“En Comodoro Py se pueden agarrar de cualquier cosa para correrte de un caso”. Una frase que se repite por lo bajo una y otra vez entre los que no se reconocen como parte de "la familia judicial".

En estricto off the record, A24.com conversó con algunos jueces y fiscales que se sienten “outsiders” del juego de Py que describieron “aprietes con denuncias por cuestiones de criterio o detalles de procedimiento insignificantes, falta de códigos y ausencia de reglas claras de acuerdo con la ley”.

Algunos de los funcionarios judiciales lo atribuyen a “los códigos de la Justicia”, otros en cambio a “la mano del Gobierno que se está armando una justicia a medida”.

Sea la razón que sea, esta semana hubo un nuevo capítulo de movimientos sospechosos en una causa sensible para el poder. La Sala IV de la Cámara de Casación, con el voto de Mariano Borinsky en disidencia, apartó a la jueza Sabrina Namer del expediente donde va a ser juzgada la ex presidenta Cristina Kirchner por el Memorándum con Irán.

Las razones oficiales: “temor fundado de parcialidad” porque, antes de ser jueza, ella había sido de los fiscales -nombrados por la ex procuradora Alejandra Gils Carbó- que reemplazaron a Alberto Nisman en la UFI - AMIA.  

Dice el fallo, “la promiscua yuxtaposición de las funciones de investigar y de juzgar son palmarias, y transforman la actividad jurisdiccional de la Dra. Namer en parcial, correspondiendo apartarla de seguir interviniendo en la presente causa”. Según Borinsky, en cambio, no quedaron explicados los motivos por los cuales podría haber imparcialidad de la jueza Namer en esa causa.

Cabe destacar, que Namer fue recusada por la DAIA y los familiares después de haber tomado la decisión de liberar a ZanniniD´Elía y Khalil.

Lo sospechoso es todo el movimiento que hay alrededor del juicio por el Memorándum con Irán. En un primer momento, la causa iba a ser juzgada por el TOF 9 pero la Corte invalidó al Tribunal por haber trasladado los jueces “a dedo”. Se volvió a sortear y cayó en manos del TOF 8, integrado por Sabrina Namer,María Gabriela López Iñíguez y Nicolás Toselli. Toselli se excusó por el parentesco con un testigo durante la instrucción y fue reemplazado por José Antonio Michilini.

El caso Namer no es el único y tampoco será el último. Quienes participan del juicio deslizan por lo bajo acusaciones recíprocas de la más variada especie. Lo más importante y que deberíamos retener es que todas esas quejas tienen algo en común.

En primer lugar, se expresan en la forma de “rumor”. Ello niega de hecho la discusión pública de temas tan importantes.

En segundo lugar, confirman un dato específico, pero tremendo: no importa tanto lo que las causas dicen sino los significados que yacen encriptados debajo del expediente formal y que sólo comprenden los “expertos”.