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POLÍTICA

Datos de una cuarentena desgastante que presiona en el escenario político y empresarial

Datos de una cuarentena desgastante que presiona en el escenario político y empresarial
El presidente Alberto Fernández junto a los integrandes del G6 en la residencia de Olivos.

La cuarentena se volvió optativa y ya no existen prácticamente controles. En ese marco la Argentina llegó los valores más altos de contagios, en torno a los 6000 por día. Si la cuarentena es obligatoria, en la calle no se nota. En todo el país las fuerzas federales secuestraron 155 autos y sancionaron a 5275 personas; apenas 10 por hora en 2,78 millones de km².

Los números de julio de la Ciudad de Buenos Aires son muy representativos:

  • 38 autos secuestrados (menos de 2 por día por día).
  • 206 personas detenidas (10 por día en toda la ciudad).
  • 3747 personas notificadas (o sea 6 personas por hora a las que les pidieron por favor que vuelvan a su casa).

No solo nadie controla; tampoco hay ánimo para denunciar. En todo el mes hubo

  • 6477 denuncias (11 por hora en todo Caba)
  • 256 denuncias por no usar tapabocas (1 cada dos horas)

Estos números se replican en líneas generales en la provincia, donde se observa una fatiga en las fuerzas de seguridad provinciales. Nación prometió un refuerzo; la mayoría de los intendentes consideró insuficiente. Los peronistas lo dicen en voz baja y tratan de hacer equilibrio entre Berni y Frederic: no quieren a ninguno de los dos.

Llama la atención en ese sentido que Ginés González García, vocero del ministerio de Salud, dijera como comentarista que "Mucho de lo que está pasando hoy es por hacer asados, juntadas, mateadas". Bastaría con intensificar los controles el fin de semana o durante el Día del Amigo para bloquear ese tipo de encuentros. En seguridad dicen que sin colaboración de la gente no hay control que aguante.

Preservar la economía de los hogares es también preservar la vida. Por lo tanto el Estado podría apelar a una cuarentena social y mantener flexibilizada la cuarentena económica: por ahora no está en los planes.

Está comprobado que el mayor foco de contagios son las reuniones sociales. Lo explica el infectólogo Luis Cámara en cada aparición: cuando una persona se junta con pares se relaja, se saca el barbijo, acorta las distancias, grita para que lo escuchen expulsando partículas de saliva...

Por eso escuchamos todos los días historias de reuniones sociales en las que todos terminan contagiados. O de familias enteras de segundo y tercer lazo sanguíneo (primos, tíos) que dan todos positivos sin vivir en el mismo hogar.

La preocupación, especialmente en el conurbano, es que la gente más joven ya entendió que el coronavirus no los mata. Para los menores de 50 años la letalidad es inferior al 1% y para los menores de 40 apenas está en el 0,16%. Ante tan bajo riesgo, ¿qué sentido tiene seguir exponiéndose a los problemas económicos, a la soledad, a la angustia emocional, al aislamiento?

Eso explica en parte que durante todo julio se viera un mayor aumento proporcional de la ocupación de camas para enfermos moderados y leves (los más jóvenes), mientras que la ocupación en terapia intensiva se mantuvo relativamente estable. Muchos intendentes en el conurbano están preocupados por esto.

Tampoco hay campañas de bien público para extremar las nuevas medidas de prevención. La mayoría de los spots de los tres gobiernos se quedaron en marzo haciendo hincapié en el lavado de manos, el uso de barbijos (sin especificación de cómo usarlo) y en el genérico #QuedateEnCasa. No hay énfasis en la importancia de evitar las reuniones sociales si por necesidad hay que salir a trabajar.

Casi como una burla, Jefatura de Gabinete lanzó una serie de spots en redes sociales que reza: “Aunque no nos demos cuenta el virus nos testea a nosotros”. Subtexto: que te testee el virus, porque nosotros no te vamos a testear.

Ver una luz al final del túnel también ayudaría a redoblar los cuidados. Por si a alguien le quedaba alguna duda de que estamos atrapados sin salida, el ministro de educación Nicolás Trotta salió a disiparla y dijo:

  • “El regreso a clases va a ser complejo”.
  • “Nos va a llevar dos años recuperar la normalidad”.
  • "Tenemos incertidumbre sobre si vamos a poder hacer clases diarias a partir de marzo del año que viene".

Mientras el ministro livianamente dice esto, solo 2 de cada 10 escuelas públicas tienen clases virtuales, según este informe que presentó A24.com la semana pasada.

Mientras todo esto pasa y no se le pone un peso a la gente para ayudar a que se queden en sus casas (hasta ahora se pagaron por IFE en promedio $5000 por mes de cuarentena), el Gobierno está en un estado de parálisis importante que es señalado –no solo por la oposición- sino por los propios integrantes del Frente de Todos.

Le prenden una vela al arreglo de la deuda, pero los problemas son mucho más profundos. No solo está la herencia y la pandemia. Los problemas políticos son cada vez más evidentes. El Frente de Todos tiene 4 patas principales: Alberto, Cristina, Massa y los gobernadores. Dos de esas patas creen que es necesario un profundo cambio de gabinete y tienen en la mira varios nombres de confianza absoluta de Alberto Fernández:

  • Santiago Cafiero. Jefe de Gabinete
  • Claudio Moroni. Ministro de Trabajo.
  • María Eugenia Bielsa, ministra de vivienda, encargada de buena parte del reparto de la obra pública.
  • Felipe Solá. Ministro de Relaciones Exteriores
  • Matías Kulfas, ministro de Producción.

Las críticas no son tanto de Cristina sino del Instituto Patria que hoy es Máximo. Massa está alineado con esa idea y la relación entre ellos hoy pasa por su mejor momento.

Habían aparecido en los últimos días algunas críticas del ultrakirchnerismo a Martín Guzmán, ministro de Economía. Rápidamente quedaron disipadas con el elogioso tweet de Cristina a unas declaraciones de manual del académico economista.

La gestión de la economía real es el mayor de los problemas. Los principales actores económicos (empresarios y sindicalistas) sienten la falta de rumbo y decidieron empezar a encarar gestiones por fuera del gobierno.

Esta semana se juntaron empresarios de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) con la CGT. Reuniones siempre hay; la noticia es que esta vez lo hicieron público.

Reunión de empresarios de AEA y CGT
Reunión de empresarios de AEA y CGT

Dos lecturas posibles: una, que intentaron apurar al gobierno para avanzar en la pospandemia, prescindiendo de sus servicios.

En el Gobierno dicen que estaban notificados y que ellos mismos alientan este tipo de encuentros. Claudio Moroni, ministro de trabajo, había almorzado con la CGT el día anterior. De acuerdo a ese análisis, a Alberto le sirve que CGT y empresarios cocinen acuerdos sin su presencia. No vaya a ser que Cristina se los tire para atrás.

La preocupación de muchos empresarios es evidente. Se sienten tironeados entre los “perros rabiosos” y “los otros ineptos”, según analiza un hombre que se mueve en el mundo corporativo. Por eso buscan acercarle “ideas alternativas” a Alberto Fernández. En la misma línea está la CGT oficial y la UIA. También la Iglesia, con injerencia directa en el evento que armó la Asociación de Empresarios Cristianos (Adec).

El Grupo de los 6 (que integran el agro, comercio, construcción, bolsa, UIA y bancos) salió otra vez a pedirle a los bonistas que cierren el acuerdo de la deuda.

Más activa es la intervención del gobierno en la gestión de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (Came), una entidad que en el peronismo sienten que está cooptada por el macrismo. En su momento habían sacado de la conducción a Osvaldo Cornide y pusieron en su lugar a Gerardo Díaz Beltrán, cabeza de una conducción dividida. Ese cambio se había negociado con Rogelio Frigerio en medio de una expedición de Cruce de los Andes.

Frigerio durante el cruce de los andes de Came (Diciembre 2017)
Frigerio durante el cruce de los andes de Came (Diciembre 2017)

La Came apoyó –con pocos resultados- buena parte de la gestión de Macri. Hoy no consiguen que los reciba ni siquiera el ministro Kulfas que los hace dejar sus presentaciones en la mesa de entradas del ministerio. El viernes, al anunciar medidas para las Pymes, Alberto Fernández solo recibió a CGERA, otra central pyme más ligada al peronismo.

En Came, que tiene elecciones en breve tuvieron que limpiar al exsecretario general José Bereciartúa para aflojar las tensiones. Las elecciones son en breve. El Gobierno puso un candidato, Mauro González, que tiene el apoyo de Julio Vitobello (secretario de la presidencia) y Matías Kulfas.

La pelea no es solo por ideología política. Came maneja un importante fondo por capacitaciones en base a una retención que tienen los empleados de comercio. Además tiene la caja de la obra social Ospedyn, entre otras cuestiones.

Mientras el albertismo –fundamentalmente el peronismo porteño- sigue con las tertulias, cada vez son más los sectores que apuntan al supuesto “radicalismo” de Alberto Fernández.

Lo verbalizó ahora Guillermo Moreno. "Si siguen este camino, lamento decirte que va al fracaso. Si Alberto Fernández no cambia, fracasa. FRA-CA-SA. (Sic) Y no van a decir que fracasó el peronismo. Fracasó Alberto Fernández, su amigo Santoro y todos los radicales que tienen al lado de él".

Al final remató sobre Alberto: “Quiere ser Néstor y no llega a ser Duhalde, quiere ser Alfonsin y va a terminar como De la Rúa”.

Es una crítica que buena parte del peronismo comparte. Claro que en voz baja. De acuerdo a esta hipótesis, el problema no es la pandemia ni la economía: es la gestión.

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por Pablo Winokur @pablowino
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