Trends

Dolor crónico: por qué puede afectar más a las mujeres y qué explica la ciencia

Una revisión científica señala que las diferencias en hormonas, defensas, cerebro e intestino pueden influir en la forma en que se percibe y se sostiene el dolor.

05 de octubre de 2026 - 09:29
Dolor crónico: por qué puede afectar más a las mujeres y qué explica la ciencia
Dolor crónico: por qué puede afectar más a las mujeres y qué explica la ciencia. (Imagen ilustrativa)

El dolor crónico no es solamente una molestia que dura más de lo esperado. En muchas personas se transforma en una condición persistente que afecta la rutina, el descanso, la movilidad y la calidad de vida. La ciencia viene observando que algunas enfermedades asociadas al dolor, como la fibromialgia, la endometriosis, el síndrome del intestino irritable y las migrañas, aparecen con mayor frecuencia en mujeres.

Una revisión publicada en la revista Science analizó posibles explicaciones biológicas para esa diferencia. El trabajo apunta a una combinación de factores: cambios hormonales, respuestas del sistema inmunitario, funcionamiento del sistema nervioso y composición de la microbiota intestinal. La idea central es que el mayor impacto del dolor en mujeres no se explica por una supuesta menor tolerancia ni por causas psicológicas aisladas, sino por mecanismos físicos que pueden modificar cómo el cuerpo detecta, amplifica y procesa las señales dolorosas.

El papel de las hormonas en la sensibilidad al dolor

Las hormonas sexuales cumplen funciones que van mucho más allá de la reproducción. A partir de la pubertad, los estrógenos y la progesterona participan en procesos que involucran al sistema nervioso, el intestino y las defensas del organismo. Según la revisión, esos cambios pueden influir en el umbral del dolor, es decir, en el punto a partir del cual un estímulo empieza a sentirse como doloroso.

Los estrógenos, por ejemplo, pueden favorecer que ciertos estímulos se perciban con más intensidad. También pueden actuar sobre estructuras como la médula espinal y el cerebro, encargadas de recibir e interpretar las señales que llegan desde distintas partes del cuerpo.

Uno de los conceptos clave es la sensibilización central. Este proceso ocurre cuando el sistema nervioso queda en un estado de mayor reactividad frente a las señales de dolor. En la práctica, eso puede hacer que una molestia que antes era leve se sienta más intensa o que el dolor continúe incluso después de que el estímulo inicial haya disminuido. Este mecanismo se estudia en cuadros como fibromialgia, cefaleas, dolores pélvicos y molestias intestinales persistentes.

Defensas, inflamación y comunicación con los nervios

El dolor tampoco depende únicamente de los nervios. Cuando hay una lesión, inflamación o alteración en algún tejido, el sistema inmunitario activa células que liberan sustancias capaces de aumentar o disminuir la sensación dolorosa. La revisión señala que mujeres y hombres pueden responder de manera diferente ante un mismo estímulo inflamatorio.

Esa interacción entre defensas y sistema nervioso se conoce como comunicación neuroinmune. Cuando funciona de forma equilibrada, ayuda al organismo a responder ante un daño y luego recuperar la normalidad. Pero si esa comunicación se altera, el dolor puede mantenerse aunque la causa original haya mejorado o ya no sea tan evidente.

Este enfoque ayuda a entender por qué algunos dolores crónicos no tienen una explicación sencilla en estudios tradicionales. No siempre se trata de una lesión visible, sino de redes biológicas que siguen activas y sostienen la sensibilidad.

La microbiota intestinal también puede influir

Otro factor analizado es la microbiota intestinal, el conjunto de bacterias y otros microorganismos que viven en el aparato digestivo. Estos microorganismos participan en funciones vinculadas con la digestión, la inflamación y la respuesta inmunitaria.

Los cambios hormonales pueden modificar la composición de esa microbiota y las sustancias que produce. Algunas de esas sustancias se relacionan con mayor inflamación y con un aumento de la sensibilidad en órganos internos. Esto resulta especialmente relevante en condiciones como el síndrome del intestino irritable, que puede provocar dolor abdominal recurrente, hinchazón y alteraciones del tránsito intestinal.

En estos casos no actúa un solo sistema. El intestino, el cerebro, las hormonas y las defensas se comunican de manera constante. Por eso, una alteración en una parte del circuito puede repercutir en otra y contribuir a que el dolor persista.

Por qué importa mirar las diferencias biológicas

Durante mucho tiempo, numerosos estudios tomaron al cuerpo masculino como referencia principal y no siempre analizaron los resultados por separado en mujeres y hombres. Esa falta de distinción puede limitar la comprensión de enfermedades frecuentes y dificultar el desarrollo de tratamientos más precisos.

La revisión plantea que el abordaje del dolor crónico debería contemplar variables como el estado hormonal, la actividad del sistema inmunitario y los circuitos nerviosos involucrados. No se trata de pensar en respuestas iguales para todos, sino de entender que una misma sensación de dolor puede tener causas distintas según cada organismo.

Reconocer estas diferencias no significa simplificar el problema ni reducirlo a una sola explicación. Al contrario: permite alejarse de la idea de que el dolor persistente es algo imaginario o exclusivamente emocional, y abre la puerta a diagnósticos y tratamientos más ajustados a la realidad biológica de cada paciente.

Compartir
Facebook
Twitter
Whatsapp

Noticias más leídas

Más sobre Trends