La reunión Macri- Lorenzetti, “operaciones de un lado y del otro”, y las internas por la presidencia de la Corte Suprema
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La reunión Macri- Lorenzetti, “operaciones de un lado y del otro”, y las internas por la presidencia de la Corte Suprema

La reunión entre el presidente Mauricio Macri y el titular de la Corte Suprema Ricardo Lorenzetti dejó al descubierto hasta qué punto llegan los “amagues” y las “operaciones de un lado y del otro”. Además muestra con toda transparencia la polémica relación entre el Ejecutivo y el titular del máximo tribunal, que lo debe controlar.

En cualquier república de occidente, una reunión de esas características se inscribe en un prolijo protocolo. En nuestro país, ocurren en un marco de informalidad que solo alimenta sospechas; sobre todo, cuando el gobierno necesita emprender una serie de reformas profundas, derivadas del acuerdo con el FMI, que inexorablemente van a pasar por las manos de los Supremos.

Aún haciendo a un lado esas cuestiones formales, a pesar de las tres fotos que se sacó el Gobierno con el Poder Judicial -en abril en la reunión con la Corte, hace una semana en el CCK en el marco del plan “Argentina sin Narcotráfico” y en el almuerzo de esta semana de Macri y Lorenzetti en la Casa Rosada- la relación es bien confusa. Confusa porque no quedan claros los límites entre la institucionalidad y la política partidaria.

Hay más pistas para comprender esto en el “lado b” de la Justicia que en el plano institucional.

Fuentes oficiales diversas le contaron a A24.com que, al menos en forma de “coqueteo”, Lorenzetti le ha deslizado al Gobierno -en varias ocasiones- la idea de dejar la presidencia de la Corte.  De ser efectivamente ello así ¿por qué razón un juez de la Corte comunica una cuestión que hace a la vida interna de la Corte? Las hipótesis son miles. Ninguna es clara.

En cambio, más de un allegado a Lorenzetti desmintió esto al ser consultados por este medio.

Cerca del titular de la Corte hablan de “una opereta” que obedece a causasque se están moviendo por estos días, especialmente previsionales, y que rozan intereses económicos del Gobierno.

Si estas fuentes están en lo cierto, un encuentro de estas características deja muy mal parados al resto de los jueces de la Corte, ya sea porque Lorenzetti funciona como una suerte de embajador para negociar intercambios para-institucionales o ya sea porque los demás cortesanos aparecen subordinados a la voluntad del presidente del tribunal.

Esas mismas fuentes, sienten que Lorenzetti fue objeto de un “ataque”. Creen que “esta vez el ataque no vino de la diputada de Cambiemos Elisa Carrió”, sino que estuvo ligado a funcionarios como Mario Quintana. Casualmente este martes, la Corte Suprema convocó a una audiencia para definir el caso Farmacity en agosto. Y es otra casualidad, porque ese tipo de audiencias en general se hacen para causas que contienen importancia institucional. Por ejemplo, cuestiones de medioambiente, regulación de los medios de comunicación. Y el caso de Quintana es una disputa comercial.

Sin embargo, Carrió -que sigue insistiendo en sus denuncias y pedido de juicio político contra Lorenzetti- no dudó frente a las primeras versiones del encuentro Macri - Lorenzetti. Dijo:  “Por supuesto, se tenía que ir, Lilita opera, chau”. En la Coalición Cívica, ala judicial mayoritariamente “republicana” de la coalición Cambiemos, cayó mal que no sea publicado elobjeto de la reunión.

Lo que es un hecho es la pelea entre santafesinosHoracio Rosatti y Lorenzetti, por quedarse con la presidencia de la Corte. Algunas versiones indican que Juan Carlos Maqueda -que  se preserva con su perfil bajo y con el apoyo del cordobés José Manuel de la Sota-  estaría operando para ser un posible aspirante a la presidencia aprovechando la interna de los santafesinos. Como sea, si realmente la disputa por la presidencia es tan fuerte, ella constituye un indicador de las preferencias de los jueces. Priorizan cuestiones menores, por sobre el alicaído sistema judicial.

Un condimento extra a esta danza dentro de la Corte es el sueño del jefe de la bancada justicialista Miguel Ángel Pichetto para ser ministro de la Corte Suprema. Al menos eso suele decirle a sus colaboradores.

En su etapa de mejor sintonía con el Gobierno de Macri, Pichetto se ilusionaba con que alguno de los cargos de la Corte fuera suyo, como pasó con Maqueda en 2002.

En Cambiemos parecerían no estar muy convencidos de esta idea y hay versiones de que eso hace que el senador colabore menos con el Gobierno. Otros, en cambio, dicen que Pichetto, más que ser miembro de la Corte, aspira a manejarla a través de Maqueda.

Internas, reuniones que sólo por causalidad llegan a la agenda pública, acusaciones recíprocas que se asemejan a las internas de un plantel de fútbol, competencias por los cargos. En fin, la vida de nuestras instituciones se juega en esas disputas. Bien lejos de los problemas sociales.

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