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JUDICIALES

Bonadio, la "embajada" y la lógica del "amigo - enemigo": crónica de un juez que explica Comodoro Py 2002

Bonadio, la
Claudio Bonadio

Claudio Bonadio representó como nadie la lógica “amigo-enemigo” en la aplicación del derecho penal en los tribunales federales. Comodoro Py no sería lo que es si no hubiera existido, desde su creación, Bonadio.

De extracción peronista (ortodoxa, para más datos), Bonadio cultivó dentro del sector político fluidas relaciones con personajes importantes de todos los gobiernos. También del actual.

Esas relaciones le permitieron capear todos los temporales y terminar imponiendo su impronta.

Con cierta malicia, el juzgado de Bonadio era llamado “la embajada”, porque “allí no rige la ley argentina”.

El propio Bonadio abonó esa ironía cuando, en un reportaje, habló del “derecho penal creativo”, una figura insólita que –a falta de mejor explicación- terminó habilitando la teorización de la persecución judicial por fuera de las herramientas que proveen los códigos de Justicia.

La lógica amigo-enemigo no es compatible con un buen sistema de Justicia. Ante un mismo hecho, Juan no puede ser inocente si es amigo o ir 20 años preso si es enemigo.

Pero Bonadio aplicaba ese criterio y lo graficaba con un refrán tribunalicio que podría resumirse así: "A los amigos, todas las facilidades; a los enemigos, todos los rigores; para el resto, la aplicación lisa y llana de la ley".

El refrán tiene una forma mucho más brutal y gráfica, con contenido sexual incluido. Por razones de decoro se consigna esta versión descafeinada del original.

En esa lógica, Bonadio imponía un criterio a sus decisiones judiciales. Ante la consulta de sus colaboradores sobre varias posibilidades de resolver una cuestión jurídica, el juez siempre ordenaba optar “por la que haga más daño”.

Acaso la mayor virtud de Bonadio para el ejercicio del poder haya sido conocer con exactitud el alcance de sus fuerzas en el momento de la toma de decisiones y la proyección a futuro. Evaluaba qué decidir hoy y cómo sostenerlo mañana; y nunca se equivocaba.

El único desafío que le quedó inconcluso se lo planteó hace un año el juez federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla, con la “Causa D’Alessio”.

Comenzaba a espadear y se acercaban al barro cuando la enfermedad precipitó los tiempos, obligó a cambiar de objetivos y dejó trunco un combate que Bonadio confiaba en que terminaría ganando sin mayores dificultades.

De hecho, la última resolución de relevancia que firmó en su juzgado fue una respuesta a Ramos Padilla y un nuevo pedido para que no se metiera en una de sus causas.

En el ajetreado 2015 hubo un episodio que marcó un punto de quiebre en la conducta de Bonadio. Por su formación política, pocos puntos de contacto podían unirlo al kirchnerismo.

Sin embargo en algún momento parecieron coincidir en alguna sintonía, que se esfumó a medida que el desgaste del último gobierno de Cristina Fernández de Kirchner preanunciaba no sólo el inevitable fin de su presidencia sino el del proyecto político que ella encabezaba y un giro político de 180 grados.

En ese tremendo último año de gobierno kirchnerista, Bonadio recibió información sobre el presunto armado de una causa de drogas contra su hijo.

No le costó mucho descubrir que no era sólo un rumor y entonces consideró roto un código que hasta ese entonces todos (aún en los peores escenarios) habían respetado: con los hijos, no.

La ruptura de ese código explica, para muchos de sus allegados, la fijación casi obsesiva en las causas contra Cristina Fernández de Kirchner.

Y también el "dejar hacer" de algunas conductas claramente abusivas que cometió en ese contexto.

Bonadio confió también en que le ganaría a la muerte. Cuando ocurrió la operación de 2019, un amigo personal del que se había distanciado por razones –en buena medida- políticas, le escribió preocupado por los rumores sobre su salud.

"Son rumores k que confunden la realidad con deseos. Estudios más que bien. Los médicos solo sugieren bajar un cambio".

Evidentemente, no era así.

por Néstor Espósito
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