Rosaura Zuñiga ahora es Luca. Tiene 29 años y por momentos es difícil contar su historia sin caer en la trampa de la confusión de los artículos. Hasta hace un año era "ella" y no se imaginaba que iba a empezar un proceso.

Rosaura llegó de Costa Rica en 2006 para estudiar cine. También daba clases de tenis de mesa en un colegio y además competía en ese deporte: llegó a ser la número tres en el ranking nacional y se preparaba para representar al país en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Pero todo eso forma parte de un pasado que quedó muy atrás: dejó el deporte, se realizó una mastectomía y se inyecta hormonas cada tres meses.

Convive con su pareja Ailen Arakaki (24) y es personal trainer para gente queer, que -según explica- son todos los que no entran en la heteronorma de "mujeres flacas y hombres de músculo". Además, desde el principio comenzó a grabar todos sus cambios y a compartirlos en su canal de  YouTube.

Diagnóstico

A los 15 años tras muchos ataques de ansiedad, le diagnosticaron trastorno de personalidad múltiple. “Cuando empecé a entrenar en alto rendimiento se intensificaron los ataques por la presión y a eso se sumó una lesión que me dejó sin caminar por unos tres o cuatro meses. En marzo del año pasado sufría de dos a tres ataques por semana, eran casi todos los días”, cuenta Luca. En medio de los episodios perdía el control del cuerpo.

“Me volví muy violento. Era una ira reprimida que no podía controlar, recuerdo que en el último ataque le pegaba a la pared para no pegarle a Ailu (su novia)”.

Sin embargo, tras ver una película en la que la protagonista tenía el mismo desorden de personalidad se sintió identificado. “Ahí caí y empecé a pensar en transicionar, justo el tema estaba muy presente en mi entorno. Siempre decía que no lo iba a hacer, que me hubiera gustado haber nacido hombre pero no... en ese momento estaba número 3 del país en pelota de mesa, tenía un sponsor, mi pareja sentía que tenía una estabilidad y estaba en un proceso para entrar a la Olimpiadas, era renunciar a todo”.

Transformación

“Me había planteado transicionar cuando salió la ley de identidad de género pero se me pasó. Esta vez era distinto. Al día siguiente de reconocer que tenía una personalidad masculina cambió todo”, dice y recuerda que empezó a ver detalles de hombres como las barbas o los peinados para ver cuál se podría hacer. “El apoyo de mi pareja fue muy importante, yo no quería hacerlo y me parecía un quilombo. Pero ella me dijo 'creo que te verías hermoso como hombre' y ahí sentí un cosquilleo”, revela.

"El proceso empezó en mayo del año pasado, fui a una reunión en la defensoría por un apoyo psicológico y esa noche me decidí a transicionar. Durante esos meses tuve muchas dudas, estuve encerrada viendo videos de Youtube, leyendo información sobre movimientos feministas y la de construcción del género. Pensé en hacerlo después del 2020 porque quería ir a participar de las olimpiadas, estaba en una nebulosa. Además pensaba en mi familia y en mi pareja… pero desde el día que descubrí que tenía una personalidad masculina nunca más volví a tener un ataque”.

Luca cuenta que el cambió los fortaleció como pareja con Ailen. Ella la apoyó en todo momento y hasta le da las inyecciones de hormonas. "Al principio fue todo muy psicológico. Tenía que empezar a entender que no es que estás en un cuerpo equivocado, que por no tener pene no soy hombre y todo eso que te da una sociedad tan binaria. Muchos no lo hacen y van por búsqueda de músculo y más pelo y se quieren operar y muchos terminan desarrollando una personalidad bastante machista y violenta por la falta del proceso de deconstrucción".

Testosterona y mastectomía

"No sabía si era trans o no pero quería que me saquen las gomas", dice Luca orgulloso de ya no tener su delantera. “Lo que más me molestaba de mi cuerpo eran las lolas, así que le pedí a Ailu que no me las mire ni toque”. La mastectomía se la hizo en febrero y  asegura que desde entonces se siente más cómodo consigo mismo.

Un mes antes, el 13 de enero se dio la primera inyección de testosterona. "Los cambios no son tan rápidos, dependen de cada organismo. Es como una pubertad. Pero a mi se me notaron rápido”, revela y cuenta que tras la primera inyección sintió por dentro que su voz ya no era la misma, ahora le raspaba la garganta y su espalda se había ensanchado. “En enero era talle small y cuando me recuperé de la mastectomía ya no me entraba la ropa”, afirma.

Existen varios tratamiento de hormonas y esto fue uno de los motivos por los que se animó al cambio: no solo porque era gratuito sino porque se trata de una inyección cada tres meses: “cuando tenga 40 seguro tengo que tomar pastillas todos los días, es lo mismo. Este es un tratamiento para toda la vida”.

En este video explica todo el proceso.

Elección del nombre

A la hora de rebautizarse pensó en llamarse Ulises o Luciano, pero así se llaman los hermanos de su novia. “El nombre Luca lo escuché por primera vez a los 18 años. Era un compañero italiano de un trabajo y me gustó mucho su nombre”, confiesa.

Relaciones familiares

Luca no la tiene fácil con su familia. Ya no tiene relación con sus tres hermanos (dos mayores y uno menor). Tampoco con sus padres las cosas funciona: su madre no le habla desde que comenzó la transición aunque el vínculo fue conflictivo desde el principio. "Siempre me sentí apartado y me refugiaba en el deporte, creo que por eso me iba tan bien. En la adolescencia me la agarré en contra de mi mamá, nos peleamos un montón, ella me golpeaba. A los 17 -cuando supieron que era gay- me mandaron a Estados Unidos a vivir con mi padrinos porque ellos decían que no me podían controlar.

Viví ahí seis meses y descubrí que eran una familia completamente diferente: comían juntos los domingos, bailaban juntos, había amor. Mi madrina me despertaba con cariño y para mi fue todo un cambio. Al volver a mi país tenía la cabeza cambiada, me senté con mi mamá y le dije que me gustaban las mujeres. Al tiempo me fui de vivir sola y ahí mejoró un poco la relación, pero mi mamá nunca visitó mi casa porque era una casa de pecado, ellos son ultra católicos”, relata.

Cuando empezó con la transición Luca estaba restableciendo la relación con su familia y dice que sabía que esta noticia los alejaría para siempre. Y así fue como pasó. 

“Siento que se me hizo más fácil. Otros chicos tienen una buena relación con sus familias y en el momento del cambio les cierran las puertas. Yo ya sabía que mi transición significaba no más familia, sabía que el día que se lo decía ya no iba a tener más mamá. Se lo dije en septiembre del año pasado, lloré, me dolió, me sentí mal pero estaba preparado”.

Futuro: "Quiero ser madre"

Luca quiere ser madre o mejor dicho "padre gestante", como aclara. Parece una locura porque va directamente al otro lado, pero lo tiene todo pensado y casi organizado. “Se puede gestar, conozco muchos trans que se embarazaron. Tenés que frenar el tratamiento para volver a ovular, porque ya no tengo menstruación. De ahí se hace un tratamiento para aumentar el nivel de óvulos y después se puede concebir de forma natural o artificial. Tiene contras como el cambio hormonal tan fuerte, por eso ya dejé el alcohol para no dañarme más el hígado. Además, tengo que tener límite con la testosterona así no se me atrofian los ovarios”, revela.

“Tengo hasta los 40 para embarazarme, estoy en la cuenta regresiva: en tres años tal vez lo busque. Necesito terminar mi tratamiento ahora, luego dejarlo durante un año y prepararme durante otro para la inseminación”, dice.