tan seguras están de que no quieren ser madres que la esterilización es para ellas una de las mejores opciones. Pero no la más fácil: es la más cuestionada y, claro, la irreversible.

“Toda la gente que se encuentra con esta postura no la respeta, yo entiendo que no la compartan pero hay mucha desinformación y eso crea una falta de respeto”, agrega Natalia. “Mi familia siempre tuvo en cuenta que no me gustaban los chicos, pero siempre me decían que me iba a arrepentir".

“Estoy en ese proceso. Ya estuve lidiando con la burocracia del sistema de salud pública y con los comentarios de muchos doctores. Todos me decían que lo pensara, que me iba a arrepentir y tratan de convencerme de que use otro método anticonceptivo. Si todo sale bien, en dos meses me opero”, dice Natalia, muy segura de este paso en su vida.

Según las cifras de la Dirección de Estadísticas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, las mujeres tienen cada vez menos hijos: hoy el índice da 1,7 hijos por mujer, cuando en 1990 el número era de 2,08 hijos por mujer. 

Los argumentos de Natalia son contundentes: "Es un modo de vida el que yo planteo: no tener hijos es vivir libre de esos límites que un hijo te impone. Para mi la maternidad es una de las peores esclavitudes, es dejar tu vida de lado para darle un bienestar a esa criatura. Me gustaría dedicar mi vida a formarme y a estudiar”, indica. “Conozco padres que se arrepintieron de tener hijos, yo no los juzgo pero prefiero arrepentirme de no tenerlos que de tenerlos”.

Para Viviana la esterilización no es tan fácil, ella está segura de que se la quiere hacer pero decirlo en voz alta le trae problemas. “Mis padres y hermanos no me hicieron planteos pero del lado de mi esposo sí los hubo", dice. "Hace un tiempo opté por no dar explicaciones”, relata.

"Estoy considerando operarme este año si no tengo ningún contratiempo”, confiesa. “No creo que llegue a arrepentirme en la vejez porque considero egoísta pensar en tener un hijo sólo para que nos cuide en esa etapa”.