Su huella está en todos los discos clave de la era fundacional: Chactuchac (1992), ¡Ay Ay Ay! (1994), Tercer Arco, Azul (1998) y Ritual (1999).
También compuso o coescribió temas que marcaron a Los Piojos, como “Cancheros”, “Te diría”, “Desde lejos no se ve”, “Buenos tiempos” y hasta “Motumbo”, que la banda rescató años después en Máquina de sangre.
Su salida del grupo se produjo en 2000, pero en 2024, cuando Los Piojos anunciaron su regreso tras 15 años de silencio, Buira se sumó con entusiasmo.
Su otro legado importante, a nivel musical, fue La Chilinga. La fundó en 1995, inspirado en un viaje a Brasil, y la convirtió en una verdadera comunidad. Hoy tiene más de 900 alumnos, 30 profesores y varias sedes en el Gran Buenos Aires. Allí, además, editó cinco discos: Percusión, Viejos Dioses, Muñequitos del tambor, Raíces y Banda Fantasma.
Buira además fue baterista de Vicentico durante doce años, participó en casi cien discos ajenos y, en 2016, lanzó su álbum solista Quilombo.