icons
Cotización dólar:
Compra
--
Venta
--
BUENOS AIRES
T. --
H. --
POLÍTICA

El sistema de salud entra en "alerta naranja": datos, proyecciones e incógnitas

El sistema de salud entra en
Codo con codo: el saludo de Alberto Fernández a Marisa Saravia, la enfermera que padeció COVID-19 por 60 días.

Ya no tiene sentido seguir mirando la curva de contagios. Ahora las variables a las que hay que prestarle atención son dos: la ocupación de camas en el sistema de salud y el porcentaje de muertos. Esas dos cifras son las que verdaderamente reflejan la evolución actual del Covid-19 en la Argentina.

Con una tasa de positividad en los test superior al 30%, todo indica –según los especialistas- que se está testeando poco y que hay mucho más virus dando vuelta del que se muestra en los números. El Estado no parece tener capacidad para testear más, aunque tampoco explican por qué.

El ingeniero Tomas Pueyo habla de “El Martillo y la Danza” para vencer al coronavirus. El martillo es la cuarentena para ganar tiempo; la danza es aprender a convivir, fortalecer el sistema de salud, rastrear contactos estrechos, aislarlos, testear mucho. En la Argentina se hizo lo primero pero no lo segundo… o al menos no lo suficiente.

Es parte del desgaste de la cuarentena. Un contrato que se rompió: los ciudadanos hicieron su parte pero no están seguros de si el Estado hizo la suya.

Dos encuestas no publicadas aseguran que la popularidad de Alberto se está cayendo: promedia el 55% de aceptación lejos de aquel 92%. No es una caída irremediable, pero el divorcio es evidente cuando se segmentan esas encuestas por voto 2019. Alberto perdió apoyo entre los votantes de Juntos por el Cambio y unos pocos votantes “blandos” del Frente de Todos que se entusiasmaron por su moderación en los primeros meses de gestión.

  • El anuncio de expropiación de Vicentin lo dejó mal parado en ese segmento y agitó los peores fantasmas del kirchnerismo de 2007 a 2015 que él había prometido desterrar.
  • Quebró la tregua que el kirchnerismo había tenido con el campo santafesino, provincia en que Alberto le ganó sorpresivamente a Macri. Dato: Alberto había ganado por tres puntos en General Obligado, donde funciona Vicentin.
  • Se evidencia la falta de plan respecto a cómo continuar con el manejo de la pandemia.
  • La falta de definiciones respecto a la apertura de la cuarentena: quedó muy pegado a la postura de Axel Kicillof que deterioró en parte su alianza con la clase media y con Horacio Rodríguez Larreta.
  • La falta de definiciones de un paquete económico que confirme que el Estado se va a hacer cargo de aliviar los problemas de los que no pueden trabajar.
  • La (eterna) falta de resolución por el problema de la deuda.

El Estado (Alberto, Axel, Horacio) nos prometió que nos encerrábamos todos para fortalecer el sistema sanitario. En tres meses no hubo un solo reporte claro y ordenado que explicara en qué consistía ese fortalecimiento, qué se hizo, qué falta. Apenas gacetillas de prensa indicando que vamos bien, que se entregan respiradores, que se ponen camas en clubes.

En las últimas horas, el Ministerio de Salud filtró un supuesto informe reservado de ocupación de camas en el conurbano que cayó muy mal entre los intendentes: “Quiso generar la advertencia de que no se puede flexibilizar nada, pero ahora se vino el miedo y es peor”, dijeron cerca de uno de ellos.

Un dirigente de la Unión Argentina de Entidades de Salud, que agrupa a sanatorios, prestadores, financiadores y clínicas privadas, es claro al hacer el diagnóstico: “Si tuviéramos camas infinitas, no haría falta ninguna cuarentena”. Otra vez, como al principio, el problema sigue sin ser el virus en sí, sino que el sistema de salud aguante lo que venga.

En Ciudad insisten en que el sistema está preparado. La ocupación de camas del sector público para Covid-19 está en el 50% (150 camas ocupadas de 300). Pero esta semana se incorporarían 100 camas más, lo que aumentaría un 25% la capacidad del sistema. El 30% de las personas se atiende ahí: el otro 70% está en obras sociales y prepagas.

En el sistema privado aseguran que ampliaron un 15% su capacidad total y redistribuyeron los servicios “Todos hicieron esfuerzo para mejorar su capacidad instalada, circuitos, equipamiento de la gente, la forma de atender… Se prepararon más allá de las posibilidades que tenían”, aseguran fuentes del sector.

Se reservaron el 50% de camas para temas generales y el resto es para Covid-19. Toda la actividad en clínicas y sanatorios bajó: hay pocas intervenciones programadas, casi no hay derivaciones virósicas por fuera del coronavirus.

Durante el primer tiempo de la cuarentena las instituciones estaban desiertas, dicen fuentes del sector. Pero en las últimas 4 semanas se triplicaron las internaciones. “No es un alerta rojo, pero sí un alerta naranja”, explican.

Estimaciones sectoriales, indican que el sector privado de salud podría colapsar en 4 o 5 semanas si se mantiene este ritmo de contagios. El problema es que no se sabe si la curva se va a mantener estable o si está en aumento. El riesgo es que si no se toman medidas antes, después el virus se vuelva incontrolable. Hoy la única medida conocida y efectiva es la cuarentena.

Esta semana la Ciudad de Buenos Aires empezó a detallar cuántos de sus contagiados pertenecen a geriátricos (los de mortalidad más alta) y cuántos son trabajadores de salud. Otro alerta naranja. Cada vez que un trabajador de la salud aparece como contacto estrecho de un infectado debe aislarse por hasta 21 días. Las camas vacías no sirven para mucho si no hay quien las atienda.

Testeos y problemas

“Eran 20 mil camas en lugar de 10 mil. En marzo encerraste a la gente y no hiciste nada”, advierte Marcelo Peretta del sindicato de los farmacéuticos y bioquímicos, muy crítico de la gestión sanitaria de Alberto Fernández. Tiene a su vez otra pelea personal. Cuando avanzaron con los test rápidos dejaron afuera a su gremio. Por esto le metió una denuncia penal a Ginés González García.

Peretta advierte que los test para aumentar las pruebas de laboratorio están pero que el Gobierno decidió no usarlos: “La decisión política fue testear poco para tener poco e informar poco. Los 170 mil test de China, los hicieron sin bioquímicos y dieron todos negativos. Ahora, los que sobran están todos guardados en un cajón. Sobran los test y hay capacidad operativa para hacerlos”, aclara.

“No hacer testeo significa mentir. Eso es autoritario y está avalado por el ego de los infectólogos”, dispara Peretta. Evidentemente, alguna interna hay ahí.

El bioinformático Rodrigo Quiroga pide volver a la cuarentena estricta y tomarse dos semanas para redoblar los esfuerzos de rastreos de casos: implicaría generar equipos de 2500 personas en ciudad y 2500 en provincia que puedan contactar a todos los casos estrechos de los contagiados para que se aislen y no propaguen el virus.

Para eso el Estado tendría que ser muy claro respecto de los objetivos de la nueva cuarentena. El contrato anterior se incumplió. Se decidió el aislamiento pero faltó un plan. Ni sanitario, ni económico ni político. ¿O no se sabía que el virus iba a penetrar mayoritariamente en el Amba? En el resto del país, hasta ahora, la estrategia fue exitosa.

El ministerio de Salud de la Nación se encargó de dar reportes vagos, sobre la evolución de la pandemia. No se informa cuántas camas hay disponibles pero nos dan instructivos de cómo tener sexo virtual.

Dijeron que no hacía falta testear más, que la OMS decía que así estaba bien, que si daba entre el 10 y el 20% de positividad era que estábamos testeando bien. Ahora estamos en el 30 o 40% y no hay mea culpa.

En tres meses, la mesa chica de consultas del Gobierno para ver cómo manejar la pandemia y la cuarentena fue con “expertos infectólogos”: no hay una mesa de psicólogos, ni fisioterapeutas, sociólogos, ni especialistas en educación, ni gerontólogos, ni economistas de otros pensamientos. Tampoco integró al equipo asesor a prestadores de la salud privada que atienden, como se explicaba antes, al 70% del sistema. Ni a los bioquímicos que dicen que podrían optimizar el plan de testeos.

Alberto llegó a tener el 77%, el 87%, el 92% de imagen positiva. Fue durante unos meses el presidente más popular de la historia. Pero algo se resquebraja. “Tratemos de ponernos de acuerdo los argentinos sobre la necesidad de resguardarnos, quedarnos en casa. Para resolver los problemas e la economía tenemos tiempo, el Estado no va a dejar de socorrer a nadie”, dijo el viernes a la TV pública. No parece ser la situación actual.

Un informe del Observatorio Pyme indica que:

  • La cantidad de empresas que está “no operativa” bajó al 15% en mayo (era 54% en abril). El porcentaje sube al 22% en las Micro Pymes
  • Solo el 20% de las empresas tiene al 100% del personal activo. La mitad tiene al menos al 30% de su personal inactivo
  • Entre las no operativas, el sector construcción pica en punta. Es uno de los que más empleo genera.
  • 20 mil Pymes todavía esperan autorización para operar porque no les aprueban el protocolo anti Covid.
  • 27 mil no presentaron ningún protocolo por problemas organizativos o de incapacidad para invertir. Muchas pymes ya estaban quebradas antes de la pandemia. ¿Qué asistencia les da el Estado para poder implementar nuevos esquemas de producción?.
  • 4% no puede abrir porque les traban, dicen, las autorizaciones en los municipios. El número es chico pero preocupa la burocracia del Estado para resolver problemas urgentes.

La política, mientras tanto, se enteró hace 15 días de que empezó la pandemia. Fue cuando se contagió Martín Insaurralde, intendente de Lomas. Después siguieron María Eugenia Vidal, Alex Campbell y otros funcionarios porteños que habían estado en una comida con ella. El Boletín Oficial no incluye a la rosca política como actividad económica exceptuada. Larreta y Máximo Kirchner también tuvieron que hisoparse.

La política durante este tiempo fue ajena a todo tipo de cuidados personales: era difícil que se pusieran el barbijo para las fotos e imposible que lo mantuvieran puesto cuando las cámaras se apagaban.

Lejos de mostrarse comprensivo, Alberto eligió pelearse con los que sufren la cuarentena en sus distintas facetas. “Querían salir a correr, salgan a correr. Querían salir a pasear, salgan a pasear. Querían locales de ropa abiertos, abran los locales. Pero estas son las consecuencias”, dijo –desencajado- el miércoles en una entrevista con Telefe.

Alberto lo dijo sin entender; con la distancia de quien no vivió la cuarentena en carne propia. Como cuando Macri desconocía los problemas económicos de la gente y les hablaba del cemento o minimizaba los 200 pesos menos por mes que cobraría un jubilado ante un nuevo ajuste.

Alberto se enojó con los ciudadanos, especialmente con la clase media porteña; como Macri en aquel discurso del 12 de agosto que le tiró más leña al fuego.

La política quedó muy lejos de la gente. Santiago Cafiero –que este jueves fue al Congreso sin barbijo a presentar su informe mensual- había reunido hacía dos semanas a sus ministros en una gran fiesta de empanadas y vino nacional y popular. La convención -mitad sociorecreativa mitad laboral- no respetó ninguno de los protocolos establecidos por la cuarentena del Covid-19. Las empanadas fueron adquirdas en el restaurante Santa Evita. Dos semanas después, el local fue denunciado por sus trabajadores por falta de pago e incumplimiento de protocolos sanitarios.

¿Te gustó esta columna? Suscribite a La Jungla del Poder haciendo click abajo de la foto. Te llega a tu mail dos veces por semana.
¿Te gustó esta columna? Suscribite a La Jungla del Poder haciendo click abajo de la foto. Te llega a tu mail dos veces por semana.

¿Te gustó esta columna? Suscribite a La Jungla del Poder haciendo click acá de la foto. Te llega a tu mail dos veces por semana.

por Pablo Winokur @pablowino
En esta nota:
SUBIR

NWS

Ovación

Show