La decisión de Jorge Luis Borges de ser enterrado en Suiza no fue extraña pues en su momento calificó a la nación europea como su segunda patria e incluso pasó parte de su niñez ahí.
En la lápida de Jorge Luis Borges se leen varias inscripciones entre ellas: “Y que no temieran”, en anglosajón. “El tomó la espada, Gram, y la colocó entre ellos desenvainada”, del capítulo veintisiete de la Saga Volsunga y una i tercera inscripción que se presume es una dedicatoria de su mujer que reza: De Ulrrica a Javier Otálora. La lápida fue diseñada por el escultor argentino Eduardo Longato, es de piedra blanca y áspera.
Hace unos años se iniciaron gestiones para trasladar los restos de Borges al cementerio de Recoleta pero su viuda María Kodama se negó rotundamente por lo que el proyecto fue desechado.