Dora Barrancos, sobre la legalización del aborto: “Si no es ahora será en el próximo capítulo, pero va a ocurrir” 
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Dora Barrancos, sobre la legalización del aborto: “Si no es ahora será en el próximo capítulo, pero va a ocurrir” 


Son días agitados para Dora Barrancos. Es que con el aborto en la agenda pública, su palabra cobra todavía más peso. Barrancos es socióloga, es historiadora, es investigadora, pero sobre todo es una referente a la hora de hablar del feminismo en cualquiera de sus formas. Quizás por eso, cada vez que habla parece una disertación.

En una entrevista con A24.com la directora del Conicet en representación de las Ciencias Sociales y Humanas asegura que aunque el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo no pase la barrera del Senado, "las mujeres ya ganamos porque las estructuras de las mentalizaciones fueron modificadas" con este debate, que aseguró, "puso a las mujeres en la escena política como nunca antes". Con emoción, la intelectual feminista destaca el rol de las jóvenes en la discusión y avisa que "si no es ahora, será en el próximo capítulo".

¿Qué cree que va a pasar con la legalización del aborto en el Senado?

Tengo una apuesta emocional en que esto salga. Por eso, decir que esto va a salir es una suerte de autodefensa. Igual, no me imagino que los senadores puedan contrariar al 65 por ciento de la población de este país. Y sobre todo, no me imagino contrariar mayoritariamente a las mujeres, que están representando un punto notable de atención por parte de los propios políticos. Porque esto nos puso bien en la escena política a las mujeres, como nunca: en otras discusiones parlamentarias hemos sido tangentes.

¿Qué cree que puede pasar si no se aprueba la ley?

Si no sale, en el famoso artículo 86 (del Código Penal) hay tres causales fundamentales para la no punición y una es la salud de la mujer, y no va a faltar quien pida que efectivamente se cumpla el inciso. Yo no me conformo con restablecer lo que tenemos. Por eso, en este momento en el que podemos perder todo, hay que encontrar una variante que le cierre a los que rechazan la ley, pero que no reduzca nuestro propósito.

Igual, nosotras ya ganamos. Ganamos porque el Estado de opinión de las jóvenes quedó. Las estructuras de las mentalizaciones fueron modificadas. Así que, si no es ahora, será en el próximo capítulo, pero va a ocurrir.

¿Por qué cree que el debate en la Cámara alta fue tan duro?

Porque ahí están los representantes provinciales, que están a merced de las solicitudes muy directas de los poderes de cada provincia. Disponen de mucho menos libertad que los diputados, que responden más a la ciudadanía. Tienen que constantemente hacer cavileos con respecto a las lealtades. Los tonos han sido muy graves en el Senado. Ha habido latigazos orales. Fórmulas completamente desquiciadas, en alguna medida.

¿Le llama la atención la fuerte influencia de la Iglesia en este tramo de la discusión?

La Iglesia había estado muy moderada durante el debate en Diputados. Sabíamos que la arremetida exacerbada iba a acontecer ahora. Hay algo que es muy arcaico, que en general los prelados hicieron siempre que se construyeron estas leyes civiles, que fue disponer de toda su carga de modo muy denostativa y con la amenaza de la excomúnica de la Iglesia. Han podido construir una eficaz y prolongada influencia, pero hay que decir que la Iglesia también está con muchas averías.

El hecho que este proyecto haya tenido media sanción en Diputados habla de eso. Nominalmente hay una enorme cantidad de personas que se autodenomina católica, pero la práctica católica no se condice con esta basta identificación. En todo caso, aunque la Iglesia católica sigue ejerciendo ese poder preventivo de veto, también hay que tener en cuenta las otras iglesias, como las neocristianas, en las que podríamos ponderar una oposición más radicalizada.

¿Qué otros poderes presionan en contra de la legalización?

La matriz principal es el orden religioso, pero también hay dilemas de tipo filosóficos que se organizan en torno a un vitalismo fuerte. Además, hay estatutos conservadores poco explicables. El 50 por ciento de las votantes contrarias al proyecto son mujeres. Ahí hay valencias patriarcales muy asentadas. El patriarcado es una convención de masculinidad, pero su fuerza radica en haberle hecho creer a las mujeres que eso es inexorable.

Después, no creo que la resistencia que proviene de la clase médica tenga que ver con una referencia religiosa. Hay algo patrimonial que tiene que ver con la propia medicina y el cuerpo femenino: el cuerpo femenino está bajo caución médica. Para determinadas disciplinas es la medicina la que tutoriza. Y con esto hay una desautorización del orden médico. Por lo tanto hay una sanción moral patriarcal: "Abrió las piernas y después viene a buscar al médico".

¿Qué opina de la crítica de algunos sectores populares que dicen que el aborto es solo una demanda de la clase media?

Las estructuras subjetivas más acendradas feministas no provinieron de los sectores más marginalizados, sino de grupos de clase media, de la misma manera que la consciencia de clase le viene al obrero de afuera. En esta oportunidad tenemos una inclusión de clase mucho mayor que antes, y también inclusión de edades imprevistas.

Es evidente que en esa crítica hay ahí una sostenible fuerza patriarcal. Algunos sectores tienen un esquema de pensamiento muy rancio y no hay una desestructuración de valores patriarcales.

¿La legalización del aborto puede ayudar a acelerar otras demandas del feminismo?

Tengo dudas sobre la aceleración de esos avances. En estas cuestiones suele ocurrir que después de conquistar un derecho tan fuerte, hay una suerte de repliegue. Yo espero que esta vez no ocurra porque acá hay un movimiento adolescente extraordinario que ya promete todas las formas de insurgencia. Tenemos un salto grande: y es la revolución doméstica. Ahí está la clave de la segregación y la discrepancia. Y es hacia donde hay que avanzar.

¿Hay libertad sexual sin aborto?

Hay una problema de salud pública que no se nos escapa, pero también hay problema grave de inhibición de la sexualidad plena de las mujeres. El Estado no puede dejar de apreciar que nos tiene que devolver la libertad sexual y que sea equiparable a la de los varones. El 80 por ciento de los embarazos son contingentes, no han sido queridos. Ahí hay una inhibición, porque así fue el mandato tremendo, tuviste relaciones sexuales, entonces tenés que cargar con las consecuencias.

No puede existencialmente una contingencia transformarse en una necesidad fatal y construir estados amorosos que son obligados. Las mujeres conviven con una fantasmática posibilidad de quedar embarazadas y eso es un inhibidor del deseo.