En la parte inferior, alterna jeans azules con pantalones de vestir oscuros, generalmente en cortes rectos o algo relajados. Es una silueta muy alineada con la moda masculina actual, que dejó atrás el exceso de ajuste y le dio más espacio a la comodidad. En su caso, el resultado mantiene un equilibrio: prendas amplias, pero no desprolijas; informales, pero con intención.
Los accesorios aparecen en dosis medidas. Un reloj metálico, cinturones de cuero, gorras con gráficos simples y zapatillas blancas completan muchos de sus conjuntos. Nada parece competir con el resto del outfit, sino sumar un detalle funcional. Esa es otra marca de época: vestirse bien sin que parezca un esfuerzo demasiado calculado.
Entre la sastrería y el guiño deportivo
Cuando el contexto es más editorial o mediático, Keenan se permite explorar un registro más jugado. Ahí aparece una mezcla que viene ganando terreno en pasarelas y producciones de moda: piezas de sastrería combinadas con elementos deportivos. Un ejemplo es el uso de blazer amplio con shorts y medias deportivas, un cruce que rompe la división clásica entre lo formal y lo casual.
Ese tipo de elecciones dialoga con su propia biografía pública. Keenan viene del deporte, pero no queda encerrado en la estética atlética. Toma códigos de ese universo —comodidad, movimiento, prendas funcionales— y los combina con camisas, chalecos, pajaritas o blazers de líneas más tradicionales. El resultado es una imagen actual, relajada y con personalidad.
Para eventos de mayor formalidad, suele inclinarse por tonos neutros y prendas clásicas, como camisas blancas o chalecos. Aun así, introduce algún gesto contemporáneo: volúmenes más grandes, proporciones menos rígidas o detalles que alivianan la solemnidad. En lugar de reproducir un protocolo cerrado, adapta esos códigos a una imagen más fresca.
La broma que lo hizo viral
El nuevo pico de atención llegó después del triunfo 7-1 de Los Leones ante Nueva Zelanda, resultado que llevó al seleccionado argentino a los cuartos de final del Mundial de hockey disputado en Países Bajos y Bélgica. Keenan, autor de uno de los goles, habló con la televisión y se rió de un dato puntual: su tanto llegó justo el día en que Jetten no estaba en la tribuna. “¡Que no venga más!”, lanzó en tono de chiste.
El comentario funcionó porque combinó humor, intimidad y contexto deportivo. Jetten había acompañado a Keenan en los dos partidos anteriores: estuvo en la victoria frente a Japón y también en la derrota contra Países Bajos, donde incluso eligió prendas con colores de ambos países para evitar mostrar favoritismo.
La escena volvió a reforzar el interés alrededor de una pareja que une deporte, política y cultura pop. Y, al mismo tiempo, terminó de instalar a Keenan como algo más que una figura del hockey: un protagonista de la conversación trends, con estilo propio y una imagen pública cada vez más reconocible.