En septiembre de 2018 el 56% de la población creía que el gobierno podía ganarle la batalla a la inflación. Hoy solo el 36% cree que puede hacerlo. “Podemos estar todo el día hablando de las offshore. Pero para entender qué es una offshore hay que googlear, no es un tema que prenda”, explica un consultor de primera línea cuyos números lee el Gobierno.

Cambiemos tiene su base de representación basada en una mesa de 4 patas, según los estudios de esta consultora: Ganarle a Cristina, la obra pública, la transparencia y la lucha contra la inflación. Las dos primeras siguen intactas. La tercera, dudosa; la cuarta parece perdida.

El problema es que esa pata pega sobre un electorado muy particular: el que no está tan interesado en política y termina eligiendo por su bolsillo.

Pero existe un dato aún más preocupante: hay un 36,3% que quiere que triunfe “una nueva alternativa” en las elecciones 2019 frente a un 36,8% de los argentinos le gustaría que gane Cambiemos. Empate técnico. Sólo un 19,3% quiere que gane el kirchnerismo.

Además, el 37% de los que buscan una nueva alternativa quiere que sea alguien de afuera de la política. Un lugar que habitualmente ocupaba Macri.

Otro número: la consultora Taquion, dirigida por Sergio Doval, revela que casi el 60% de la gente cree que "todos los políticos son mentirosos" y casi el 60% reclama cambios en la gestión del Gobierno. Complicado para un balotaje.

Todos estos datos encendieron las alarmas en los equipos políticos del Gobierno: Macri está dejando de representar a los que habitualmente representaba; básicamente a esa masa de indecisos y apolíticos que no quieren a nadie. Lo más probable es que tampoco vayan a encontrar a ese representante ideal.

"Del otro lado, nada"

A pesar de eso, el Gobierno duerme tranquilo gracias a los últimos movimientos en la oposición.

El peronismo da también malas señales. La semana pasada hubo dos fotos que atentan contra la captación de este público desencantado con el Gobierno de Macri. Es el público al que necesitan convencer si quieren ganar una elección.

La primera fue la de la imagen de Barrionuevo asumiendo como interventor del PJ. Rodeado de dos septuagenarios que fueron renovadores con Cafiero en los 80 y tienen poco margen para seguir renovando: Julio Bárbaro y Carlos Campolongo, que en su momento fue vocero de Antonio Cafiero.

“Falta el cuarto mosquetero para el torneo de bochas”, definió un operador del peronismo de los gobernadores que por ahora se mantienen al margen de toda esta movida. Saben que esto complica sus planes de renovar el partido.

Bárbaro definió a Barrionuevo como un “un sindicalista enamorado de la política”. Se olvidó de la quema de urnas en Catamarca, cuando fue candidato a gobernador y sabía que iba a perder.

En el otro polo de la oposición, hubo esta semana dos intentos de protesta masiva contra el tarifazo. El primero fue un “ruidazo” con escaso éxito popular: se congregaron algunos vecinos indignados en algunas esquinas mayoritariamente porteñas. Mucho ruido, pocas nueces.

Pero la foto que más espanta a los independientes –al 36%- es la del jueves. En una marcha por las tarifas encabezada también por dirigentes con mala imagen entre este electorado.

Pablo Moyano, Pablo Micheli, Roberto Baradel, Leopoldo Moreau y Omar Plaini con antorchas y velas no son una fórmula convocante para el manual de Durán Barba. Por suerte estaba en primera fila Alejandra Darín.

“El peronismo se sigue asentando en cosas que ya no funcionan. Fotos de dirigentes, gestos políticos de autoridad, cosas que ya están viejas… No hay nadie que esté proponiendo algo distinto”, dice un exfuncionario peronista que tuvo fuerte presencia en la última campaña presidencial.

Un ejemplo de esto son los golpes de efecto parlamentarios que busca el peronismo, especialmente en Diputados.

Esta semana habrá un nuevo intento de sesión para voltear el tarifazo energético. Seguramente esta vez sí consigan el quórum, aunque no queda claro si podrán unificar un criterio conjunto entre los distintos peronismos para voltear el plan tarifario del gobierno. Dependerá también si logran sacar dictamen de comisión antes de la sesión.

Pero aunque esta discusión se lleve buena parte de la discusión pública en las próximas semanas o meses, fuentes gubernamental aseguran que Macri va a vetar cualquier ley que afecte su programa de gobierno. Lo hizo en su momento con la ley antidespidos. En el comando político del PRO están convencidos de que hacerlo no mueve el amperímetro electoral.

Acciones buenas para el microclima pero que luego en la práctica no aportan votos.

¿Tiene salida el peronismo? “Los dirigentes tienen que cambiar sus prioridades y aceptar profesionalizar sus campañas. No hay nadie que esté comprometido con ese cambio de estrategia”, considera el exfuncionario y hoy consultor.

Mientras esto no pase, el Gobierno puede respirar tranquilo.