El experimento que lo cambió todo
El pasado viernes, la revista Science Advance publicó un estudio que sacudió los cimientos de la neurociencia visual. Investigadores de la Universidad de California se plantearon una pregunta clave: ¿qué ocurriría si lográramos activar de forma aislada uno de estos tipos de conos?
Así nació el método Oz, una técnica bautizada en homenaje a El Mago de Oz y su mítica Ciudad Esmeralda. Utilizando un mapeo detallado de la retina, los científicos localizaron los conos M y, mediante impulsos precisos de láser, lograron estimularlos de manera exclusiva. La intervención permitió que el cerebro interpretara una señal completamente nueva, nunca antes percibida en el mundo natural.
Bienvenidos a “olo”: un nuevo color
Los cinco voluntarios sometidos a esta intervención aseguraron haber visto un color totalmente ajeno a la experiencia visual humana. Lo llamaron “olo”. Según sus descripciones, se trata de un verde azulado con una saturación nunca antes registrada. Ren Ng explicó que el color más parecido a “olo” que puede simularse en una pantalla es el código hexadecimal #00ffcc, aunque aclaró que ni siquiera eso logra captar su intensidad real.
“El cerebro humano nunca ha recibido esa señal. Es completamente nueva”, declaró Ng.
¿Cómo se verificó que era un color nuevo?
Para comprobar que “olo” no era una ilusión subjetiva, los científicos realizaron un experimento de correspondencia cromática. A los participantes se les mostró un láser verde azulado y se les pidió comparar ese color con el recién percibido. Cuando añadían luz blanca al “olo” —lo que implica una desaturación— el color resultante coincidía exactamente con el del láser. Esta correspondencia confirmó que “olo” no existe dentro del espectro visible convencional, sino que está fuera de lo que cualquier otra persona puede ver sin intervención.
¿Tiene utilidad esta técnica?
Por ahora, la aplicación práctica del método Oz es limitada. El efecto es temporal y los participantes regresaron al rango visual estándar poco tiempo después. Sin embargo, las posibilidades que se abren son impactantes.
En declaraciones recogidas por Scientific American, el equipo investigador imagina un futuro donde las pantallas puedan escanear las retinas de cada usuario y generar imágenes personalizadas en colores imposibles. También se especula con una aplicación médica: quizás, mediante la estimulación de conos específicos, personas invidentes podrían recibir alguna señal visual funcional.
Además, la tecnología podría permitir la simulación visual del mundo animal. Por ejemplo, algunos insectos y aves ven rangos de luz que nosotros no percibimos. Con este avance, tal vez un día podamos experimentar una fracción de lo que ellos ven, directamente en nuestros ojos.
Las limitaciones del método Oz
Pese al asombro que ha generado este descubrimiento, hay que tener en cuenta sus limitaciones. El procedimiento no solo requiere de una intervención quirúrgica compleja, sino que no tiene un efecto duradero. Tampoco se ha evaluado aún su seguridad a largo plazo ni los posibles efectos secundarios.
Por ahora, los investigadores se centran en seguir estudiando cómo diferentes combinaciones de conos pueden generar percepciones visuales alternativas. La retina humana todavía guarda muchos secretos. Este experimento ha demostrado que, con la tecnología adecuada, el cerebro puede ser llevado más allá de sus límites naturales.
¿Un futuro con colores personalizados?
La ciencia apenas ha comenzado a explorar lo que podría ser un nuevo paradigma visual. Si bien el color que el ojo humano no puede ver sigue estando fuera del alcance para la mayoría, cinco personas ya lo experimentaron. Y con ello, dejaron abierta la puerta a un futuro donde los colores no estén definidos por la naturaleza, sino por nuestra capacidad de intervenirla.