En los últimos días aquellos que beben agua de la canilla en Buenos Aires habrán percibido un sabor desagradable. No, no a cloro sino a podrido. Efectivamente, según informó la empresa Aysa, esto se debe a una modificación poco habitual en el Río de la Plata y, por lo tanto, al agua que ingresa a las plantas potabilizadoras que alimentan la Ciudad.










