La salida de Lorenzetti: ¿cambio de época o más de lo mismo?
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La salida de Lorenzetti: ¿cambio de época o más de lo mismo?

Nuestra sociedad civil, desde la época colonial, estuvo fragmentada. La historia nos muestra facciones en pujas permanentes por imponer a otros “su” proyecto: Sarmiento vs. Alberdi o liberales conservadores vs. peronistas, del mismo modo que Boca vs. River. El correlato práctico de ello tiene que ver con que cada coalición que llega al Estado impone su burocracia. Impone “su” Justicia. Carlos Menem y su Corte Suprema con una “mayoría automática”. Néstor Kirchner y su Corte “de prestigio y plural”. Mauricio Macri y su Corte de “juristas intachables”.

En el libro que escribimos con el fiscal Federico Delgado, “La cara injusta de la justicia”, contamos cómo desde la formación del Estado nacional cada grupo ha invocado la necesidad de “refundar el país” y cómo la justicia nunca escapó a esa lógica.  Guillermo O´Donnell hablaba de “Estado poroso” a los intereses del poder instituido. Traducido a la justicia, ese concepto explica el eterno oficialismo de los jueces que no investigan al poder de turno sino que toleran las prácticas de los oficialismos, hasta que pasan a ser oposición.

De hecho, uno de los ejes de la campaña de Mauricio Macri durante el año 2015 para competir en las elecciones que lo consagraron Presidente fue la necesidad de restaurar la “calidad institucional”. Pero la intensidad del slogan quedó trunca el 15 de diciembre; cinco días después del triunfo que lo llevó a la Rosada. Ese día designó por decreto a dos nuevos jueces de la Corte Suprema, Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz.  En el afán de construir una Corte intachable omitió los pasos institucionales que consagra la Constitución. Aunque luego retrocedió y los cumplió.

El martes, por decisión de los supremos RosenkrantzElena Highton y RosattiRicardo Lorenzetti dejó la presidencia de la Corte Suprema tras once años en el poder. Sólo tuvo el apoyo de Juan Carlos Maqueda. Quien salió elegido para sucederlo fue Rosenkrantz. El presidente Mauricio Macri se enteró el resultado de la votación por los medios y llamó al ministro de JusticiaGermán Garavano para confirmarlo. Imposible saber qué pensó Macri en ese momento, pero los hechos son contundentes:dos años después de haberlo propuesto por decreto como juez de la Corte, Rosenkrantz presidirá el máximo tribunal.

Lorenzetti estaba desgastado por una fuerte interna con Rosatti desde el primer día en que éste llegó a la Corte.También estaba desgastado por las denuncias de corrupción y pedidos de juicio político de Elisa Carrió y por todo lo que implica el mero paso del tiempo después de tanto tiempo ocupando ese espacio de poder. Sin embargo, aunque en el Gobierno dicen que fue una decisión de la Corte por sus internas, todo esto se parece más a un triunfo judicial de la alianza Cambiemos.

Lorenzetti le dijo a Clarín que “es tiempo de dar un paso al costado”, “los cargos no deben ser nuestro objetivo”.  Julio Piumato, el titular del gremio delos judiciales, lo respaldó en Crónica TV y dijo que “esto es un avance del Gobierno contra el Poder Judicial (...) Lorenzetti había dicho que no iba a apoyar el ajuste”.

En el ala judicial más “republicana” de Cambiemos festejaron. “Es un cambio de época, con Rosenkrantz no podés hablar de un expediente, con Lorenzetti sí se podía”, “Decile a Angelici que pruebe ir a hablar con Rosenkrantz a ver cómo le va”, bromearon algunos. “La renovación de la Corte en su presidencia, es un eslabón más de la lucha por la República, el fin de la impunidad y la extorsión”, dijo Carrió en su cuenta de Twitter.

El 3 de septiembre, día en que las papas quemaban en la Rosada con el dólar a 40 y en el que Cristina Kirchner declaraba ante Bonadio por los cuadernos K, Carrió apareció por los pasillos de Comodoro Py. Había ido a denunciar a Lorenzetti: esta vez por irregularidades en el manejo de la morgue judicial.

Fuentes oficiales le confiaron a A24.com que el Gobierno está “en estado de alerta” porque piensan que Lorenzetti se va a querer vengar. “Lorenzetti usaba la Corte Suprema como una galera de la que sacaba expedientes y ahora tememos que saque uno para mostrar el poder que tiene y también dañar al gobierno”.

Algunos “mal pensados” van incluso más allá y se preguntan si tuvo algo que ver en todo esto la postura de Lorenzetti de salir a jugar tan fuerte con Comodoro Py respaldando a Bonadio en la causa de los cuadernos en la que el establishment, sobre todo los empresarios, están tan complicados. ¿Lo dejaron solo?

Internas, dimes y diretes y acusaciones recíprocas. Como un disco rayado, la vida de nuestras instituciones se juega en esas disputas. Bien lejos de los problemas sociales. Y bien lejos de una pregunta troncal: ¿el cambio deLorenzetti por Rosencrantz es el fin de la impunidad?,  ¿o en realidad es una fase más del ciclo que se viene repitiendo desde la época de la colonia en el que las facciones están en pujas permanentes por imponer a otros “su” proyecto?

Esperanzados en un “realismo crítico” dejemos las respuestas a esas preguntas con un final abierto. Aunque, la nueva administración tiene una gran posibilidad: iniciar un proceso real de transformación desde la cima del Poder Judicial que incluya reformas edilicias, inclusión de tecnología, apertura hacia la sociedad y que de verdad deje a un lado las cuestiones “domésticas” de la familia judicial y en pos de la justicia sustantiva.