Estos sentimientos, sumados al aislamiento, han dificultado que los menores experimenten otras sensaciones más allá, por ejemplo, del "miedo constante" a la muerte, tanto suya como de sus seres queridos.
"Incluso cuando cesen los bombardeos, el suelo por el que caminan los niños puede costarles la vida, ya que las minas y otros restos de explosivos de guerra cubren aproximadamente el 30% del país", alertó la organización.
"Vivir en un país en guerra durante dos años tiene un costo inmenso para los niños y niñas, ya que afecta su estado mental, su aprendizaje y su desarrollo. Los ataques, la destrucción, el desplazamiento y la violencia han provocado una profunda crisis de salud mental y un deterioro de su capacidad para aprender y crecer", enfatizaron.
"Los continuos bombardeos dejan pocas oportunidades a los niños y niñas ucranianos para recuperarse de la angustia y el trauma. Cada sirena y cada explosión provocan más ansiedad (...) Necesitan que esta pesadilla termine", expresó la directora ejecutiva de Unicef, Catherine Russell.
Además, Unicef alertó de que la situación de los menores que logran salir de las principales zonas de conflicto, o bien del país, no es tampoco mucho mejor, ya que se enfrentan a "dificultades", tales como acceder a la educación, a la atención sanitaria, o a los servicios de protección básicos.
Asimismo, a medida que avanza la guerra la perspectiva de volver a sus hogares se hace cada vez más lejana.
"A pesar de su resiliencia, para muchos niños y niñas dentro y fuera de Ucrania, la guerra ha acabado con dos años de escolarización, tiempo de juego y momentos con amigos y seres queridos", lamentaron.
Es por ello que Unicef volvió a poner de relieve la necesidad de que las partes del conflicto permitan sin obstáculo alguno la entrega de ayuda y asistencia humanitaria, a fin de intentar paliar en la manera de lo posible la grave situación a la que se enfrentan estos menores de edad.