Este comportamiento se observa, por ejemplo, en perros y gatos cuando se sienten amenazados. Según la información aportada por López Rosetti, algunos peces también erizan sus escamas con una finalidad defensiva.
En los mamíferos con abundante pelaje, la reacción cumple además una función térmica: al levantarse los pelos, queda atrapada una capa de aire que actúa como aislante y ayuda a conservar el calor corporal. Este efecto puede compararse con el de un traje de neopreno natural.
Aunque los seres humanos perdieron gran parte del pelaje denso de sus antepasados a lo largo de la evolución, el mecanismo piloerector se mantuvo. Por eso, la piel de gallina todavía aparece en las personas, aunque ya no cumpla las mismas funciones defensivas y térmicas que en otros mamíferos.