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Cambios en el Consejo de la Magistratura: ¿nuevos vientos o más de lo mismo?

Catalina de Elía
por Catalina de Elía |
Cambios en el Consejo de la Magistratura: ¿nuevos vientos o más de lo mismo?

El Consejo de la Magistratura nació como una brisa de transparencia en la reforma constitucional de 1994. El objetivo de Raúl Alfonsín, su ideólogo, era hacer más transparente la justicia y suplantar el amiguismo por el mérito. Costó mucho tiempo que el consejo funcione. Sin embargo, su desempeño en la práctica estuvo lejos de la idea original.

Tanto en tiempos menemistas, de la Alianza y kirchneristas, esa institución se caracterizó por las demoras en los concursos, por las escasas mejoras al alicaído servicio de justicia y por la “administración” de los conflictos de los jueces “simpáticos” con el poder.

En la era macrista, al menos hasta ahora, las cosas no cambiaron. Salvo el “caso Freiler”, envuelto también en polémicas, fue muy poco lo que hizo la institución y es más lo que no hizo “administrando” los problemas de los jueces simpáticos con el gobierno o lo que concretó para cubrir las vacantes, no siempre siguiendo el sendero del mérito.

En estos días, por los hechos de público conocimiento, el Consejo volvió a ser caja de resonancia. Se alteró la cómoda mayoría de Cambiemos. Fue sustituida por una coalición pan justicialista.

Si miramos para atrás y pensamos en perspectiva el rol real de la institución, la pregunta se impone ¿Cambiaron los tiempos políticos, cambiaron las mayorías y el Consejo está anticipando un desplazamiento más general de la vida política argentina?

Dicho de otro modo, ¿soplarán nuevos vientos en la justicia y por eso habrá que “administrar” nuevas simpatías de los jueces? No podemos saberlo, pero podemos sospecharlo porque los cambios de mayoría anteriores del Consejo se pueden leer en esa clave.La historia se repite

Antes de bucear en las posibles explicaciones veamos los hechos.

El día en el que el Gobierno de Mauricio Macri aceptó la renuncia del juez Norberto Oyarbide, el Consejo de la Magistratura lo investigaba por haber frenado una veintena de allanamientos tras una llamada de un funcionario kirchnerista y estaba muy cerca de destituirlo.

Pero en tiempos K, el juez Oyarbide fue salvado por el Consejo de la Magistratura demasiadas veces. Al menos ochenta. “Zafó siempre porque el kirchnerismo lo protegía pero también porque los jueces -no importa el color político que tengan- se protegen entre ellos”, explicó una de las fuentes consultadas.

En la era Macri, en la que reinó una mayoría oficialista, hubo gestos que parecieron encarnar una cruzada de regeneración moral: la destitución del camarista Eduardo Freiler, manchada por el modo en que se consiguió la mayoría y la auditoría sobre las causas de corrupción.

Sin embargo, todo quedó empantanado y el Consejo se concentró en “tranquilizar” a algunos jueces y en discutir cómo cubrir las vacantes del juzgado que fue de Oyarbide, del de Lomas de Zamora y Hurlingham, casi sin hablar de los resultados de los exámenes...

Tres fuentes judiciales “republicanas” que se sienten “decepcionadas por lo que sucedió el viernes pasado y que no aplauden lo anterior” cuestionan, por ejemplo, por qué tras la auditoría el Consejo no inició de oficio investigaciones si sabían que los jueces durmieron las causas. Estas fuentes definen al Consejo de la Magistratura como un organismo burocrático donde no hay activismo suficiente.

En definitiva, más allá de uno u otro esfuerzo, de uno u otro gesto de algún consejero “republicano”, la promesa original de regeneración moral de Cambiemos en el Consejo de la Magistratura ha brillado por su ausencia, lo hemos destacado a lo largo del año en este espacio llamado “Dos Justicias”.

Aunque con distintas velocidades, investigaciones por presunto mal desempeño de varios jueces, como por ejemplo Ariel LijoRodolfo Canicoba CorralEduardo FarahMarcelo Martínez de Giorgi Juan Carlos Geminiani han naufragado sin ninguna resolución durante la gestión de la mayoría oficialista en el Consejo.  

Por ejemplo, la investigación que estuvo en manos del consejero Leónidas Moldes por presuntos influencias en el voto de Eduardo Farah en el fallo que benefició a Cristóbal López está estancada.

Moldes, recientemente sucedido por el juez Juan Manuel Culotta, no concluyó nada aún y “maquillaron” el escándalo con el traslado del juez a otro tribunal.

El caso del juez Ariel Lijo fue aún más evidente, teniendo en cuenta la causa penal del Correo que está en sus manos, en la que están imputados Macri y el ex ministro de Comunicaciones y actual de Defensa Oscar Aguad y de la que no se conocen noticias desde hace más de un año.

Sobre el “Caso Lijo”, en este newsletter llamamos la atención más de una vez acerca de lo sugestivo que fue que justo este juez haya sido “perdonado” en una investigación por la compra de un terreno en Dolores y la posterior construcción del Haras la Generación - denunciado por el Diario La Nación- por la mayoría oficialista en el Consejo de la Magistratura.

A pesar de que, por el impulso de Elisa “Lilita” Carrió, el consejero Mario Pais, hoy sucedido por el senador Miguel Ángel Pichetto, obtuvo una nueva denuncia en contra de Lijo por su evolución patrimonial hasta el momento se observó una simbiosis entre lo que pasaba en el Consejo de la Magistratura y en la causa del Correo.Simpatía y tranquilidad

Para el colega Carlos Pagni el hecho de que se haya formado una mayoría peronista para que un representante de La Cámpora (Wado De Pedro) con uno del Frente Renovador (Graciela Camaño) ocupen la representación mayoritaria de la cámara de Diputados en el Consejo es importante porque si había una línea divisoria que separaba al kirchnerismo del peronismo no K la misma tiene que ver con la corrupción que se le imputa al kirchnerismo.

Y esa divisoria de aguas tan nítida que organizó la política peronista se borró cuando el peronismo no K se alió para tratar un tema neurálgico: sancionar la corrupción a través del Poder Judicial con el kirchnerismo.

Algunas autocríticas de los sectores más republicanos de la coalición Cambiemos se basan en no haber visto venir la alianza que se estaba tejiendo entre los distintos sectores del peronismo.

“Cuando dejaron afuera a Elisa Carrió afuera de la Comisión Bicameral para controlar a los fiscales nos dieron una señal que no vimos”, dicen.  También se “autocritican” por la falta de contundencia en las acciones en el Consejo de la Magistratura.

“La sociedad no percibe un cambio, que los jueces importantes nunca tienen una sanción cuando hacen mal su trabajo, hay una ausencia de consideración del Consejo en la sociedad, es un tema muy lejos a sus intereses”, se lamentan.

Según la encuesta publicada en A24.com por Pablo Winokur sobre la Estabilidad Social del Conurbano, la corrupción no está al tope de las principales preocupaciones de la gente. Solo le preocupa al 13%, después de la inflación, los bajos salarios, la falta de trabajo y la delincuencia.

Más allá de las visiones sobre estos movimientos, lo concreto es que si nos atenemos a los cambios en clave histórica, el Consejo “administró” los problemas de los jueces “simpáticos” con el gobierno para darles “tranquilidad”, de modo de ratificar esa costumbre judicial de no investigar al poder en el poder hasta que lo abandone.
Si la historia se cumple una vez más, probablemente se acerquen cambios de “simpatías”.