Desde el principio, el apellido les llamó la atención a los investigadores. Esta vez no se trató de una familia dedicada al secuestro, las torturas y las ejecuciones, sino de una banda familiar que, se sospecha, comandó Domingo Puccio, un ex barrabrava de Argentina Juniors, para vender drogas en el barrio de La Paternal.

Uno de los puntos atrayentes del caso es que cuando Puccio (61) cayó preso el año pasado, el negocio no se frenó. Todo lo contrario: el emprendimiento siguió desde dentro de la cárcel, con la ayuda de su familia y sus socios.

Parecía que nunca los iban a agarrar. Sin embargo, algo en el plan falló: uno de los ‘dealers’ los traicionó. Se fue con la plata que le dieron para que la banda se proveyera de más droga.

"Mingo" seguía dirigiendo todo entre rejas. Con su celular hablaba a sus socios de afuera y una de sus mayores obsesiones era encontrar al que se había fugado con el dinero.

Los diálogos se sucedían a menudo. Pero las llamadas estaban siendo interceptadas por orden del fiscal Federico Delgado y el juez Rodolfo Canicoba Corral,

La justicia sospechaba que la banda seguía activa.

No solo lo confirmaron sino que ordenaron un allanamiento en la cárcel de Devoto para buscar el celular desde el que "Mingo" estaban hablando.

El teléfono no apareció, pero derivó en un planteo al Servicio Penitenciario Federal para que investigara qué pasó.

La justicia determinó que Puccio, jefe del clan, irá a juicio por vender droga. Pero también su hija Lara fue detenida al igual que los socios de la familia.

El que sigue sin aparecer es Pablo, el culpable de la traición a los Puccio, y el que se escapó con la plata.

La justicia secuestró las cajas de seguridad en las que, descubrieron, tenían guardada la plata con la que la banda seguía operando desde la cárcel.

Estos son los detalles de la historia, a la que accedió A24, que mezcla el mundo de los barrabravas, la venta de drogas y la protección policial.

Primera parte: Un policía fue la punta del ovillo

Domingo Carlos Puccio ya había caminado los tribunales. En 1997 había sido condenado a cuatro años de prisión por los delitos de robo y lesiones leves que sufrió Carlos Baldassini, un ex dirigente de Argentinos Juniors.

“Fíjense en los dirigentes. Hablan mucho de las barras bravas, pero ellos las crean y las alimentan. Las necesitan para seguir robando”. 

Domino Puccio ante el Tribunal Oral Criminal 30. Agosto de 1997

Al salir de la cárcel, “Mingo” volvió a su barrio, La Paternal, a su familia, a su gente. Parecía tener una vida tranquila. Pero nadie sospechaba que ese señor mayor salía con su auto, un VW Suran, a vender droga.

Fue detenido en la calle Artigas al 1500 el 29 de noviembre del año pasado, cuando le entregaba un envoltorio de cocaína a Claudio Héctor Souto.

Dentro del vehículo llevaba más cocaína, marihuana, un revólver calibre 22 largo con el tambor lleno. En su casa, de la calle Gavilán 1947, había más drogas, balanzas, celulares, dinero y municiones.

Todo se descubrió de casualidad. La causa empezó con una denuncia anónima contra un policía que, se creía, vendía droga a sus compañeros en el hospital Churruca.

Asuntos Internos de la Policía Federal identificó al agente pero no se comprobaron las acusaciones contra el policía. Lo que sí detectó la fiscalía de Delgado fueron las comunicaciones de ese agente con un hombre al que llamaba “Doctor”: era “Mingo” Puccio.

“El Doctor” no solo hablaba con el policía. Recibía un centenar de llamadas a diario: todas cortas y fijando un punto de encuentro. Los investigadores sospecharon que todas escondían el pacto de una venta de drogas.

NN: Papi, ¿sabés que me olvidé de decirte? Después si no andás por acá, ¿no me das un poquito de alegría?

P: ¿de qué? ¿De faso?

NN:

Puccio y sus compradores llamaban a la droga “tickets”, “entradas”, “cable verde”, “papeles”, “remitos”, según se desprende las comunicaciones.

Era curioso porque “El Doctor” no dejaba su rutina, llevaba a la nieta a la pileta o avisaba que estaba con la familia.

Puccio: qué haces Ñato, estoy yendo a buscar a mi nieta a la pileta, calculale 20 minutos (…) estoy acá en el Club Imperio, Ñato.

NN: Llego en veinte.

P: Si, bajá con algunos papeles porque estoy ahí con la familia.

Las pruebas derivaron en la detención de “Mingo” Puccio a fin del año pasado. Cuando le tocó declarar, negó dedicarse a vender droga. Explicó que sólo era un “facilitador” para gente amiga.

NN: Tano, estoy en la puerta, pero hay un rati, hay un rati en la esquina.

Puccio: No, igual vení, vení, si yo estoy saliendo con la familia. Bajá con papeles en la mano.

"Yo tengo un grupo de gente amiga del barrio. Yo consumo. Yo iba a buscar mercadería. A la vez, tengo amigos, se puede fijar usted que es toda gente del mismo barrio la de las llamadas. Lo que ellos iban a buscar yo se lo conseguía, se lo traía yo”, dijo Puccio en una indagatoria.

Segunda parte: Cuiden a la nena

Pero se abrió otra investigación paralela que descubrió que, aunque “Mingo” estaba tras las rejas, seguía organizando en el negocio familiar.

Buscaba cuidar a Lara, su hija. Ahora, Lara terminó presa junto a su novio y Javier González, alias "Tele", una pieza clave para los investigadores.

"Tele" sería la persona que le administraba a “Mingo” la plata de la droga.  En marzo, desde la cárcel, “Mingo” habló con su amigo Javier González, empleado de una empresa láctea. Le pedía que le entregara a Lara cincuenta hormas de queso. Pero en otros diálogos el queso era la droga.

JG: -En media hora voy a estar por la cancha de Argentinos.

NN: -Bueno, eh, por favor el queso de ayer no eh.

JG: -Es el mismo que te di la vez anterior.

NN: -No pero no me gustó, con el que estamos para mi está bien.

A veces, en cambio, la droga ya no era más queso. Pasaba a ser dulce de leche.

La traición. Algo salió mal para la banda. Las conversaciones entre "Mingo" Puccio desde el pabellón donde se encuentra alojado en Devoto y Javier González corroboran el escenario previo indicado por la Fiscalía: que hubo una operación de compra de estupefacientes que se habría visto frustrada porque González le entregó $140.000 a una persona que nunca le llevó la droga.

Nadie sabe dónde se fue el "dealer" que desapareció con la plata. Pero ahora no solo está preso Domingo Puccio sino su hija, el novio de la hija, González y el resto.

Y además les secuestraron el dinero que tenían en las cajas de seguridad, descubiertas gracias a las escuchas telefónicas.