El saldo del huracán Idalia es muy trágico. Pero a su paso trajo un fenómeno que es muy curioso. Se trata del "fuego de San Telmo", algo que es tan poco frecuente como extraordinario a la vista.

desde un avión, el "fuego de San Telmo". (Foto: Gentileza JPC)
El saldo del huracán Idalia es muy trágico. Pero a su paso trajo un fenómeno que es muy curioso. Se trata del "fuego de San Telmo", algo que es tan poco frecuente como extraordinario a la vista.
Se trata de una serie de relámpagos que acompañan las fuertes tormentas. Pero tienen una forma muy particular que asombra y desvela a los científicos para comprender bien su naturaleza.
El fuego de San Telmo se trata de una descarga eléctrica que por su puesto despliega una luz muy particular. Tiene la forma de un árbol con ramas como si fuera en invierno, sin hojas.
Son una multiplicación de descargas que se repiten y producen esa forma arbolada de los relámpagos. Las nubes que acompañan a los huracanes se potencian en su energía por la fuerza con la que se desplazan y los choques que se producen con las consecuentes descargas eléctricas.
Lo que se puede observar, como relámpagos ramificados, son las descargas que se producen dentro de los diferentes campos eléctricos de las nubes. Se los llama "fuegos" pero se trata de relámpagos de baja intensidad debido a la ionización del aire, característico de las tormentas eléctricas.
Este fenómeno es un deleite para los aficionados a la fotografía: se produce resplandor brillante blanco-azulado, que por lo general se dispersan por el cielo muy rápidamente adoptando esa forma de ramas de un árbol cargado de electricidad.
Aunque la ciencia tardó siglos en poder tener los elementos y el conocimiento para explicar este suceso natural, la humanidad lo conoce desde tiempos inmemoriales. Especialmente los marinos, que pasaban mucho tiempo navegando y teniendo que soportar tormentas muy poderosas.
El fuego de San Telmo lleva el nombre por San Erasmo de Formia. En el siglo III después de Cristo fue apresado y torturado por los romanos por predicar la palabra del evangelio. Pero ante los peores castigos y torturas, la leyenda cuenta que se levantó una tormenta con intensos rayos, que le salvó la vida. En una ocasión, un rayo cayó muy cerca suyo mientras predicaba. Es por eso que pasó a ser el patrono de los marineros.
Estando en el mar, ante una tormenta severa, invocan a San Telmo para que los proteja a ellos y a sus naves.
Es por eso que el asombroso conjunto de luces y relámpagos que acompañan a las tormentas reciben esa denominación en recuerdo del santo: son los "fuegos de San Telmo".
Esa es la sensación que dan por su apariencia arbolada. Se asemejan a una trozo de un árbol que viene desde un sector bajo y sube con sus ramificaciones por el aire. Todo se da en un fantástico espectáculo visual. Por la presencia del nitrógeno y el oxígeno en la atmósfera, las descargas eléctricas se tornan de un color azulado y fluorescente.
También Benjamín Franklin, el creador del pararrayos y padre fundador de los Estados Unidos, comprobó y anotó este fenómeno de los fuegos de San Telmo. Comprobó que en los objetos elevados y de forma puntiaguda es más probable que la electricidad de las tormentas se descargue hacia ellos y produzcan también ese color azulado de los rayos.
Pero no todos los relámpagos que se provocan terminan cayendo como rayos a la tierra. Pero sí, el "fuego de San Telmo" suele ser una advertencia muy útil. Pocos minutos después se precipitará un rayo que puede ser mortal, según en dónde se descargue buscando el punto más cercano en la tierra.