—En "El secreto de sus ojos" hiciste de un oficial de justicia y en "Carancho", "Tesis sobre un homicidio" y "Séptimo", de abogado... Siempre en la estructura de la Justicia. —Ultimamente todos me dicen que me la paso haciendo de abogados. Y es cierto. Pero si los revisás, cosa que he hecho para responder esta pregunta, son todos distintos. El de "Carancho" era un cuervo, el otro un catedrático, y éste es uno que forma parte de un bufete. Todos tienen una característica diferente. Sobre todo para nosotros, los latinos, estar cerca de la estructura de la justicia es un poco lo que para los americanos es el policial. Nosotros tenemos una relación con la policía totalmente distinta. Y nos fumamos las historias de los norteamericanos con los "polis", pero porque sabemos que es otra idiosincrasia.—¿Te llegan muchos guiones, cómo los elegís? —Te manejás con distintos parámetros. Estoy más cerca de quedarme con un personaje no tan atractivo en una historia atractiva, que con un personaje atractivo en una historia que no pasa nada. He dejado pasar cosas que de pronto he discutido y me han dicho: "¿Cómo vas a dejar pasar esto?".—Hace un tiempo en una nota dijiste que la televisión es muy "competitiva y que no ves el panorama para volver". ¿Qué te parece la televisión actual? —No vuelvo a la televisión por una reunión de factores. El único que insiste cada tanto un poco conmigo y cada vez con menos fuerza es "el chueco" (Suar), que de alguna forma quiere tentarme con alguna cosa. Por un lado, saben que estoy haciendo cine y teatro y dicen: "Este no tiene tiempo ni para cepillarse los dientes". Entonces dejaron de ofrecerme cosas. Y por otro lado, no sé, si va a ser siempre así o no. A lo mejor algún día aparece algo que sea interesante, pero no tengo nada en contra de la tele.—En los últimos años muchos actores y canales replantearon el regreso de la ficción a la tele. ¿Pensás que se logró el objetivo, ves buenos productos, faltan? —Sí, se está logrando y cada vez más por suerte. Porque en definitiva todos queremos que nos cuenten historias que reboten un poco con la cotidianeidad y nos ayuden a reflexionar, a ver nuestras propias vidas y qué es lo que ocurre en las comunidades y en la sociedad. Yo creo que la ficción ofrece un "servicio altísimo". Evidentemente hay un esfuerzo y una voluntad de parte de las productoras de llevar más ficción a los espacios de televisión. Lo que sí ocurre es que en las grillas televisivas las competencias son un poco perversas. Por ejemplo, en este momento no está el programa de Tinelli, que normalmente nuclea una gran porción de la atención y que nadie se anima a ir en contra. Entonces si aparece alguien que tiene una idea con una programa de ficción, ponerlo en el mismo horario a competir con Tinelli, es como condenarlo al fracaso. Lo cual es paradójico si uno lo analiza. Porque en definitiva si vos tenés un buen producto, una buena historia, con buenos actores y un buen director, da para entusiasmarse y decir: "¿Por qué no vamos a poder en contra de quien sea?".—Eso fue lo que sucedió el año pasado con "Graduados", que le ganó a Tinelli. —Claro, esa es la demostración de que se puede y de que hay espacio para todos. Lo que pasa es que estamos mal acostumbrados a esto de que si salís segundo en una grilla televisiva es un fracaso. ¿Quién dijo que es un fracaso? Tiene que haber espacio para todos.—En ese sentido, haciendo cine, ¿no te preocupa cuántos espectadores van a ver la película? —No, no. Yo trato de focalizar sobre otros temas. Por supuesto que no quiero que le vaya mal. Pero eso está supeditado a otra cosa donde yo trato de hacer foco: trato de que sean cosas de calidad y que sean cosas atractivas. Después, si tenés la suerte de que se combinen factores como para que sea de aceptación popular y que la audiencia lo respalde, mucho mejor. Pero lo que hay que focalizar es no ir detrás de lo que se cree que la gente quiere porque eso es una trampa. Lo que hay que hacer es proponer cosas, arriesgarse. El mundo del espectáculo necesariamente debe nutrirse de riesgos porque sino es una repetición de lo mismo. Hay demostraciones fugaces que nos aclaran que es un espacio para eso. Porque como espectadores necesitamos diversidad.—Sos un actor que no suele hablar de política, pero hace unos meses dijiste: "Me gustaría saber cómo creció el patrimonio de los Kirchner..." —En realidad yo hablé del patrimonio de todos los funcionarios públicos... Creo que a todo el mundo le pasa eso de decir: "¿Cómo es, llegás cerca del poder y de una función pública y automáticamente te dedicás a tu patrimonio?". Yo no estoy diciendo que la gente no quiera progresar. Es una pregunta que estaba flotando y que escuchaba mucho por todos lados y en distintos ámbitos. Entonces en medio de una nota, fue una reflexión en voz alta y se armó... —Lo que llamó la atención puntualmente fue por qué la presidenta Cristina Fernández te contestó a vos, (con una carta vía Facebook donde además, mencionaba un episodio ilícito con una camioneta de Darín hace diez años), y no a que es el especialista en cuestionar el patrimonio de los Kirchner. —Lanata apareció después preguntando eso. Mirá, no está en mi ánimo justificarla, algunos hasta me acusaron que después me desdije y que tenía miedo, y no fue así. Yo pienso que a ella mi pregunta la tocó personalmente. Probablemente mi reflexión la haya pescado en un momento de fragilidad o de soledad a la noche, y decidió contestar. No estoy de acuerdo con dos o tres imprecisiones que desarrolló porque son inexactitudes y no hacía falta. Pero me parece que está bien defenderse si ella lo sintió como un ataque o una agresión, me parece que es humano y absolutamente visceral la respuesta como defensa. Nosotros no podemos olvidar de que los funcionarios públicos y la gente que administra nuestros destinos son seres humanos. Yo no me olvido de eso. Es más, pienso muchas veces en eso, ¿qué le estará pasando en este momento? Es gente que atraviesa situaciones de dolor e incertidumbre. Hice una pregunta que pareció que era teledirigida, cosa que no lo era ni pretendía serlo.—¿Sentís que vale la pena decir lo que pensás? —Yo creo que siempre vale la pena estar despiertos, atentos, con sensibilidad, enfocados. Tenemos que defender con los dientes la libertad de expresar lo que queramos, siempre y cuando no estemos formando parte de ningún plan. Yo no formé parte de ningún plan de nada, a pesar de que algunos me quisieron meter de un lado o del otro. Yo hice uso de un derecho ciudadano que es elevar una pregunta. Y creo que eso es lo último que tenemos que perder. No podemos perder la libertad de poder decir lo que pensamos, o preguntar lo que necesitamos saber, porque a pesar que nos olvidamos de esto por momentos, nosotros le pagamos los sueldos. Yo sé que suena un poco raro decirlo pero deberían ser empleados nuestros, tendrían que contestarnos todas las preguntas que hagamos. Así debería funcionar una democracia que quiere crecer. Y no estoy hablando ni a favor ni en contra del gobierno para nada. Estoy hablando de la imagen idílica que yo tengo de cómo debe ser una democracia. Ojalá todos podamos defender eso con uñas y dientes porque sino... la otra versión ya la conocemos.