Uno de los conceptos clave es la sensibilización central. Este proceso ocurre cuando el sistema nervioso queda en un estado de mayor reactividad frente a las señales de dolor. En la práctica, eso puede hacer que una molestia que antes era leve se sienta más intensa o que el dolor continúe incluso después de que el estímulo inicial haya disminuido. Este mecanismo se estudia en cuadros como fibromialgia, cefaleas, dolores pélvicos y molestias intestinales persistentes.
Defensas, inflamación y comunicación con los nervios
El dolor tampoco depende únicamente de los nervios. Cuando hay una lesión, inflamación o alteración en algún tejido, el sistema inmunitario activa células que liberan sustancias capaces de aumentar o disminuir la sensación dolorosa. La revisión señala que mujeres y hombres pueden responder de manera diferente ante un mismo estímulo inflamatorio.
Esa interacción entre defensas y sistema nervioso se conoce como comunicación neuroinmune. Cuando funciona de forma equilibrada, ayuda al organismo a responder ante un daño y luego recuperar la normalidad. Pero si esa comunicación se altera, el dolor puede mantenerse aunque la causa original haya mejorado o ya no sea tan evidente.
Este enfoque ayuda a entender por qué algunos dolores crónicos no tienen una explicación sencilla en estudios tradicionales. No siempre se trata de una lesión visible, sino de redes biológicas que siguen activas y sostienen la sensibilidad.
La microbiota intestinal también puede influir
Otro factor analizado es la microbiota intestinal, el conjunto de bacterias y otros microorganismos que viven en el aparato digestivo. Estos microorganismos participan en funciones vinculadas con la digestión, la inflamación y la respuesta inmunitaria.
Los cambios hormonales pueden modificar la composición de esa microbiota y las sustancias que produce. Algunas de esas sustancias se relacionan con mayor inflamación y con un aumento de la sensibilidad en órganos internos. Esto resulta especialmente relevante en condiciones como el síndrome del intestino irritable, que puede provocar dolor abdominal recurrente, hinchazón y alteraciones del tránsito intestinal.
En estos casos no actúa un solo sistema. El intestino, el cerebro, las hormonas y las defensas se comunican de manera constante. Por eso, una alteración en una parte del circuito puede repercutir en otra y contribuir a que el dolor persista.
Por qué importa mirar las diferencias biológicas
Durante mucho tiempo, numerosos estudios tomaron al cuerpo masculino como referencia principal y no siempre analizaron los resultados por separado en mujeres y hombres. Esa falta de distinción puede limitar la comprensión de enfermedades frecuentes y dificultar el desarrollo de tratamientos más precisos.
La revisión plantea que el abordaje del dolor crónico debería contemplar variables como el estado hormonal, la actividad del sistema inmunitario y los circuitos nerviosos involucrados. No se trata de pensar en respuestas iguales para todos, sino de entender que una misma sensación de dolor puede tener causas distintas según cada organismo.
Reconocer estas diferencias no significa simplificar el problema ni reducirlo a una sola explicación. Al contrario: permite alejarse de la idea de que el dolor persistente es algo imaginario o exclusivamente emocional, y abre la puerta a diagnósticos y tratamientos más ajustados a la realidad biológica de cada paciente.