Es que Messi es como aquel personaje del cuento de Dolina que prefirió compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los indeseables. Y el ejemplo casi irrefutable de esta metáfora es que a Rusia fueron (por obsecuencia de Sampaoli), compañeros que no estaban a la altura de un mundial, y que el propio técnico terminó llevando para que Leo se sienta más cómodo. Es que Messi es como aquel personaje del cuento de Dolina que prefirió compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los indeseables. Y el ejemplo casi irrefutable de esta metáfora es que a Rusia fueron (por obsecuencia de Sampaoli), compañeros que no estaban a la altura de un mundial, y que el propio técnico terminó llevando para que Leo se sienta más cómodo.
Ya no habrá lugar para tantos amigos. La renovación es vista por todos con beneplácito. Aparecieron nombres como Pezzella, Lo Celso, Exequiel Palacios que aportaron frescura. Todavía no se ganan un lugar preponderante Dybala e Icardi. El cambio debiera ser con Messi cuando el equipo esté establecido ya con un técnico designado. Cuando la juventud del nuevo equipo lo libere al mejor del mundo. Le quiten las excesivas demandas que recaen sobre él.
La grandeza de su carrera también depende de seguir desafiando la hostilidad. Ese desencanto que produce verlo flaquear en los mundiales.
No, no debería este ser su final. Los grandes no se van con tan poco. Ni dejan que otros cuenten lo que ellos guardan.