El concierto se inauguró en clave latinoamericana (que luego se profundizó en el curso de la noche), con dos interpretaciones sin amplificación y con la cantora debajo del escenario ("Madera a la deriva", de Jorge Drexler, y "Generación", de Fernando Cabrera"). Una suerte de declaración de principios sobre el código de escucha. Un contrato tácito con la audiencia para establecer las condiciones del disfrute.
Prosiguió - ya en el proscenio- una selección de títulos elegidos con deliberada amplitud. El apoyo tímbrico mínimo - acompañamiento de cuerdas con toma de micrófono por aire- le permitió a Monti desplegar los recursos e inflexiones de su instrumento por excelencia - la voz-, pletórica de matices que son difíciles de apreciar en la misma dimensión en otro contexto sonoro.
Allí la noche transitó diferentes climas y territorios. El pulso santiagueño de Cuti Carabajal, la infinita musicalidad litoraleña de Ramón Ayala o las formas musicales bonaerenses que siempre invocó Omar Moreno Palacios.
La voz de Monti pareció encontrar especial sintonía con las voces de otras cantoras latinoamericanas, como ocurrió con "Dueño ausente", del repertorio de Chabuca Granda, o "Acidito", habitualmente interpretada por Cecilia Todd, la inmensa cantante venezolana que atraviesa un delicado estado de salud en su país.
También composiciones propias ("Otra canción para María") y de caligrafía de compositoras contemporáneas ("Linda luna lunea", de Agostina Elzegbe, por ejemplo).
El ciclo "Solita", que viene presentando en distintas ciudades del país, tendrá su continuidad el viernes 8 de marzo a las 20 en el Centro Cultural Munro (Vélez Sarsfield 4650), en el partido bonaerense de Vicente López.
El concierto en el auditorio de la Fundación San Rafael terminó como empezó: a capella, con Monti mezclada entre el público, detrás de la comunión colectiva que sólo puede conjurarse a través de la música.
Tal vez algún desprevenido, castigado por la agresividad de la forma contemporánea de consumir la música (al cabo, desde los dispositivos móviles irrumpen músicas que escuchamos queramos o no, nos gusten o no, meritorias o no), se habrá sorprendido con esa forma más primaria y necesaria de aproximación al hecho estético.