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Irreconocible

Exilio, persecución y la pérdida de una vida: el detrás de escena del Programa de Protección de Testigos

30 de octubre de 2019 - 19:19
Exilio, persecución y la pérdida de una vida: el detrás de escena del Programa de Protección de Testigos

En innumerable cantidad de oportunidades hemos escuchado la nomenclatura “testigo protegido”. En esos términos se encarna la necesidad de un ocultamiento de identidad por miedo a posibles represalias o, simplemente, para resguardar la intimidad de una persona que ante dar a conocer su testimonio, puede ver inmensamente modificada su vida.

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En esta oportunidad, la historia la dio a conocer la periodista de América TV Tucumán, Mariana Romero. Trata acerca de una mujer que tomó la decisión de ingresar al Programa de Protección de Testigos hace poco más de cinco años y, pese a haber renunciado en 2017, aún no puede salir del calvario que le significó esa decisión.

Su nombre no se conoce. Su denominación actual es F081014. Ella fue una de las tantas mujeres que sufrió el calvario del “Clan Ale” en Tucumán. Trata de mujeres, prostitución, asociación ilícita, narcotráfico, usura y extorsión. Los jefes de esta “organización” delictiva eran los hermanos Rubén “La Chancha” y Ángel “El Mono” Ale.

Los hermanos contaban con una fuerte vinculación política, lo que derivó en denuncias posteriores al, por entonces, presidente del Concejo Deliberante de Tucumán, Armando "Chacho" Cortelezzi y al fiscal de Cámara Alejandro Noguera, ambos por proteger al clan.

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Clan Ale

En ese punto, F081014 tenía dos caminos: optar por el silencio y mantener para su adentro el calvario vivido sabiendo que sería ese silencio su escudo ante las amenazas; la otra, aceptar ser “testigo protegido” y avanzar con el programa sin saber que sería su condena.

Debido a la gravedad de su testimonio y el posible riesgo que corría permaneciendo en la provincia, a ella y a sus hijos se los trasladó a otra provincia y se les brindó nuevos documentos de identidad. Además, a F081014 se le asignó un responsable llamado Gustavo Torrent.

El poseer nuevos DNI le impidió reinsertarse en el mundo laboral. Rápidamente, siempre saltaba en los sistemas que esa persona no había existido jamás antes. N siquiera aparecía en los sistemas de salud. Nada. La primera dificultad ya estaba entre la “solución” que le había brindado el Estado. La otra, impensada, era la única persona en la que podía confiar por parte del Estado: el propio Torrent.

Gustavo Torrent empezó a acosarla. Intentó abusarla. La primera denuncia fue en el año 2015. F081014, debido a su condición de testigo protegido, no tenía acceso a los directivos del Programa. Fue por eso que tuvo que ir directamente hasta su director, Darío Díaz.

La respuesta fue tan grave como la denuncia en sí. Romero afirma que Díaz le dijo: “Gustavo está enamorado de vos”. F081014 esperó al cambio de gestión. Díaz se fue de la dirección del Programa y ya con nueva conducción decidió retomar la denuncia. Torrent, que había entrado a trabajar en 2009, sólo recibió un pequeño sumario administrativo y logró evadir el cambio de conducción.

La suerte de F081014 estaba echada. Más sabiendo que no era la única persona que lo había denunciado, la mayoría de testigos protegidas en casos de trata, a la Procuraduría de Investigaciones Administrativas.

Las situaciones vividas la estaban desgastando. Cambió de provincia, sin posibilidades laborales por su identidad, rehacer su vida tras haber vivido un infierno, entre otras. No fue todo. Al menos en dos oportunidades quisieron secuestrarle a su hijo. Unas personas lo siguieron en una camioneta e intentaron llevarse al hijo. Él logró evadirlos. Ella intentó realizar la denuncia correspondiente, pero… Con un DNI falso, sin poder explicar porque tenía ese documento.

Sin poder aclarar porque no aparecía en ningún registro legal. Siendo una fantasma que, simplemente, había aparecido en un momento dado y decidía denunciar un intento de secuestro por parte de personas que ella conocía muy bien, pero que tampoco podía decirles quienes eran porque daría a conocer su verdadera situación. Un laberinto sin salida. Literal. La situación volvía a repetirse y no había salida.

Así fue que en 2017, en peno juicio contra el Clan Ale, decidió salir del Programa de Protección de Testigos. Poco antes, presentó su testimonio, a través de una videoconferencia, Ángel “El Mono” Ale realizó tal escándalo que tuvieron que retirarlo de la sala. Al día siguiente, cuenta Romero, el Tribunal le revocó la prisión preventiva a los Ale.

Estaban libres y acababan de escuchar, envueltos en ira, cómo el testimonio de ella los hundía en el juicio en su contra. No sólo eso, sino que el tribunal decidió retirarle a F081014 la custodia especial que tenía de Gendarmería.

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"Mono" Ale en el Juicio en Tucumán

Sin custodia. Sin protección siendo testigo “protegida”. Sin ser escuchada por parte del Estado, sin garantías, renunció al Programa. Allí creyó que el calvario habría acabado. Pero no tenía DNI. No tenía identidad. La Justicia no le había restituido su antiguo documento y ya no le servía el actual. En su trabajo figuraba con otro nombre.

El precio de recuperarse a sí misma fue quedar en la calle con sus hijos. No fue todo. Sus hijos habían cursado la escuela con otros nombres. Con sus antiguos DNI, por lo que al momento de un cambio de DNI, la estructura escolar no le reconoce los años cursados. Tampoco puede volver a Tucumán. A su tierra. A su lugar en el mundo. Hasta su padre se enfermó y ni siquiera pudo viajar a estar a su lado. Su llanto es a la distancia.

Su pelea ahora no es contra su pasado, es contra su futuro, es decir, su pelea es contra el Estado. Para que la reconozcan, para que le devuelvan la vida que entre un clan de delincuentes y funcionarios deshonestos habían empezado a quitarle. La lucha de F081014 continúa. No se detiene. Seguramente, tenga muchas más páginas por escribirse.

Nota escrita con información de Mariana Romero, periodista de América TV Tucumán.

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