Opinión

Esa Copa América en la que nos volvimos a enamorar de la Selección

El triunfo ante Colombia, el pase a la final, pero sobre todo el amor propio de esta Selección hace que mucho del público ajeno a la Albiceleste haya vuelto a soñar.
Hugo Balassone
por Hugo Balassone |
Lionel Messi es la cara de una Selección Argentina que reenamoró a todos. 

Lionel Messi es la cara de una Selección Argentina que reenamoró a todos. 

Volvimos a enamorarnos de la selección. Nos aparece en estos tiempos difíciles la necesidad de creer. Debemos mejorar nuestra autoestima como sociedad. Y el fútbol nos refleja. Estamos en las puertas de reparar tantas injusticias. En 28 años pasaron brillantes futbolistas por la selección que se ahogaron en la orilla. Entre ellos Messi. Una crueldad que una carrera tan brillante no se corone con un título.

Vamos hacia una nuevo Maracaná, el escenario que nos dejó con el dolor de aquella final con Alemania. El lugar ideal para volver a ganar y quedar en la historia para siempre.

Hubo épica y hubo mística. Las manos y el chamuyo criollo del Dibu Martínez nos depositan en la final del sábado. Todo equipo campeón necesita aferrarse a cuestiones emocionales que lo hagan crecer.

Si algo tiene de singular esta Copa América es que los futbolistas que generalmente juegan en Europa, acá recuperan las mañas del fútbol sudamericano. La batalla psicológica que libró el arquero argentino con lo jugadores colombianos en la tanda de penales, en Europa no se consigue, como decía aquella publicidad.

Por supuesto que habrá cuestiones que corregir. El equipo no sostiene sus buenos ratos. Colombia nos condicionó mucho, y casi nos lleva al abismo. Con una generación tal vez más modesta que la anterior, buscaremos acompañar a Messi a saldar su deuda, y la nuestra.

La final tendrá el reto entre Messi y Neymar. Un duelo de grandes que necesitan recompensar la gloria con sus selecciones. La influencia de Leo en este equipo es determinante. Esa predisposición del mejor del mundo transforma la energía del equipo. Estamos en presencia del mejor Messi que se recuerde en el seleccionado. Y eso nos hace soñar con levantar la copa el sábado.

Brasil posiblemente tenga más nombres que la Argentina, pero su funcionamiento tuvo desniveles, y quedó a expensas de los destellos de Neymar. Estamos para dar el golpe como lo anunció el propio Leo. La Argentina ha demostrado madurez para afrontar una nueva final. Si bien hay un pagaré histórico, esta generación no deberá hacerse cargo de las desgracias del pasado. Ni siquiera Messi deberá cargar con aquellas mochilas, en todo caso en este viaje se nutrió de aquellas experiencias para disfrutar este presente.

Y si toca perder, a los tiradores agazapados que esperan la derrota para sus intereses o aspiraciones en la AFA, respeten a la selección. Con la camiseta no se hace política, menos cuando todavía cantamos.