Los cuadernos K, las movilizaciones y la necesidad de resignificar los fueros
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Los cuadernos K, las movilizaciones y la necesidad de resignificar los fueros

La movilización del martes, más allá de sus motivaciones e incentivos, muestra que quienes deben poner en movimiento las instituciones no siempre están a la altura de las circunstancias. La presión de la sociedad civil reveló ladistancia entre gobernantes y gobernados.

Más allá de los ocasionales nombres, es evidente que la sociedad reclama un proceso de moralización de instituciones. Precisamente porque no están a la altura de las circunstancias, trivializan discusiones muy profundas y no calibran la importancia de la demanda social.

Quienes fueron a las calles a protestar reclamaban aparentemente por los fueros de Cristina Kirchner y por la inmediata sanción de la ley de dominio, pero en verdad reclaman contra la impunidad.

El martes fue Cristina, en el mediano plazo no lo sabemos, pero sí sabemos que difícilmente la gente abandone las calles.

Desde el lejano verano en que comenzaron las marchas por la reforma previsional en adelante, la presencia popular no cesó en las calles. Ese dato es el que deben mirar las instituciones en general y la justicia en particular.

El debate sobre Cristina es algo más que el allanamiento a su casa y la discusión sobre sus fueros. No conozco las pruebas de la justicia y no quiero discutirlas. El punto es que la democracia como régimen necesita algunos puntos básicos sin los cuales no es posible.

Los derechos civiles y las libertades públicas son las condiciones que permiten la existencia de ciudadanos. Los fueros garantizan que el parlamento pueda sesionar en libertad.

Quienes lo integran deberían dar un debate profundo sobre el punto. Un debate que no solo resuelva los pedidos de la justicia sino que también le explique a la sociedad qué son los fueros en el siglo XXI, para qué sirven y por qué su existencia garantiza la pluralidad en el debate público.

El escándalo de los “cuadernos de las coimas" exige que la Justicia esté a la altura de las circunstancias para que no triunfe la impunidad, pero también que el Congreso resuelva de frente a la sociedad una cuestión tan delicada.

La oscuridad, el apego leguleyo al reglamento, la especulación constante sobre supuestas conveniencias tácticas y demás recursos para eludir el debate solo contribuyen a minar la desconfianza en la política y la democracia es posible por la política.

No enfrentar problemas específicos es fuente de más desprestigio frente a una sociedad atribulada. El desprestigio fomenta la aparición de referentes anti sistema. Frente a casos análogos el ejemplo de Italia (mani pulite) y Brasil (Lava Jato) nos tiene que servir de espejo.

La crisis de las instituciones no puede llevarnos a discutir las instituciones en sí mismas. El Congreso debe explicarnos qué significa ser aforado en el siglo XXI y la Justicia debe demostrarnos que puede hacer su trabajo sin sacrificar la Constitución.