“Intentamos mantener una relación de hermanos, pero nos costó. Teníamos una relación de amigos que quedaban para verse y contarse las cosas”, detalló él.
Hasta que llegó el primer acercamiento inevitable.
“Estábamos de fiesta, nos acercamos lentamente y nos dimos nuestro primer beso”, recuerda Ana.
“Estuvimos llorando, nos abrazábamos... date cuenta de que vivíamos juntos. Imagínate que te gusta una chica y, por una cuestión moral, te prohíben estar con ella… pues lo pasas muy mal”. Pero de a poco decidieron dejar los prejuicios de lado, y la relación avanzó.
“La sociedad se rige por unas normas morales y nuestra moral, en el fondo, nos impedía dar ese paso. Y es una tontería ya que, si lo piensas, nuestra relación es como cualquier otra excepto por un libro de familia que dice que somos hermanos de sangre”, coinciden.
Ana y Daniel tienen dos hijos de cinco y tres años de edad. Viven en España y decidieron mandar sus hijos a una escuela Montessori, en donde aceptan todo tipo de familias.
“Allí encuentras a niños de familias monoparentales, con dos madres o dos padres. Es otra filosofía de estudio, otro tipo de mentalidad. Así que, antes de que entrara la niña al colegio, hablé con el director y les conté la historia. Todos la saben”,
Cómo hicieron para tener hijos y cuáles son los riesgos
Antes de ser padres averiguaron los riesgos genéticos que tenían y simplemente decidieron aceptar las posibles consecuencias.
“El ginecólogo nos dijo que, en nuestro caso, el riesgo de que nacieran con algún tipo de enfermedad recesiva es de un 4% mayor que una pareja que no comparte genes”, explica Ana.