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Los chicos prefieren reglas parejas antes que evitar un castigo, según un estudio

Una investigación internacional indagó cómo niños de 6 a 9 años perciben la justicia: más que la sanción en sí, les importa que los adultos apliquen las normas sin favoritismos.

24 de agosto de 2026 - 10:53
Los chicos prefieren reglas parejas antes que evitar un castigo, según un estudio
Los chicos prefieren reglas parejas antes que evitar un castigo, según un estudio. (Imagen ilustrativa)

¿Qué les pesa más a los chicos: recibir un castigo o ver que una regla se aplica de manera desigual? Una investigación internacional publicada en el Journal of Experimental Child Psychology aporta una respuesta que puede interesar tanto a familias como a docentes: entre los 6 y los 9 años, los niños parecen valorar por encima de todo que el trato sea parejo.

El trabajo fue realizado por Katarzyna Myślińska-Szarek, psicóloga y socióloga de la Universidad SWPS de Polonia, junto con Felix Warneken, profesor de la Universidad de Michigan, en Estados Unidos. Según difundió el portal científico Phys.org, el estudio forma parte de un proyecto más amplio sobre infancia, normas y justicia, cuya primera etapa fue publicada en la revista Cognition en 2025.

La conclusión central es llamativa: para los chicos, el problema no está necesariamente en que haya castigo, sino en que una misma infracción tenga consecuencias distintas según quién la cometa. Incluso cuando un niño “se salva” de una sanción, puede sentirse mal si descubre que otro compañero sí fue castigado por hacer lo mismo.

Cómo fue el experimento

La investigación incluyó a 122 niños de Polonia y Estados Unidos. A todos se les presentaron historias ilustradas con situaciones cotidianas, como usar el teléfono durante una clase o dejar desorden después del almuerzo. En esos relatos, distintos personajes infringían una regla y luego recibían —o no— una consecuencia por parte de un adulto.

Después de observar las escenas, los chicos respondían si el personaje debía ser castigado y si el trato recibido les parecía justo. Los resultados mostraron un patrón muy claro: cuando ambos personajes eran tratados de la misma manera, ya fuera con sanción para los dos o sin consecuencias para ninguno, el 97% consideró que el adulto no tenía que modificar su decisión.

En cambio, cuando uno recibía un castigo y el otro no, el 93% pidió que el trato se equiparara. Es decir, los niños no evaluaban solamente la dureza de la medida, sino la coherencia con la que la norma era aplicada.

Los investigadores vinculan este comportamiento con lo que llaman “metanormas”: principios más generales que los chicos usan para juzgar no solo qué reglas existen, sino cómo deben hacerse cumplir. En estudios previos, el mismo equipo había descrito un “efecto de primacía”: la primera decisión del adulto funciona como referencia para todo lo que viene después. Si el primer infractor es sancionado, los niños esperan que el siguiente también lo sea; si no hay castigo inicial, esperan la misma flexibilidad para otros casos.

El castigo justo también puede aliviar

Otro aspecto relevante del estudio fue la dimensión emocional. Cuando el personaje no sabía qué había ocurrido con su compañero, los chicos interpretaban sus emociones a partir de su propia situación: alegría si no había sido castigado, tristeza si recibía una sanción. Pero cuando el personaje se enteraba de que el trato había sido diferente, aparecían emociones negativas como enojo, tristeza o culpa, sin importar si había sido beneficiado o perjudicado.

Esto sugiere que desde edades tempranas los niños ya consideran lo que otra persona sabe para imaginar cómo se siente. También muestra que la sanción, cuando es percibida como justa, no se vive únicamente como algo negativo: puede funcionar como una forma de cierre, una manera de reparar la falta y dejar atrás la culpa.

La otra cara es el favoritismo. Según Myślińska-Szarek, citada por Phys.org, la flexibilidad aplicada solo a un niño dentro de un grupo no suele ser leída como un gesto de amabilidad, sino como una ruptura del principio de igualdad. Esa diferencia puede generar malestar incluso en quien recibió el beneficio.

Qué implica para adultos, familias y escuelas

El hecho de que los resultados fueran similares entre niños polacos y estadounidenses refuerza la idea de que la sensibilidad frente al doble estándar aparece temprano y no depende únicamente del contexto cultural.

Para padres, madres y docentes, el mensaje es concreto: la autoridad no se construye solo con reglas claras, sino con decisiones previsibles y consistentes. La primera reacción frente a una infracción marca un criterio que los chicos van a esperar que se mantenga. Más que medir la severidad del castigo, observan si el adulto actúa con imparcialidad.

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