La noche que “Belén” quedó presa por abortar y la doble vara de la Justicia
JusticiaEnLaMira

La noche que “Belén” quedó presa por abortar y la doble vara de la Justicia

Eran cerca de las 3.50 de la madrugada del 21 de marzo de 2014. Belén estaba con fuertes dolores estomacales y llegó sola a la guardia del Hospital Avellaneda de San Miguel de Tucumán. Horas más tarde quedó encarcelada por más de dos años.

Primero acusada del delito de aborto, luego de homicidio agravado por el vínculo, siempre sufriendo el peso de un sistema judicial que nunca le creyó y casi nunca la escuchó.

Mientras estaba en el hospital, entre las 4 y las 5 de la madrugada, Belén pidió permiso para ir al baño. Según la versión oficial del Estado tucumano, dio a luz un bebé de 35 semanas. Para los jueces y fiscales, cortó el cordón umbilical, lo anudó y arrojó al bebé con vida por las cañerías del baño. Según la justicia, luego de matar a su hijo regresó al consultorio y comenzó a tener hemorragias. Fue derivada al sector de ginecología. Allí, el médico Daniel Martín comprobó que había parido, porque vio restos del cordón umbilical en su parte genital. Por eso envió a la jefa de parteras Marta Liliana Monges al baño para que buscara “el producto que habría expulsado” Belén.

Según la investigación, el bebé nació vivo tras 32 semanas de gestación. Ella fue encarcelada de inmediato acusada de aborto. Esa carátula luego se modificó por la de homicidio agravado por el vínculo. Estuvo detenida durante toda la etapa de instrucción del proceso y en esa condición llegó al juicio oral: presa.

Los jueces y el fallo

Los jueces de la Sala III de la Cámara en lo Penal de Tucumán, Dante Julio José Ibáñez, Néstor Rafael Macorritto y Fabián Adolfo Fradejas fallaron el 19 de abril de 2016. La condenaron a ocho años de prisión por el delito de homicidio agravado por el vínculo, atenuado por circunstancias extraordinarias. A la par, mantuvieron la prisión preventiva de Belén hasta que la sentencia quedara firme. Entendieron que si ella recuperaba la libertad, se podría fugar.

Tal la verdad oficial. Para la justicia, Belén mató a su hijo tras dar a luz.

Los jueces redactaron un fallo condenatorio cuya lectura llama la atención por su lenguaje expulsivo, pero que se desarrolló entre ellos y el fiscal. Llamativamente, la defensora de Belén casi no habló. Solo se leen idas y venidas casi incomprensibles sobre una idea preexistente: condenar a Belén por matar a su hijo.

La palabra de Belén

Aun en condiciones asimétricas Belén mantuvo en soledad otra versión de los hechos que con el paso del tiempo pondría en crisis la verdad judicial. Podríamos decir que en la causa había dos verdades en tensión, la de Belén y la del sistema judicial. Belén, durante el juicio, siempre negó el hecho.

Sus palabras finales, antes de conocer la sentencia, fueron elocuentes: “No soy una asesina, no maté a nadie. Estoy mal, pido que me tengan piedad. Estoy destrozada”.

Luego, que un enfermero le mostró un feto en una cajita y le dijo: “Mirá, este es tu hijo”. Que creía que la causa de sus hemorragias se vinculaba con los medicamentos que había tomado y que cuando se despertó en el hospital estaba rodeada de policías que inspeccionaban sus partes íntimas y la maltrataron. Esto permite intuir que, desde ese mismo momento, Belén no iba a ser juzgada sino que ya estaba condenada.

El giro de la causa

La causa de Belén tuvo un quiebre positivo con la llegada de su nueva abogada defensora Soledad Deza, integrante de la Católicas por el Derecho a Decidir. Deza planteó una estrategia doble. Por un lado, en términos netamente técnicos en el expediente y por otro, una complementaria tendiente a buscar la visibilidad del caso más allá de las paredes de los tribunales tucumanos.

Desde el punto de vista técnico cuestionó la investigación y  provocó la intervención de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán.

El 2 de mayo de 2016, Amnistía Internacional lanzó una acción a nivel mundial, convocando a personas comprometidas con los derechos humanos de todo el mundo a reclamar por la libertad de Belén. Al 31 de julio de 2016 se habían juntado 120 mil adhesiones.

El 15 de julio de 2016 el Comité de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas exhortó al gobierno argentino a que revisara el caso de Belén. En las sesiones celebradas el 29 y 30 de junio en Ginebra, el organismo que tutela la aplicación del Pacto Internacional de Derechos Sociales y Políticos incorporado en 1994 a la Constitución Nacional, pidió al Estado nacional acciones concretas para que cesara la prisión preventiva de Belén y para que se cumpliera en todo el país el fallo “Fal” del año 2012 de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que se refiere a la interrupción voluntaria del embarazo, porque su aplicación no es uniforme en todo el país.

A nivel nacional, la mesa #LibertadParaBelen, integrada por cuarenta organizaciones sociales, sindicales, de mujeres y políticas colaboró en la visibilidad del caso. Hubo marchas en todo el país.

El efecto de los medios

Los movimientos del sistema judicial se pueden clasificar en antes y después de la visibilidad, ya que la luz pública jugó un rol preponderante en la tensión entre las verdades en pugna.

No obstante, la Corte Suprema de Justicia de Tucumán también se movió. El 16 de agosto de 2016 dejó sin efecto la prisión preventiva y, por lo tanto, concedió la libertad a Belén. Si bien el tribunal no resolvió la cuestión de fondo, es decir, si la condena era correcta o incorrecta, dispuso que, hasta tanto ese punto se dirima, Belén debía permanecer en libertad.

Belén fue detenida el 21 de marzo de 2014 y el 19 de abril de 2016 estaba condenada, en el marco de un juicio oral que como ya dijimos fue muy criticado por los abogados. Todo en un tiempo récord para la justicia de nuestro país.

Belén jamás hubiera sido escuchada ni liberada sin la apropiación social de su caso por parte de los medios nacionales, de las organizaciones internacionales de derechos humanos y de las movilizaciones sociales que acompañaron su reclamo en todo el país. El giro en la causa se explica, principalmente, a partir de esa intervención externa de la sociedad, la justicia y los medios tucumanos.

Precisamente los jueces explicaron su decisión de condenar a Belén a través de los medios locales justo cuando hubo masivos movimientos sociales en Tucumán. Estos, incluso, revelaron su nombre, algo que se venía protegiendo desde el inicio de la causa por la complejidad del hecho. Ellos afirmaron que “no había razón jurídica para proteger la identidad de una persona condenada por homicidio”.

En el caso “Belén”, vemos muchas cosas. Pero sobre todo tres.

La primera es la doble vara de la Justicia que mientras que toleró durante más de diez años la corrupción de los poderosos (el caso de los cuadernos de las coimas k lo evidencia), en tiempo récord metía en prisión a una joven tucumana por abortar.

La segunda es que la justicia suele fallar para una sociedad en abstracto y no en concreto, alejada de los problemas de la gente. Los jueces no repararon ni en la palabra ni en la historia de Belén ni mucho menos que en este país la principal causa de muerte materna es el aborto clandestino.

La tercera es la importancia que tienen las movilizaciones de la sociedad civil, que cuando sale de la indiferencia y se involucra incide directamente en que la justicia sea más justa.

Por eso este 8 de agosto es tan importante lo que pasa en las calles y plazas de todo el país así como también que el Congreso legisle en concreto y no en abstracto.

Por Catalina de Elía y Federico Delgado, fiscal en el libro “La Cara Injusta de la Justicia”