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Casas impresas en 3D: la tecnología que promete acelerar la construcción en Argentina

Con hormigón, barro y diseños digitales, la impresión 3D empieza a ganar terreno en la vivienda. Sus impulsores aseguran que puede bajar costos, reducir plazos y abrir una nueva etapa para enfrentar el déficit habitacional.

24 de agosto de 2026 - 10:53
Casas impresas en 3D: la tecnología que promete acelerar la construcción en Argentina
Casas impresas en 3D: la tecnología que promete acelerar la construcción en Argentina. (Imagen ilustrativa)

La escena parece futurista, pero ya forma parte de proyectos concretos: una máquina robotizada que se mueve sobre rieles y deposita capas de una mezcla cementicia hasta levantar los muros de una vivienda. La impresión 3D aplicada a la construcción dejó de ser una rareza de laboratorio y empieza a aparecer como una alternativa posible para acelerar obras, bajar desperdicios y repensar cómo se edifican casas.

En Argentina, esta tecnología llega con una promesa potente: reducir costos hasta un 30% frente a sistemas tradicionales y acortar de manera significativa los tiempos de ejecución. Según estimaciones difundidas por especialistas del sector, una vivienda de 120 metros cuadrados podría tener sus paredes terminadas en unas 48 horas, mientras que un desarrollo de viviendas en serie podría resolverse en meses, no en años.

Cómo funciona una casa impresa en 3D

El sistema se basa en una impresora montada sobre un pórtico que se desplaza por rieles. Un brazo con un pico extrusor va colocando, capa por capa, una mezcla especial de microconcreto elaborada con componentes cementicios, fibras, polímeros y agua. Ese material permite levantar muros y divisiones internas siguiendo un modelo digital previamente diseñado.

Una aclaración clave: la impresora no entrega una casa lista para habitar. Lo que produce es la estructura principal: paredes, separaciones y los espacios previstos para aberturas. Luego intervienen los oficios tradicionales para completar techos, instalaciones eléctricas, sanitarias, gas, carpinterías y terminaciones. Más que reemplazar por completo la mano de obra, el sistema modifica etapas y procesos dentro de la obra.

Entre sus ventajas, sus promotores destacan que no requiere encofrados, genera menos desperdicio de material y puede trabajar con un alto grado de automatización. Además, al partir de archivos digitales, habilita formas curvas, geometrías orgánicas y diseños que suelen ser más costosos o complejos con métodos convencionales.

Costos: cuánto puede cambiar el valor de obra

Uno de los puntos que más interés genera es el precio. De acuerdo con datos citados por la especialista Myriam Heredia, la estructura impresa representa entre el 20% y el 30% del costo total de una vivienda. En el mercado local, el metro cuadrado de envolvente ronda los 700 dólares, por debajo de sistemas tradicionales.

Como referencia, una vivienda realizada con técnicas convencionales puede ubicarse entre USD 900 y USD 1.600 por metro cuadrado. En cambio, la impresión 3D puede llevar el costo de la estructura a un rango de USD 300 a USD 600 por metro cuadrado. A eso hay que sumarle terminaciones interiores y exteriores. En tipologías estándar, el promedio final se ubica cerca de USD 1.000 a USD 1.100 por metro cuadrado, mientras que desarrollos de mayor nivel pueden alcanzar valores superiores.

Del mundo a los proyectos locales

La tendencia ya tiene ejemplos a escala internacional. En Texas, la empresa ICON desarrolló un barrio de más de 100 casas impresas, con muros curvos, paneles solares y materiales propios de alta durabilidad. La misma compañía también participó en la construcción de un hábitat simulado para la NASA.

En Europa, el proyecto Milestone, en Eindhoven, Países Bajos, fue pionero en ofrecer viviendas impresas en 3D para uso residencial legal. Ahora avanza con nuevos modelos de dos y tres pisos, de entre 113 y 124 metros cuadrados, con precios desde 635.000 euros y obras previstas para 2026. Dubai, por su parte, impulsa una meta ambiciosa: que el 25% de las nuevas construcciones sean impresas en 3D para 2030.

En Argentina, el tema adquiere otra dimensión por el déficit habitacional, estimado en 3,5 millones de viviendas. La Universidad Nacional de La Plata, junto con el Gobierno bonaerense y el Astillero Río Santiago, trabaja en un proyecto de impresión 3D que permitiría construir viviendas de hasta 60 metros cuadrados en aproximadamente 24 horas. Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba concentran la mitad del déficit del país, por lo que aparecen como zonas de alto impacto potencial.

También hay búsquedas con materiales alternativos. En Traslasierra, Córdoba, Agustín Gore desarrolló Barrobot 3D, presentada como la primera impresora 3D de barro de Sudamérica. Su propuesta combina tierra, arena, fibras naturales y agua, uniendo técnicas ancestrales con herramientas digitales.

La impresión 3D no aparece como una solución única ni inmediata para el problema de la vivienda, pero sí como una señal de cambio: construir más rápido, con otros materiales y con diseños que antes parecían difíciles de llevar a escala.

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