“Me fui a estudiar teatro a Londres. Mi papá me insistía mucho. Yo tenía amigos que empezaban a hacer estatuas vivientes acá”, contó Minujín, al recordar cómo surgió la idea que terminaría convirtiéndose en una de las anécdotas más llamativas de aquellos años.
Pero eso no fue todo. Minujín también describió en detalle el personaje que interpretaba en las calles londinenses y explicó cómo funcionaba aquella particular manera de trabajar. Su elección había sido representar a Cristóbal Colón, completamente pintado de blanco y permaneciendo inmóvil junto a un cajón en el que las personas podían dejarle dinero.
“Era un Cristóbal Colón, todo pintado de blanco. Estaba parado y al lado tenía un cajón. No me daba vergüenza, no me conocía nadie, tenía 20 y pico de años. Mágicamente, alguien pasaba, se paraba, te dejaba plata y te movías un poquito”, recordó.
Cómo era la estatua viviente con la que vivió Juan Minujín durante su estadía en Londres
Para que la audiencia pudiera comprender todavía mejor cómo era aquella experiencia, Juan Minujín incluso recreó la escena durante su participación en el programa, trasladando al estudio una situación que había vivido muchos años atrás.
Además, Juan Minujín evocó con entusiasmo la primera jornada en la que consiguió dinero de esa manera y reconoció que el resultado lo había sorprendido por completo. “Volví a la casa lleno de monedas. Era épico, no lo podía creer”, expresó al describir aquella primera experiencia exitosa.
Sin embargo, la historia tuvo un desenlace muy diferente cuando regresó a la Argentina. Entusiasmado por lo que había conseguido en Londres, decidió probar nuevamente suerte como estatua viviente, esta vez en una de las calles más transitadas de Buenos Aires. La respuesta del público, sin embargo, no fue la que esperaba.
“Cuando volví a la Argentina, lo intenté en la calle Florida, pero no hice plata. La gente me pasaba a 20 centímetros, caminando como si nada”, recordó.
De esta manera, la anécdota de Juan Minujín dejó al descubierto una faceta poco conocida de su juventud y provocó uno de los momentos más divertidos de su visita a Otro día perdido, con Mario Pergolini como protagonista de una reacción tan inesperada como fiel a su estilo.