Después de la renuncia de Pablo Moyano a la conducción de la CGT, los gremios más importantes buscan una salida para conformar una nueva conducción. El moyanismo aprovecha la falta de liderazgo entre los Gordos para ganar posiciones. El Gobierno tiende puentes informales.

El mapa sindical está convulsionado. “Hoy todos se están midiendo con todos. Nadie ya tiene confianza con nadie y los puentes están todos rotos entre todos”. Así define la situación de la CGT un operador que suele transitar los pasillos de la central gremial.

En ese marco de resquemores internos se reunieron las principales caras de los Gordos y los Independientes para resolver cómo seguir. No estuvo ningún Moyano; tampoco sus principales aliados. Sólo Juan Carlos Schmid, uno de los triunviros mandó la excusa: tenía programada una cirugía de la boca, así que apagó el teléfono todo el día. Los políticos suelen enfermarse más que el promedio de la gente.

Cuestión de peso

La nueva CGT podría encontrar un aliado inesperado en Juan Carlos Schmid, un hombre de Moyano que hoy muestra algunos gestos de independencia. Schmid asegura a los propios y ajenos que no tiene ningún problema con Hugo, que su problema son sus hijos, particularmente Pablo. “Cree que por una cuestión de sangre puede dirigir la CGT. Eso cae mal porque allá son todos caciques”, analizan cerca de Schmid.

Las actitudes de los hijos de Hugo caen mal al interior de la CGT. Molesta que ellos se muevan en el edificio de Azopardo como si fueran los jefes de la Central. Muchos empleados siguen sus órdenes por encima de las de los jefes formales.

De Pablo critican la virulencia. “Ni Hugo lo puede controlar”, dicen. Sobre Facundo, molesta su perfil mediático. En especial sus actitudes en torno a las reuniones de Comisión Directiva de la CGT: critican que llega una hora tarde y siempre se va media hora antes de que termine, el tiempo exacto para ser el primero en salir y hacer declaraciones para-oficiales a los medios. ¿Celos o críticas reales?

Cerca de los hijos de Moyano se defienden, particularmente a la figura Pablo: “Si él no hubiera levantado la voz con esas formas que tiene, se hubiera aprobado la reforma laboral”.

Los Gordos se alinean

Otro dato gremial central de la semana que pasó es el acuerdo que cerraron los trabajadores de Comercio, con el “Gordo” Armando Cavalieri a la cabeza: 15% en dos cuotas y con cláusula de revisión recién en enero de 2019.

El dato tiene relevancia porque ratifica la alianza de los Gordos e independientes con el Gobierno: 15 % sin gatillo es la obsesión de Macri desde fin del año pasado. Comercio es el gremio con mayor cantidad de afiliados del país.

“Los argentinos están entendiendo que se viene una baja abrupta de la inflación y los gremios se están moviendo en consecuencia”, analizaron desde el Ministerio de Trabajo. ¿Cómo está la relación del Gobierno con los gremios? “Estamos en diálogo con los sectores que representan el 95% de la actividad económica del país. No con aquellos que sólo defienden sus intereses personales”, contestaron fuentes del Ministerio.

En ese marco, el vínculo institucional con la CGT está roto, aunque mantienen diálogos con los “triunviros”, pero como representantes de sus propios gremios. “Si hay diálogo es sectorial, porque la CGT como tal rompió varios acuerdos”, explican.

Todo roto

El futuro de la CGT preocupa a todos: al Gobierno y a los gremios. A todos menos a los Moyano.  “Nosotros tenemos a ‘San Hugo’”, ¿Y ellos a quién tienen? Están buscando santos, pero dónde los van a encontrar”, explica un hombre de Camioneros de trato directo con la familia Moyano. “Los Gordos lo cagaron a Ubaldini, lo cagaron a Moyano, siempre están con el gobierno de turno y en contra de los trabajadores”, describe la fuente.

En definitiva esto lo que muestra es la falta de liderazgos (carismáticos) en el resto de los gremios de la CGT. Ninguno de los dirigentes actuales tiene el perfil para reemplazar a los Moyano; y todos lo saben.

Por eso, un día después de que Pablo abandonara la Comisión Directiva de la Central Gremial, los Gordos e Independientes salieron rápidamente a comunicar que para mayo se intentará conformar una nueva comisión directiva y pusieron paños fríos a la renuncia. “Los camioneros dejan su lugar en la secretaría gremial pero no se van de la CGT”, dijo el triunviro Héctor Daer. “Siempre luchamos por los trabajadores. La unidad de la CGT es fundamental para sostener una posición clara sobre todas las políticas que lleva el Gobierno”, agregó. Y deslizó la idea de que la próxima conducción sea unipersonal para evitar los ruidos que generó el Triunvirato.

Sin embargo, cerca de los Moyano creen que hasta después del mundial no habrá ningún movimiento: “Es imposible que encuentren un líder”.

También hay ruidos en las “62 organizaciones”, organismo que terminó de estallar esta semana, luego de que desplazaran a Mabel Miele, secretaria histórica de Lorenzo Miguel y el “Momo” Venegas. Se cree que en los próximos días terminará de quebrarse.

La CGT está partida de hecho. La pregunta que queda abierta es a quién beneficia esta incertidumbre y si existe o no algún carril para curar esa fractura. Hoy parece que no.