El asesinato, como todas las muertes de esta generación de jóvenes cuya vida fue violentamente arrancada, no tuvo sentido. Pero sí tuvo sentido la lucha que emprendí hace casi 13 años, junto a mis compañeros de Usina de Justicia", indicó la mujer.
Y agregó: "Todo lo que hacemos es para darle un sentido al sinsentido, tanto los familiares de víctimas como los jóvenes abogados que se acercan para trabajar generosamente para nuestra causa."
Por último, afirmó: No tiene un sentido personal: Mi familia emigró tras el horror y mis nietos no viven en la Argentina. Pero sé que el rechazo de la apelación y la declaración de constitucionalidad y el impedimento del recurso de salidas transitorias en los casos de homicidios agravados, sienta un precedente para otros. Ese es el sentido."
El crimen ocurrió el 8 de julio de 2011 en el pasaje Bertrés al 500, casi Pedro Goyena, de Caballito, donde vivía Lucía Agosta, una compañera de Agrest.
Ambos jóvenes fueron sorprendidos por un delincuente que los amenazó cuando bajaban cosas de un auto.
El asaltante, quien actuó solo, los amenazó con una pistola calibre .45 que nunca fue encontrada y los hizo ingresar a la casa, por lo que la joven le entregó dinero en efectivo.
El delincuente no quedó conforme con el botín obtenido, maniató a Agosta y a su hermano y, cuando se disponía a hacerlo con Agrest, éste se resistió, por lo que primero el ladrón lo golpeó con la culata del arma en la cabeza y luego le disparó dos tiros.
Pantano (34), hijo de un efectivo de la Policía Federal Argentina (PFA), fue detenido un mes después en la localidad bonaerense de Lomas de Zamora con un DNI falso.
En mayo de 2013, el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 18 condenó a Pantano a 23 años de prisión por el "homicidio en ocasión de robo" de Agrest, luego de que se revocó el veredicto del TOC 28 que inicialmente lo había sentenciado a la pena máxima de prisión perpetua.