La investigación derivó en allanamientos y en la detención de Páez, por orden del juez de Control y Garantías, Silvio Salice. El operativo final se realizó en una propiedad ubicada sobre la calle Alvear, en el barrio Alberdi de la capital santiagueña.
Durante el procedimiento también fue detenida Batule, señalada como presunta coautora del hecho. Entre los elementos secuestrados se encontraron $632.600 en efectivo y una camioneta Toyota RAV4, propiedad del empresario.
Los efectivos también incautaron prendas que, según la investigación, Páez habría llevado el día del episodio: un buzo gris con rayas blancas, una campera azul y otra turquesa. Ambos quedaron alojados a disposición de la Justicia, a la espera de ser indagados por el fiscal Emanuel Sabater.
La detención se suma a otro episodio que tuvo una fuerte repercusión pública en abril de este año. En aquel momento, Mariano Páez quedó envuelto en un escándalo después de que se difundieran imágenes de una salida nocturna en Oculto, un conocido bar bailable del centro de Santiago del Estero.
En los videos, el empresario aparecía realizando gestos similares a los de un mono, en una secuencia que recordó al episodio por el que su hija había sido acusada de injuria racial en Brasil. Las imágenes se conocieron poco después del regreso de Agostina a la Argentina, tras permanecer retenida en Río de Janeiro.
Durante aquella salida, Páez también se refirió a la multa de US$18.000 que su hija había pagado para poder regresar al país y aseguró que él había afrontado ese monto. Además, lanzó fuertes críticas contra el Estado.
“Yo al Estado le tengo asco, yo no vivo de la política. Soy empresario, millonario y usurero. Y narco… narco, privado”, expresó en aquella grabación.
Tras la difusión de las imágenes, Páez sostuvo que los videos habían sido realizados con inteligencia artificial. Sin embargo, su hija publicó posteriormente un descargo en redes sociales para tomar distancia de sus declaraciones y de lo ocurrido.
El nombre de Agostina Páez adquirió repercusión internacional después de que se viralizara un video en el que realizaba gestos similares a los de un mono hacia trabajadores de un bar de Río de Janeiro, tras una discusión.
La abogada argentina fue acusada de injuria racial bajo la legislación brasileña y permaneció durante semanas con una tobillera electrónica mientras avanzaba el proceso judicial. Finalmente, la Justicia le permitió regresar a la Argentina después del pago de una caución de US$18.000.