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JUDICIALES

Cuáles son los mensajes que envió Cristina Kirchner en su primera declaración indagatoria

Cuáles son los mensajes que envió Cristina Kirchner en su primera declaración indagatoria
La vicepresidenta electa, durante su llegada a Comodoro Py.

La Cristina que ayer interpeló como nunca antes al Poder Judicial (y vaya que lo interpeló cuando era presidenta) no era la de siempre. No tenía el ropaje de esa docente de escuela secundaria que reprende a sus alumnos porque no hicieron la tarea.

Estaba enojada. Desencajada cuando inició su indagatoria. Sabía ya que el tribunal, por segunda vez, le había rechazado el derecho a que lo que tenía para decir se transmitiera en directo. Y llamó a eso “una clase práctica de lawfare”. Ese fue el término más repetido durante su alocución.

Cuando un funcionario del tribunal oral federal se le acercó instantes antes de que comenzara la audiencia para ofrecerle que, en lugar de sentarse en el banquillo de los acusados, expusiera desde el lugar que ocupa cuando va a las audiencias, junto a su abogado, Alberto Beraldi, lo miró fijo y le dijo: “no, quiero verles las caras a estos hijos de puta”. Otro imputado escuchó atónito el diálogo.

Una bronquitis que acusó cuando pidió una botella del agua mineral bajo en sodio que bebe para ayudar a su garganta a resistir tres horas y media de un casi alegato, completaron la fisonomía de rasgos duros que exhibió.

Cristina Fernández de Kirchner asumió ayer, no oficialmente –claro está- su cargo de vicepresidenta de la Nación. De hecho, así se identificó al principio de su indagatoria.

Conocidas son sus capacidades de oradora. Pero no fue sólo oratoria: ante el tribunal oral que la juzga, integrada por jueces que jamás estarán estampados en camisetas, se proclamó inocente y denunció que todo lo que se construyó judicialmente en su contra en estos últimos cuatro años es falso.

Lo llamó “lawfare”, un término que no es nuevo aunque sí poco conocido. Una combinación jurídico – político – mediática que apunta a derrumbar al adversario político. Si es con verdad, ni siquiera es mejor; derechamente no importa.

El alegato político era previsible, pero la vicepresidenta electa sorprendió también atacando las acusaciones técnicas y concretas en su contra.

La actual senadora describió que de las 51 adjudicaciones que se le imputan en este juicio por presuntas irregularidades en la obra pública de Santa Cruz, 49 ya fueron juzgadas y sobreseídas. Intervinieron el juez Julián Ercolini y el fiscal Gerardo Pollicita.

Cristina explicó a jueces que lo saben de sobra que no se puede juzgar a nadie dos veces por el mismo hecho. Se llama “ne bis in ídem”, según su definición en latín. Pero se los explicó como si no lo supieran.

La ex presidenta dio los nombres de los responsables primarios, según su consideración, de la persecución en su contra. Ercolini, Pollicita, Ignacio Mahiques, el camarista Martín Irurzun y, por supuesto, Claudio Bonadio.

También explicó el objetivo: instalar la imagen de que todos los peronistas que tienen dinero son corruptos y todos los no peronistas millonarios gracias a contratos de diversa índole con el Estado se presumen honestos.

Un resumen Leru: Cristóbal López y los casinos por peronista es corrupto; Daniel Angelici, adjudicatario de bingos, como no peronista, no lo es.

Pero reservó un apartado especial para la familia. Fue en los únicos momentos en los que se le quebró la voz: cuando habló de Néstor Kirchner y cuando se refirió a Florencia, su hija convaleciente en Cuba desde hace casi un año. “El juez Ercolini enfermó a mi hija”.

No pareció casual. La corporación judicial le reprocha al gobierno de Cristina Fernández que “se metió” con la familia de por lo menos un juez y un fiscal del fuero federal. Y nunca se lo perdonaron.

En todo caso, las cuentas no están saldadas, ni mucho menos.

También la entrelínea de la exposición mostró a una Cristina que nombraba y a la misma Cristina que callaba. Omitió, por caso, los nombres de otros funcionarios judiciales que perfectamente encajaban en la descripción de “lawfare”.

Ese silencio no fue producto de un olvido. El gobierno entrante envió un mensaje al Poder Judicial anunciando que no habría caza de brujas pero “cada uno sabe lo que hizo y lo que tiene que hacer”.

El mensaje parece, desde ayer, bastante más claro.

La futura vice les dijo ayer a los jueces: “ustedes tienen mi condena escrita”. Si bien el juicio empezó en mayo y ya comenzó diciembre, lo cierto es que formalmente todavía está empezando.

Y queda mucho trecho por transitar. Incluso con un par de escalas en la Corte Suprema que podrían abortar la profecía nostradámica de la “condena firmada”.

por Néstor Espósito
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