El PRO logró consolidarse como una fuerza política “moderna” a partir de una gestión bien valorada en la Ciudad de Buenos Aires, una alianza eficaz con la UCR que le brindó la estructura necesaria para expandirse al resto del territorio nacional y una gestión de marca minuciosamente administrada. El kirchnerismo, por otro lado, construyó su poder a partir de un relato épico basado en los pilares centrales de la doctrina justicialista, la ampliación de derechos y medidas populares de corte nacionalista como la estatización de la AFJP o la nacionalización de empresas que habían sido privatizadas durante el gobierno de Carlos Menem.
En ambos casos, la clave para lograr el apoyo necesario de la población, fue armar un frente suficientemente amplio, identificar claramente al adversario y elaborar un mensaje emotivo.
De esta forma, desde la crisis institucional de 2001 hasta ahora, se fue estableciendo un escenario que quedó cristalizado hoy en dos coaliciones dominantes: Cambiemos y el Frente para la Victoria.
Cuando falta un año para las próximas elecciones presidenciales, muchos se preguntan si la coalición gobernante soportará los embates internos del radicalismo y si el peronismo logrará alinearse bajo una misma bandera para enfrentar al oficialismo. El gobierno de Mauricio Macri tiene tanto interés en fomentar la fragmentación de la oposición para diluir el voto opositor, como el peronismo en alentar la fractura de Cambiemos.
La estrategia de dividir el voto, que tan buen resultado le redituó al oficialismo en las últimas dos elecciones, podría repetirse en 2019. Vale recordar que el kirchnerismo no volvió a ganar una elección desde que Sergio Massa abandonó al Frente para la Victoria en 2013 para conformar su propio espacio político. Sin embargo, la fuerte recesión económica y las causas de corrupción están generando un nuevo escenario de polarización entre las dos coaliciones que podría producir un resultado distinto al esperado en la próxima elección presidencial.
Sin dirigentes carismáticos ni propuestas convocantes, el radicalismo optó en 2015 por la mejor opción que tenía a su alcance para acariciar el poder nuevamente. El apoyo de la UCR fue clave para captar el voto de la clase media y allanar el camino de Mauricio Macri a la Casa Rosada.
Aunque las rispideces dentro de Cambiemos existieron desde el primer día, la alianza sobrevivió porque primó siempre el pragmatismo por encima de las diferencias ideológicas. Si Cambiemos termina su mandato indemne ¿será porque existe un grado importante de cohesión ideológica entre la UCR y el PRO o será simplemente porque la UCR no tiene mejor opción? El radicalismo no cuenta con un candidato competitivo para pelear una interna dentro de Cambiemos. Según la última encuesta nacional de Reyes-Filadoro, Martín Lousteau tiene una intención de voto de 5% a nivel nacional.
Por otro lado, el Frente para la Victoria tiene el desafío de explicarle a la sociedad “para qué” quiere volver a gobernar y revertir la opinión que tienen muchos votantes de que su única motivación es reemplazar a Macri en el ejercicio del poder. Si el único límite que tiene el peronismo es Macri, difícilmente logre seducir al electorado independiente que espera un poco más que eso.
Después de cuatro años como oposición, el peronismo no ha producido nuevos cuadros ni ha actualizado sus ideas. La opción más competitiva para pelear la elección sigue siendo la ex presidenta, considerada por el 60% de los argentinos como la principal opositora al gobierno de Mauricio Macri. El apoyo que conserva Cristina Kirchner y la ausencia de alternativas competitivas, expresa, en gran medida, la dificultad estructural que tienen los espacios políticos para generar nuevos liderazgos.
Aunque la baja popularidad del presidente Macri supone, a priori, una oportunidad para la oposición, el oficialismo podría conservar el poder en 2019 si la economía repunta y el peronismo no genera una propuesta superadora que sintonice con las expectativas de un sector del electorado que está decepcionado con el gobierno pero siente un fuerte rechazo por Cristina. El 52% de los votantes cree que Cristina es culpable de los delitos por los que está procesada en la justicia y eso supone un límite importante, aunque no infranqueable, en un potencial escenario de balotaje.
No basta con lograr la unidad de sus dirigentes. Para asegurar un triunfo en 2019, el peronismo debe demostrar que aprendió de sus errores y generar un mensaje positivo que trascienda a su base electoral y entusiasme a los argentinos de clase media desencantados con el cambio propuesto por la coalición gobernante. El peronismo requerirá más que nunca combinar la razón con la pasión.
El autor, Hernán Reyes, es director de la consultora Reyes - Filadoro.