En los mamíferos con abundante pelaje, la reacción cumple además una función térmica: al levantarse los pelos, queda atrapada una capa de aire que actúa como aislante y ayuda a conservar el calor corporal. Este efecto puede compararse con el de un traje de neopreno natural.
Aunque los seres humanos perdieron gran parte del pelaje denso de sus antepasados a lo largo de la evolución, el mecanismo piloerector se mantuvo. Por eso, la piel de gallina todavía aparece en las personas, aunque ya no cumpla las mismas funciones defensivas y térmicas que en otros mamíferos.