Willy Caballero, de dejar el fútbol cuando su hija tuvo cáncer a estar a un paso de ir al Mundial a los 36 años
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Willy Caballero, de dejar el fútbol cuando su hija tuvo cáncer a estar a un paso de ir al Mundial a los 36 años

Nunca es tarde para cumplir los sueños y por estas horas de eso puede hablar Willy Caballero, el arquero de 36 años, que el viernes sería titular en el amistoso entre Argentina e Italia y así debutaría en la Selección mayor con grandes chances de ser uno de los guardavallas que estarán en la lista de 23 para el Mundial de Rusia.

Campeón mundial juvenil en 2001, ganador de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, Caballero nunca pudo jugar un partido en la Selección mayor y a menos de tres meses de la Copa del Mundo todo indica que tendrá su gran chance. Y si no es el viernes, probablemente sea el martes ante España en Madrid.

Hoy suplente en el Chelsea, Caballero espera jugar el viernes con hinchada propia. Es que su mujer Lucía y sus hijas Guillermina y Aitana irán en tren desde Londres a Manchester para estar en el estadio del City y así coronar el sueño de papá.

Promesa que casi no jugó en Boca, arquero que se curtió en el fútbol de ascenso de España en Elche, la carrera de Willy cambió por completo cuando en 2006 le diagnosticaron cáncer de retina a su hija Guillermina de solo 3 años. Caballero tenía 25 años y jugaba en Elche en la Segunda de España. Fue entonces cuando decidió dejar el fútbol y volver a la Argentina para el tratamiento.

Las marcas que deja la vida

“Uno no necesita esos golpes para darse cuenta de las cosas que valen la pena, pero pasa. Te hacés más fuerte, más valiente, mirás la vida distinto”, le contaba Willy en 2013 a la Revista El Gráfico. “Mi mujer fue la que se dio cuenta de que algo pasaba en su vista, y un estudio descubrió el tumor, que era bastante grande. Cuando nos enteramos decidimos dejar todo y volvernos al país. Nos vinimos porque nos dijeron que acá estaba el doctor Julio Manzitti, que es de los mejores del mundo en esa especialidad”, relató Caballero.

Fue el año más difícil de su vida con su hija sometiéndose a quimioterapia. El fútbol ya era algo secundario para él, pese  a que aceptó la invitación del cuerpo técnico de la Selección Argentina juvenil para entrenarse en el predio de Ezeiza y no perder ritmo. Una vez que pasó lo peor, aceptó una propuesta de Arsenal de Sarandí y jugó allí durante seis meses hasta volver en 2007 a España, a Elche, donde continuó el tratamiento de Guillermina.

Su hija se curó, pese a que por lo avanzado del tumor terminó perdiendo un ojo. “Estuvimos cinco años con controles, y ya está curada… A veces te doblás un tobillo y decís ‘ay, me duele, no puedo entrenarme'. Pavadas. Yo la veía a ella que salía de quimioterapia, que es algo que te deja tres días de cama, y llegaba a casa y quería saltar, jugar todo el tiempo. Es cuestión de ser positivo en la vida”, explicaba Caballero, quien en su brazo izquierdo se tatuó a la Virgen de Santa Lucía, la patrona de la vista.

Cambio de metas

Caballero volvió a jugar en España, pero con otra filosofía, como relató en una entrevista con Cadena Ser: “Desde que pasó ésto, disfruto mucho más cada cosa que hago y establecí desde entonces otras metas. Ganar títulos o dinero quedó en un segundo plano. Yo quería disfrutar del fútbol y de mi hija. Fue un punto de inflexión para entrenarme mejor y dejar de ser egoísta, de pensar sólo en mi bien individual”.

Entrenarse mejor y atajar mejor, eso le pasó. Caballero siguió en Elche en segunda y recién a los 29 años se le abrió la puerta de la Primera División de la Liga de España cuando pasó a Málaga para suplir al arquero Asenjo, baja por lesión. Allí, encontró su lugar en el mundo y terminó siendo figura en el equipo del chileno Manuel Pellegrini que hizo historia al alcanzar los cuartos de final de la Champions League.

El Ingeniero lo llevó en 2014 a Manchester City, que pagó por él 8 millones de euros. Allí estuvo hasta la última temporada cuando quedó libre y se incorporó a Chelsea para ser arquero suplente. En el final de su carrera, está a punto de vivir lo máximo: jugar un Mundial 12 años después de que todo cambiara para él.