Por qué el sistema no ayuda a que seamos mejores consumidores de gas
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Por qué el sistema no ayuda a que seamos mejores consumidores de gas

Hace un par de semanas que tanto políticos como ciudadanos de a pie no hablan de otra cosa: las tarifas. Por la cercanía del invierno, el gas monopolizó las conversaciones en los despachos, las cocinas y los asientos traseros de los taxis.

Mientras que el Gobierno trata de aumentar las tarifas y quitar subsidios, la oposición impulsa un proyecto para retrotraer los precios a noviembre de 2017. En el medio se hicieron audiencias públicas (no vinculantes) y se quiso quitar la tarifa social.

Cuando la oposición e incluso el radicalismo pusieron el grito en el cielo, el Ejecutivo dio marcha atrás y ahora negocia con las provincias retirar los impuestos provinciales y repartir la carga de estos subsidios. Se estableció, además, un prorrateo de los pagos para que se abonen las subas más fuertes en los meses de menor consumo.

Ante tantos tironeos políticos, A24.com se preguntó qué significa exactamente el pedido del presidente de “reducir el consumo”, cuál es la situación de la Argentina en materia de producción e inversión de gas y qué papel juega la tarifa social

¿Somos los argentinos consumidores ineficientes? La respuesta de los expertos consultados es rotunda: Sí.

El problema es que la eficiencia no se conseguirá de un día para el otro y en muchos casos hay costos fijos imposibles de reducir. Lo mismo ocurre con las inversiones en energía no convencional, como la exploración de Vaca Muerta y la extracción del shale gas.

En el medio están los consumidores y, sobre todo, los más carenciados: aún con tarifa social al 20% más pobre, pagar la energía le cuesta más del doble (en términos relativos) que al 20% más rico.

Según estimaciones oficiales, el quintil más bajo le destina un 1,5% de su ingreso mensual, mientras que el más pudiente el 0,6%. Además, con el nuevo cálculo, el Gobierno sólo subsidia el consumo correspondiente a usuarios R1 (hasta 500 m3). Si esa familia de bajos recursos es muy numerosa deberá pagar el excedente.

Los consumidores que utilizan garrafa también se ven perjudicados. El Gobierno, si bien ya no reparte garrafa social, ahora deposita un subsidio a aquellos hogares que tengan un ingreso menor a dos salarios mínimos ($19.000) o tres si tienen un familiar discapacitado.

Son $146 que cubre parte de los $216 que cuesta una garrafa de 10 kilos. En los meses de invierno se subsidian dos garrafas por mes y en los de verano, una. El problema es que no son tan eficientes como el gas de red y, muchas veces, los comerciantes aumentan los precios de manera arbitraria cuando crece la demanda.

Según los datos del censo de 2010, 55% del país accede a la red de gas y el 45% restante utiliza garrafa; son casi los mismos datos que en el censo del 2001. Y los mismos que presentó el Gobierno cuando asumió. En síntesis, no hubo inversión en el sector para seguir extendiendo la red de gas.

Incluso hay cuatro provincias que no están conectadas a la red de gas natural: Chaco, Corrientes, Formosa y Misiones. En estos casos, están obligados a usar garrafa y no pueden escapar de los aumentos, por más que recorten el consumo.

¿En qué momento se descuidó la producción e inversión del gas?

Juan Rosbaco, consultor petrolero y profesor del ITBA, explicó a A24.com el por qué del déficit de gas que nos obliga a importarlo de Bolivia, Trinidad (el gas licuado) y una parte de Chile.

“A fines de la década del ‘70 se descubrió un yacimiento gasífero inmenso que se llama Loma de la Lata. Esto permitió que para los 80 la producción de gas duplique la de petróleo.En los ‘90 entonces se decidió exportar a los países limítrofes el gas. El problema es que para sostener este ritmo y ser autosuficientes deberíamos descubrir un Loma de la Lata cada cinco años y no es geográficamente posible”

Juan Rosbaco, consultor petrolero y profesor del ITBA

En los 2000 bajaron las reservas y comenzaron los problemas. Se firmaron acuerdos para importar gas. Con el descubrimiento del shale oil y el tate oil surge una nueva esperanza, pero su exploración y extracción demandará mucha inversión y tiempo. “Tendríamos que haber fomentado más la exploración. Realmente lo que se les pagaba a los productores por el gas no incentivaba la producción”, explicó Rosbaco.

Fernando Navajas, Economista Jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) dijo en este sentido:

“Tanto la desinversión en las commodities como la desinversión del stock de capital de infraestructura son productos de la intervención en el precio que ocurrió durante años en el país. Tuvo su ventaja: los precios no repercutían en el consumidor; y su desventaja: la desacumulación del capital”

Fernando Navajas

Según datos del Observatorio Petrolero Sur, durante los primeros años del gobierno kirchnerista, se destinaba el 2% del gasto público al subsidio de la energía. Por el aumento de los costos y la importación, hacia el final se estaba destinando el 10% del gasto.

Ahora el Gobierno busca retirar esos subsidios para bajar el déficit y demanda a los consumidores mayor eficiencia. A cambio, promete que las empresas invertirán en extracciones alternativas para tratar de incrementar los recursos energéticos ¿Esto es realmente así? Por otro lado ¿Podemos ser mejores consumidores?

“Es un sistema muy ineficiente pero no es fácil cambiarlo. El Gobierno usa el látigo del precio, pero por más que suba no vamos a poder consumir mucho menos”, explicó Marco Kofman, economista de Enlace por la Justicia Energética y Socioambiental (EJES).

“No hay un sistema de transporte más económico ni ecológico. Los sistemas de calefacción o de calentamiento del agua de los hogares están atrasados. El 12% del consumo del gas se gasta en los quemadores, es una locura. Ni hablar de la garrafa, en donde hervir el agua demora muchísimo más porque tienen menos potencia calórica. No es culpa de los hogares que se esté consumiendo mucho y mal. Es un sistema que hay que cambiar, hay aparatos más eficientes, pero eso es costoso”, sentenció Kofman.

Sobre esto también apuntó Navajas: “El Gobierno tomó una actitud pasiva frente a los aumentos. En cualquier país del mundo es el Ejecutivo el que propone y acá se hizo al revés: las empresas vinieron con un plan de aumentos que consideraban adecuado y el Gobierno lo acató. Eso llevó a que aumenten mucho los costos fijos. Pagamos muchas veces el doble que en Estados Unidos. Por más que seas más eficiente en tu consumo no los vas a poder reducir”.