La relación entre el gobierno de Mauricio Macri y los bonaerenses atraviesa un momento crítico. Cambiemos dañó su vínculo con la clase media, un sector determinante del electorado que aceptó pagar tarifas más altas y dejar de ver el fútbol gratis a cambio de no escuchar más discursos por cadena nacional y tener libertad para comprar dólares.

Por Hernan Reyes (*)
*Consultor político. Socio de la consultora Reyes-Filadoro

Ese sector de la población votó en 2015 mayoritariamente en contra de Cristina, seducido por la promesa de unir a los argentinos, eliminar la pobreza y terminar con el narcotráfico.

Aunque entendían que se trataba de expresiones de deseo con escasa o nula probabilidad de concreción, el rechazo que generaba Cristina en esos votantes era demasiado grande. Además, Macri había asegurado en campaña que su equipo de expertos bajaría la inflación a un dígito después del primer año de mandato.

Al cabo de dos años y medio, palabras clave del discurso oficialista como “confianza” y “futuro” perdieron significado en boca de funcionarios que no han logrado producir resultados concretos para resolver los principales problemas de la Argentina, entre ellos, la inflación que resultó ser la más alta, en promedio, desde la salida de la convertibilidad.

La crisis cambiaria y el acuerdo inconsulto con el Fondo Monetario Internacional revivieron el recuerdo de la peor crisis económica, política y social que sufrieron los argentinos desde la vuelta de la democracia. La encuesta de Reyes-Filadoro de mayo en la Provincia de Buenos Aires, revela el temor que late del 65% de los bonaerenses que teme que la historia se repita y el país vuelva a sufrir una experiencia como la del 2001.

La mayoría cree que el rumbo económico es equivocado. Incluso entre los votantes de Cambiemos, prevalece una valoración negativa sobre la dirección de la economía.

El 48% de los votantes de Cambiemos cree que el gobierno debe hacer modificaciones para corregir el rumbo de la economía. A pesar de eso, el gobierno de Mauricio Macri, se empeña en transmitir a los argentinos firmeza y convicción respecto del camino elegido.

Es muy probable que la pérdida de confianza en el oficialismo de un amplio sector de la sociedad, que incluye no sólo a la clase media sino también a sectores vulnerables de la población, empresarios e incluso a muchos de sus aliados políticos, se deba al empecinamiento que demuestra el presidente Macri en sostener una política que profundiza los desequilibrios macroeconómicos y exacerba el descontento social. 

El discurso optimista de Marcos Peña alienta las sospechas porque choca contra la realidad que viven millones de bonaerenses que se sienten empujados por el ajuste, la inflación y los aumentos de tarifas hacia el abismo. El equipo económico, conducido por técnicos graduados en las mejores universidades de Estados Unidos, pero sin experiencia política, choca contra la necesidad de negociar acuerdos que permitan superar la crisis sin generar más pobreza y desigualdad.

Los bonaerenses sienten en carne propia los efectos de la recesión. En los últimos dos meses aumentó 10 puntos porcentuales la cantidad de personas que valora negativamente la economía de su hogar. Detrás de los números estadísticos hay personas que padecen diariamente los problemas de la economía. Para algunos, eso significa perder el empleo, asistir por primera vez a un comedor comunitario para no irse a dormir con hambre o juntar leña para calentar el hogar porque no pueden pagar la factura de gas. Para otros significa renunciar al sueño de la casa propia.

La economía es una ciencia demasiado compleja para el común de los mortales, sin embargo, es cada vez más frecuente escuchar en conversaciones de amigos o en la fila de un supermercado, alusiones al nivel de la tasa de interés de las Lebacs, el déficit de la balanza comercial, la fuga de capitales o la deuda contraída durante estos dos años.

Para recuperar la confianza perdida, el gobierno tiene que mostrar resultados concretos. Los argentinos entienden que se necesita tiempo para resolver los graves problemas estructurales que tiene el país, pero también entienden que se necesita creatividad, voluntad política y sensibilidad social. La idea de que Macri gobierna para los ricos cobra fuerza en un amplio sector del electorado de clase media que ve con impotencia cómo se licúan sus ingresos mientras sectores concentrados de la economía obtienen grandes ganancias sin mucho esfuerzo.

Los aumentos de tarifas fueron aceptados como medidas postergadas e ineludibles por un amplio sector, a pesar de que significaron un golpe brutal para la industria nacional, para las pequeñas y medianas empresas y para la economía doméstica de la población en general. Sin embargo, hasta ahora, no han visto ningún beneficio por esa política, sino más bien todo lo contrario.

La confianza en el gobierno no va a llegar de la mano de los bancos y de los fondos de inversión ni del ajuste, sino de una reactivación real del mercado interno.

El gobierno ha puesto todo el foco en cumplir con las exigencias del FMI y recuperar la confianza del mundo financiero, a pesar de que ha sido hasta ahora el sector más beneficiado por una política económica que genera enormes ganancias para los que especulan y pérdidas siderales para los que producen.

Para recuperar la confianza de la clase media y de los más vulnerables, el gobierno tiene que dejar de exigir sacrificios a los que menos tienen y poner la economía al servicio de los que trabajan. La sociedad espera cambios, más que palabras, medidas concretas que no apunten a calmar la ansiedad de los mercados sino a proteger a la industria nacional, a frenar la inflación y a generar trabajo genuino.

Resulta contradictorio asumir públicamente los errores que llevaron a la crisis económica e inmediatamente después ratificar el mismo rumbo. La mayoría de los bonaerenses opina que el gobierno debe cambiar su postura. A diferencia de Macri, estos votantes no piensan que el barco va a llegar a buen puerto, aun si sobrevive a la tormenta.

Pretender que la oposición convalide el ajuste y comparta el costo de una política económica recesiva es poco realista. El 50% de los votantes en la provincia de Buenos Aires responsabiliza al gobierno por la crisis actual. Sólo un cuarto de ellos culpa al gobierno anterior. Continuar por el mismo sendero es muy riesgoso. Si bien el gobierno cuenta con poco tiempo, aun puede hacer correcciones y lograr el consenso que necesita para terminar su período dejando un país mejor que el que encontró.