César Sanabria (32) tiene respuesta para todo: es un referente en la Villa 31 por su labor comunitaria (lo que significa que cada vecino que lo ve le plantea un problema) y por haber vivido casi toda su vida en el barrio. Pero hay una pregunta qué a César lo incomoda: "¿Cuándo te vas a recibir?", le dicen.

El se sonroja y arriesga: "A mitad de año, más de eso no creo". Entre todas las tareas cotidianas -trabajo social, su vida en familia, un puesto en la feria y la radio comunitaria- está el estudio y ya recorrió la mayor parte del camino. Le faltan tres materias para cumplir su gran sueño: ser el primer arquitecto de la Villa 31.

Desde muy chico aprendió el oficio de la construcción, y cuando terminó el secundario pensó que estudiar Arquitectura era la opción más lógica, por eso se anotó para hacer la carrera en la Universidad de Buenos Aires. 

Caminar por la Villa 31 con César es una experiencia fascinante, una guía instantánea para detectar los problemas del barrio. Porque su mirada es la perfecta combinación entre la teoría que da la Universidad y la práctica que solo da la calle.

Durante una mañana todavía calurosa de marzo, un equipo de A24.com recorrió la Villa 31 con él para conocer su historia y la realidad del barrio en el que viven 60 mil habitantes, y que tiene el plan de transformación más ambicioso del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Las obras principales, que incluyen la modificación de la traza de la Autopista Illia, ya están en marcha desde hace más de un año. Y algunos de esos cambios ya se pueden ver. 

Pero entre las prioridades de los vecinos también están las mejoras en materia de suministro eléctrico, cloacas y acceso al agua. 

Mientras avanzamos al corazón de la villa, un procedimiento policial de rutina controla a unos vendedores ambulantes. La mayoría de los que ven la escena protestan en voz alta: "¿Por qué no van a revisar a los narcos?", dicen.

Esta pareciera la principal deuda con la gente de la Villa. Si bien hay un proceso de integración en marcha y el Estado está cada vez más presente, da la sensación de que hay un control paralelo y es el que ejercen los narcos.

Desde la plaza central de la Villa 31, el cielo parece todavía más lejano. La autopista Illia  es una mole asfixiante, una arteria que mueve multitudes y que no para nunca. Y arriba de esa mole de hormigón, los aviones que van y vienen de Aeroparque hacen todavía más chiquito al barrio.  

Sin embargo, abajo, en la calle, hay un pulso vital permanente en el ritmo cotidiano. Y de a poco, al menos en las calles principales, caminar por el barrio no resulta una experiencia intimidante. Ahí aparece la voz de César: "No queremos ser estigmatizados, queremos formar parte de la ciudad, que la gente venga a conocer los restaurantes, que los turistas caminen estas calles", pide. El sueño de César no parece estar tan lejos.

Producción: Carola Suárez