Las parasitosis intestinales no siempre provocan síntomas evidentes. En algunos casos pueden manifestarse con molestias digestivas, cansancio o cambios en el peso que pueden confundirse con otras afecciones.
Las infecciones intestinales pueden pasar inadvertidas y confundirse con otras afecciones. El doctor Alberto Sanagustín explica cuáles son los parásitos más frecuentes, cómo se diagnostican y qué tratamientos existen.

Los parásitos intestinales pueden transmitirse por distintas vías y provocar síntomas que no siempre son fáciles de identificar.
Las parasitosis intestinales no siempre provocan síntomas evidentes. En algunos casos pueden manifestarse con molestias digestivas, cansancio o cambios en el peso que pueden confundirse con otras afecciones.
El doctor Alberto Sanagustín, especialista en Medicina Familiar, menciona cinco tipos de parásitos que pueden afectar el organismo.
Los oxiuros, también conocidos como lombrices, son pequeños parásitos blancos, de un tamaño similar al de un hilo de coser. Son los responsables del picor o prurito anal nocturno y pueden transmitirse por la vía mano-boca o mediante el contacto con superficies y toallas contaminadas.
La Giardia puede adquirirse a través del consumo de agua contaminada o por el lavado de verduras con agua no potable. Puede provocar diarrea con mal olor y abundantes gases.
Los Ascaris son gusanos de mayor tamaño que, antes de instalarse en el intestino, atraviesan una fase migratoria por los pulmones. De acuerdo con Sanagustín, este proceso puede provocar tos seca persistente.
Las tenias, conocidas popularmente como "solitaria", están asociadas al consumo de carne cruda o poco cocida y pueden ocasionar síntomas digestivos. En determinados casos también pueden generar complicaciones de mayor gravedad.
Por último, los anquilostomas pueden ingresar al organismo directamente a través de la piel al caminar descalzo sobre suelos contaminados. Se alimentan de sangre y pueden provocar anemia progresiva.
Algunas infecciones parasitarias pueden comenzar con manifestaciones poco específicas. Entre los signos que pueden aparecer se encuentran:
1. Pérdida de peso sin una causa aparente: puede producirse cuando el parásito interfiere en el aprovechamiento de los nutrientes. En personas mayores, este síntoma puede atribuirse inicialmente a otras enfermedades, por lo que resulta importante investigar su origen.
2. Hinchazón abdominal constante: la sensación de distensión, plenitud o pesadez incluso después de consumir pequeñas cantidades de comida puede aparecer en algunas parasitosis. La Giardia, por ejemplo, puede alterar el funcionamiento intestinal y favorecer la producción de gases.
3. Cambios importantes en el apetito: pueden presentarse períodos de hambre intensa alternados con falta de apetito o náuseas. Según Sanagustín, estos cambios están relacionados con la interferencia de los parásitos sobre los mecanismos que regulan el hambre y la saciedad.
4. Fatiga y cansancio persistente: el agotamiento que no mejora adecuadamente con el descanso puede estar relacionado con la pérdida o disminución de determinados nutrientes, entre ellos hierro, vitamina B12 y ácido fólico.
5. Alteraciones digestivas: la alternancia entre diarrea y estreñimiento, junto con otros cambios en el ritmo intestinal, puede aparecer en algunas infecciones parasitarias.
6. Signos asociados a la anemia: la palidez, las uñas quebradizas y la caída inusual del cabello pueden acompañar cuadros de anemia. Algunos parásitos pueden contribuir a esta situación por pérdida de sangre o por interferir en la absorción del hierro.
7. Síntomas característicos de determinados parásitos: ciertas manifestaciones pueden orientar hacia un tipo específico de infección. Entre ellas, el picor anal nocturno en el caso de los oxiuros, la tos seca persistente durante la fase pulmonar de los Ascaris y las deposiciones grasas y brillantes asociadas a alteraciones en la digestión de las grasas.
No todas las molestias digestivas responden a una parasitosis. Existen otras enfermedades y condiciones que pueden presentar síntomas similares.
Entre ellas se encuentra el síndrome de intestino irritable (SII), que puede provocar dolor abdominal, distensión y alteraciones del tránsito intestinal.
También existen intolerancias y enfermedades relacionadas con los alimentos, como la enfermedad celíaca y la intolerancia a la lactosa, que pueden generar síntomas digestivos semejantes.
Otra posibilidad es la colitis microscópica, una enfermedad inflamatoria del colon que puede producir diarrea acuosa crónica y que requiere biopsias para su identificación, ya que puede no presentar alteraciones visibles durante una colonoscopia convencional.
A esto se suman los efectos secundarios de algunos medicamentos. Entre ellos se encuentran la metformina, los antiinflamatorios no esteroideos, los suplementos de magnesio y algunos medicamentos utilizados para disminuir la acidez, como el omeprazol.
Las infecciones bacterianas y el sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado, conocido como SIBO, también pueden provocar síntomas digestivos similares.
Ante determinadas señales, la prioridad no necesariamente debe ser buscar una parasitosis.
En personas mayores de 50 años que presentan alteraciones persistentes del tránsito intestinal, pérdida de peso sin explicación o anemia, Sanagustín señala que es importante descartar primero enfermedades de mayor gravedad, entre ellas el cáncer de colon, mediante los estudios correspondientes, como una colonoscopia cuando esté indicada.
El diagnóstico requiere estudios específicos. Un único análisis de materia fecal no siempre permite detectar una parasitosis, ya que el parásito puede no estar eliminando huevos o quistes en el momento de la toma.
Entre los métodos mencionados se encuentran:
Las vías de contagio pueden formar parte de situaciones cotidianas. Entre ellas se encuentran:
Según Sanagustín, propuestas como el consumo de ajo, semillas de papaya, semillas de calabaza o kits "detox" comercializados por internet no cuentan con la potencia farmacológica necesaria para erradicar una infestación parasitaria real.
El tratamiento depende del parásito identificado y puede requerir medicamentos antiparasitarios específicos, entre ellos pamoato de pirantel, mebendazol o albendazol.
En determinadas infecciones puede ser necesario repetir la dosis después de 15 días para interrumpir el ciclo reproductivo del parásito. También son importantes las medidas de higiene y, cuando corresponda, el tratamiento de los convivientes.
Entre las recomendaciones se encuentran el lavado de ropa de cama, toallas y ropa interior a temperaturas de al menos 60 °C, mantener las uñas cortas, lavarse las manos con frecuencia y realizar una adecuada higiene del baño.
También se desaconseja la automedicación, especialmente en personas mayores o que toman varios medicamentos, debido a la posibilidad de interacciones con fármacos anticoagulantes, antihipertensivos o cardíacos.
Una de las preguntas frecuentes es si los parásitos intestinales pueden verse en la materia fecal. En general, no: suelen detectarse mediante estudios que identifican huevos o quistes. Como excepción, los oxiuros pueden observarse en la zona anal y algunos segmentos de tenia pueden parecer pequeños granos de arroz.
También pueden contagiarse entre familiares, especialmente por el contacto estrecho. Cuando se confirma una infección, es importante evaluar a los convivientes y seguir las indicaciones médicas.
La reaparición de los síntomas puede deberse a una reinfestación o a otra condición, como el síndrome de intestino irritable o una intolerancia alimentaria. Ante manifestaciones persistentes, Sanagustín recomienda consultar con un profesional de la salud y realizar los estudios correspondientes para determinar la causa.